Cual cuadro de época en la que el sistema público de salud en todos sus niveles, chapotea contra la feroz corriente de desfinanciamiento que, en escala piramidal descendente, se multiplica desde nación y va erosionando y atravesando los planos provincial y municipales, el nosocomio local ha suspendido toda asignación de turnos hasta fin de año.
La mala nueva se presentó abruptamente días atrás, ante la habitual fila de ciudadanos que aguardan desde muy temprano –en casos, desde horas de la madrugada sin distingo de diversas inclemencias climáticas-. Un empleado tuvo en “suerte” la tarea de salir a la vereda y anunciar que no se darían nuevos turnos por tiempo indeterminado.
Como era de esperar, el malestar brotó de inmediato, lo cual incluyó algunos reclamos elementales, como el haber informado con anterioridad colocando un cartel aclaratorio al frente de los accesos al hospital.
Recordemos que el “Ostaciana B. de Lavignolle” es una institución pública reconocida por su atención de calidad para vecinos y vecinas de numerosas regiones del conurbano oeste bonaerense, y no sólo del ámbito de Morón. Algunas veces escasos en insumos, su personal brinda lo mejor de sus conocimientos, y por ello mismo no es casual que asistan allí personas también de Merlo, La Matanza, Ituzaingó… y acaso más allá también.
Alguien de la zona le dijo a este medio “Esas personas sienten como si el municipio les hubiera soltado la mano. El último hospital de zona oeste que funcionaba bien, ahora ya no lo hace”.
Como esperable y lamentable consecuencia de esta decisión institucional, se vivieron escenas rayanas en el dramatismo, propias del tiempo en que nos han metido desde muy arriba… tan arriba que asciende hasta esferas dirigenciales demasiado por encima de nuestro propio territorio nacional. Ante lo cual urge remarcarlo siempre, una apreciable porción de la ciudadanía ha decidido optar por esa senda, y siente absoluta indiferencia por la tragedia de sus compatriotas más empobrecidos.
Como contracara que conforma el cuadro harto inquietante que ejerce como telón de fondo para esta realidad, sabido es que el personal del hospital de Morón está muy mal remunerado, a esta altura ya escasean los insumos, hay serias dificultades para adquirir reactivos para la demanda de análisis clínicos. Se venían reformulando turnos por constante cambio de profesionales médicos… lo cual deriva en un combo explosivo que las personas, en lo inmediato, sólo pueden sortear “por arriba” esto es, yendo a atenderse a sistemas de salud privada si es que pueden costear los gastos, esperar a que la tormenta amaine (si es que…) o resistir malamente mientras sus cuadros de enfermedad degradan la calidad de vida más o menos rápidamente, en muchos casos, hasta desencadenar finales trágicos que en otros contextos, serían totalmente evitables.
El futuro ya llegó, y es el que los de arriba esperaban.
Cuando muchos hablan de construir en Argentina el “modelo Perú”, es exactamente esto a lo que refieren, sólo que el grueso de los grandes y medianos multimedios –engordados a base de enormes pautas oficiales… y de las que suelen circular por debajo de escritorios- deliberadamente ocultan o deciden no ahondar en preguntas a funcionarios.
El sistema público de salud ya está explotado. Y el hospital municipal “Ostaciana b. de Lavignolle” de Morón no ha podido escapar a la ola destructora. Los médicos se van, los trabajadores reclaman con absoluta justicia por sus magros salarios, los turnos se ralentizan… y el aquelarre apenas comienza a mostrar su peor rostro.
Un vecino conversó con quien firma estas líneas en la esquina de Córdoba y Balcarce, y también se quejó de la falta de información adecuada. Cito a Juan Carlos, de 69 años, vecino del barrio y aparente paciente del sanatorio: “No todos saben que el hospital está dividido en dos, la parte central acá en Córdoba y Monte, y los consultorios externos en Uruguay y Pellegrini. La desinformación que tiene la gente es monumental, incluido parte del personal municipal, que desconocen qué se hace y qué no en cada lugar. De este modo, podés ver cómo los pacientes deambulan sin ton ni son de una dirección a la otra”. Escena kafkiana como pocas.
La medida de suspender turnos hasta enero, en resumidas palabras, se justifica en la falta de personal médico. Las renuncias se deben mayormente a los bajos salarios y cansados de las dificultades estructurales antes mencionadas, mientras otros se encuentran de vacaciones.
Se concatenan numerosas problemáticas que incluyen la no culminación de las obras e instalación del tan anunciado tomógrafo (en este medio también nos ocupamos, meses atrás, de anunciar los avances de tales obras, por lo cual lamentamos profundamente y nos inquietamos por su no culminación, al menos hasta la fecha) así como reclamos, pedidos de informes desde bancadas de concejales opositores al Ejecutivo local, y pintadas de índole sindical que rápidamente salieron a ser tapadas, por reclamos varios hacia diversos niveles de autoridad distrital.
Pareciera que todos los condimentos para comenzar a revolver un gran guiso fermentado de problemáticas está listo… pero no se vislumbra quién llevará a buen término ese variopinto de ingredientes con un notorio exceso de picantes.
Y mientras tanto… el compatriota de a pie, en el medio del batifondo, cada día con una desventaja más sobre sus espaldas.




Y eso que lo peor no pasó aún. La gente no tiene la menor idea de lo que va a suceder aquí y los que apoyaron votando el modelo neoliberal salvaje, no sólo van a sufrir ellos y sus descendientes, si no que van a quedar colgados de la brocha.