Concatenamos tres episodios que hemos padecido integrantes de nuestro staff en los últimos diez días, ya sea como víctimas, testigos directos o indirectos de hechos delictivos y/o de neta violencia social en las calles que transitamos en lo cotidiano.
Caso 1: El recurrente drama del motociclista robado
Días atrás, alrededor de las 18:15 a mitad de semana, esto es: plena luminosidad al atardecer en un área sumamente transitada, sobre el cruce de las calles Azcuénaga e Independencia, a escasos 200 metros de la estación Morón, alguien muy cercano a quien redacta, se disponía a salir de su vivienda para dirigirse al supermercado más cercano. Antes de abrir la puerta de acceso al edificio de departamentos donde habita junto a su familia, observó junto a otros atónitos peatones que cruzaban por esa esquina, cómo dos masculinos de apariencia joven, arriba de una motocicleta, encerraron a otro motociclista que pasaba por ahí, lograron abordarlo y sin mayores miramientos, a punta de pistola le arrebataron el rodado, y se alejaron a toda velocidad rumbo al túnel de Azcuénaga – French, acaso con destino a la nada misma.
El desasosiego colmado de impotencia del motoquero asaltado por vías harto violentas era notoria, tal es así que demoró algunos minutos antes de emprender su marcha a pie hacia algún destino. Su imagen se disipó en la nebulosa de ciudadanos absortos en sus dramas individuales, que deambulan caóticamente por los alrededores de la estación del FFCC Sarmiento en plena hora pico.
La sensación, comprobada en la praxis diaria, es que estas situaciones seguirán sucediendo, acá y en cualquier otra región, me animo a afirmar, de toda área metropolitana dentro del territorio nacional.
Caso 2: El pretendido “cowboy” de la rutilante 4×4
Esta historia tuvo al director de este medio como actor de último reparto, en el rol de pasajero del colectivo de la línea 395, volviendo desde Ituzaingó a Morón, el martes de la semana pasada.
Se trataba de un viaje absolutamente estandarizado, con el consabido problema de las demoras por exceso de tráfico sobre calle Arias a media tarde en día tanto laboral como al filo del horario de salida de las escuelas. Demasiado angosta en su trazado para el volumen de tránsito que debe soportar en la actualidad, la cuestión se agrava un poco más, si cabe, al llegar a la cuadra previa a la barrera que distribuye el tránsito, tanto para cruzar de Castelar norte a sur al costado de la estación, como para quienes buscan continuar bordeando las vías o doblar a la izquierda por calle Avellaneda. Esto era lo que pretendía efectuar el chofer del 395 de acuerdo a su habitual rutina. Pero como había una fila más o menos prolongada de automóviles esperando cruzar la barrera, no logró maniobrar todo lo necesario como para doblar y retomar la mencionada Avellaneda; suavemente, intentó dar marcha atrás para acomodar el amplio rodado y realizar una segunda y pretendidamente triunfal maniobra de giro, pero se ve que estaría a punto de “tocar” a una amplia “nave” negra, un modelo 4×4 de alta gama, que esperaba en la doble fila para cruzar la barrera.
El conductor del vehículo Premium comenzó a gritar un sinfín de improperios desde su ventanilla ya baja… el colectivo detuvo su maniobra, pero no conforme con ello, el conductor de la 4×4 se bajó y fue hasta la puerta del 395 a prepotear brutalmente al chofer. Testigos varios, pasajeros en particular, comprobamos que la única respuesta del colectivero fue mirarlo con severidad, en total silencio, mientras el otro lo insultaba. Suficiente “reacción” para que el automovilista Premium renegara de que el colectivero, aka “negro-de-mierda” lo mirara “mal” y comenzó a desafiarlo a que se baje y dirimir sus supuestas diferencias en un “mano a mano”. Como el colectivero no le respondía, el desaforado comenzó a patearle algunas veces el chasis, y escudándose en que llevaba a sus hijos arriba de la 4×4, lo desafiaba no obstante, a que se baje del colectivo. Bocinazos varios para enrarecer aún más la bizarra situación.
La solución llegó en forma colectiva y sin diplomacia alguna. Dos hombres que viajaban con sendas compañeras e hijos bebés arriba del 395, asomaron por sus ventanillas y les reclamaron al desaforado hombre Premium que ellos también viajaban con sus hijos, que se dejara de “joder” y terminara con ese show. El hombre de la 4×4 no se amilanó, siguió desafiando al colectivero y tuvo la audacia de responderle a aquellos pasajeros ya encrespados “sí, pero nosotros viajamos en camioneta, ustedes arriba de un colectivo”… golpe de escena: los dos jóvenes le dijeron, sin más rodeos: “O te subís a tu autito de mierda y seguís viaje, o te aseguramos que acá nos bajamos todos y te rompemos bien la cabeza”. Tras cartón, exhortaron en buenos términos al chofer para que retomara su recorrido. Así las cosas, el desenlace feliz llegó bajo amenazas. El hombre Premium se subió a su nave en total silencio, y cruzó las vías… el 395 pudo doblar por Avellaneda y culminar pacíficamente su recorrido. Los pasajeros llegamos sin problemas a nuestros respectivos destinos. Pero a todos nos quedó la íntima convicción… de que similares situaciones van a seguir sucediendo.
Caso 3: El loco que destroza un auto ajeno
Esto sucedió ayer, jueves 4 de septiembre. Un ciudadano también del ámbito local, volvía de dejar a sus hijas en la escuela. Ya en su hogar, realizó algunas labores menores y cuando estaba por volver a salir, se encontró con un hombre dentro de su auto.
De reflejos rápidos, llamó a “Ojos en Alerta” y también tuvo acceso a la rápida gestión del titular del área de Seguridad distrital, así como un pronto arribo de efectivos policiales. Reducido, se verificó que el hombre que se encontraba usurpando el automóvil de la víctima, portaba un arma blanca, un cuchillo para ser más explícito, y aparentemente venía acompañado de complejidades en su salud mental. El interior del automóvil quedó completamente revuelto y el tablero destruido, las luces rotas… y la tensión nerviosa del vecino, por las nubes como es de suponer.
Este caso afecta también a un integrante del staff de nuestro semanario, por lo cual el involucrado añadió algunos conceptos a modo de reflexión que intenta trascender al caso puntual rumbo a una problemática más general. “Esto es parte de una sociedad rota, donde se destruyó a la política, con una economía también destruida y una sociedad a la que se le hizo perder sus valores, nos quedan los retazos de lo que fuimos apenas tiempo atrás. Lo más peligroso es que todo esto emana desde arriba, desde los mensajes harto violentos que esgrime el propio gobierno a diario, y que hacen profunda mella en personas más proclives a incorporar, por las razones que sean, esta clase de discursos. Y sus reacciones pueden ser tan aterradoras como imprevisibles”.
Como corolario y tras mantener una breve conversación telefónica, ambos comprendimos que, al igual que en los dos primeros relatos, situaciones tan dramáticas y a la vez inauditas como las narradas… van a seguir sucediendo.


Buena crónica de Daniel Fabián Chaves.
El periodista zurdo ahora muestra sensibilidad por los temas de inseguridad… Seguro era de los que bailaba en una pata cuando los kukas liberaban delincuentes con el batayon militante, no?
Disculpame Raquel, libre de Kukas, pero los que liberan delincuentes son los jueces, a quienes no se puede acusar de kukas, porque son justamente lo contrario.