Venimos de derrota en derrota en la batalla cultural, pero no nos han vencido. No ocurre solo en nuestra sociedad, sino que está sucediendo en amplios rincones del planeta.
Muchos prefieren «vivir en Narnia», abstraerse de la realidad, viviendo en una fantasía o desconectados de los problemas reales. Narnia es ese mundo donde el tiempo transcurre diferente a la Tierra, y fue creado por el escritor y apologista cristiano anglicano, el medievalista británico Clive Staples Lewis.
Multitudes han sido convencidos aquí, con la repetición o bombardeo constante de ciertos mensajes, como, por ejemplo, la conveniencia de vender tierras a extranjeros o la negación de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. Mensajes que se amplifican y personalizan gracias a las redes sociales, por “la frecuentación masiva” que poseen y la personalización de dicho mensaje. Es la época que brilla de forma opaca por ahistoricidad y cipayismo sembrados… ¡Pero aquí seguimos estando!
No hay que dejar que nos sigan robando el espíritu, nuestro alma. Malvinas debe crecer desde ese lugar y ayudarnos a salir del letargo pese a la perorata desmalvinizadora.
Es sabido, aunque quedó algo desdibujado en el tiempo, que la desmalvinización fue concebida tiempo antes de finalizar la guerra. El ocultamiento en que regresaron nuestros soldados al continente y los sucesos de Puerto Madryn, donde la multitud logró romper el cerco que impedía el contacto de los veteranos con el pueblo, así lo muestran.
La conducción cívico-militar la generó, y luego la reprodujeron las elites comprometidas con aquel régimen. La desmalvinización fue resignificada con la recuperación de las instituciones democráticas. Su objetivo principal fue circunscribir la guerra a un episodio aislado y descontextualizarla de sus antecedentes históricos.
Como siempre ocurre con los sucesos nacionales, se los desvalorizó concienzudamente. Amplios sectores intelectuales a los que se sumaron varios medios locales contextualizaron la derrota como el triunfo de la “democracia” (europea) sobre la dictadura. Rescatando la dicotomía histórica entre “civilización o barbarie”.
Algunos de los aspectos que sirvieron para asentar el discurso desmalvinizador:
1.- El ocultamiento del altísimo valor estratégico y geopolítico de los territorios ilegalmente ocupados.
2.- Se desconoció el protagonismo de nuestros soldados a partir de su victimización sostenida.
3.- Se ocultaron acontecimientos épicos que protagonizaron las tropas argentinas, lo que llevó a negar la condición de héroes a nuestros caídos, y a los combatientes que adoptaron conductas extraordinarias durante el conflicto.
4.- La deshistorización del conflicto por Malvinas y el ocultamiento de la existencia de relaciones bilaterales desiguales entre ambos Estados.
5.- Tergiversar esta reivindicación nacional histórica de más de 170 años contra una de las potencias coloniales más crueles y agresivas de los últimos 3 siglos”.
Al margen de quienes desmalvinizan por omisión creo que no son “casualidades permanentes” el que aparezcan cada tanto cómplices políticos del establishment con frases grandilocuentes desvalorizando a las Islas Malvinas.
Así fue que apareció fiel a su ideología de ajuste, el político empresario Mauricio Macri señalaba que «al Tesoro de Inglaterra le cuesta bastante plata por año mantener las Malvinas» por lo que, de recuperarlas, «las Malvinas serían un déficit adicional para el país”.
O en aquel mes de abril durante el COVID cuando Patricia Bullrich, afirmó: “Pfizer no pidió los hielos continentales, ni las Islas Malvinas; bueno, las Islas Malvinas se las podríamos haber dado” en una nota televisiva en el canal “La Nación +”. Aunque luego, ese mismo día se rectificó y afirmó: “Ratifico mi posición a favor de nuestra completa soberanía sobre las Islas Malvinas”.
O el actual presidente, Javier Milei quien mientras decía “Estoy pensando en recuperar Malvinas, pero es un proceso largo”, mediante Resolución 4/2026 de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación intervino el Puerto de Ushuaia, para sacarle el Manejo al Gobierno Provincial que se opone a la instalación de la Base yanki. De modo tal, que ahora los estadounidenses, mediante títeres colocados por nación, pueden administrar el principal puerto de ingreso a la Antártida y controlar la misma. Asimismo, un avión oficial con políticos gringos llegó a Ushuaia y se reunió con investigadores locales, para conocer los Recursos Estratégicos que hay en la Antártida Argentina.
No es casual la elección como aliados, aliados de él, no de la Patria. Designó a quien ha sido nuestro enemigo desde 1806 hasta hoy, Inglaterra. Además, de EE.UU. quién dejó de lado sus obligaciones en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que es un acuerdo netamente defensivo y facilitó sus satélites al enemigo durante la guerra. La realidad es que tiene un sentido geopolítico detrás, y que básicamente es por la proyección que busca el Reino Unido a partir de Malvinas en el Atlántico Sur y, sobre todo, en la Antártida”. La avanzada anglosajona está en marcha.
Mientras tanto, la hipocresía cipaya promete conducir al país hacia un futuro paradisíaco, aunque eso es algo irreal. No solo por el nefasto endeudamiento de tomar deuda para pagar deuda y fugar divisas. Ni tampoco es que mañana nos quitarán recursos: ya comenzaron, y lo están realizando, mientras hacen desaparecer nuestra soberanía.
Navitas Petroleum informó que en las aguas cercanas a Malvinas las reservas de petróleo ascienden a 917 millones de barriles. Esta compañía israelí se encarga de su extracción. Mientras el actual gobierno guardó siempre silencio, la empresa apeló a la Resolución de la Secretaría de Energía N°240/2022, que declaró ilegales las actividades desarrolladas en la Plataforma Continental Argentina. Lo siguen llevando adelante, gracias que obtuvieron una licencia ilegal británica a partir de las concesiones obtenidas por su socia, Rock Hopper Exploración. No podemos continuar así. Malvinas debe ser el ADN de nuestra liberación.
El Pensamiento Nacional pone especial énfasis en la respuesta y resistencia popular, al hacer hincapié en el rol que desempeña la cultura en la configuración de estrategias de resistencia que los pueblos periféricos motorizan para trazar su propio itinerario. Poco apoco fue surgiendo un discurso contrahegemónico malvinizador que fue “creciendo desde el pie”.
Y se inició desde el propio pueblo, construyendo monumentos, renombrando calles, escuelas o clubes; distinguiendo y resignificando a nuestros héroes. Es una manera de trazar futuro, algo que habrá que profundizar. No solo es la recuperación del sentido histórico por el que fueron a la guerra: además se continúa con su reconocimiento histórico, protagonizando una verdadera batalla cultural.
Y esa batalla cultural se debe ampliar hasta llegar a recuperar nuestra alma, el espíritu nacional argentino, para reencontrarnos juntos, unificados nuevamente en el derrotero de una gran Nación.
Tengamos siempre presentes a nuestros soldados. Memoria de quienes no volvieron luego de darlo todo. Y también a los veteranos supervivientes, que vivieron trauma físico y psicológico: pérdida de compañeros, exposición al mar y heridas, y secuelas persistentes (estrés postraumático, pesadillas). Que tuvieron que enfrentar estigmas y dificultades para reintegrarse: problemas laborales, familiares y con la salud mental; y que reciben reconocimiento variable según época y lugar.
Ellos lo dieron todo por la Patria. Comencemos a seguir su ejemplo para comenzar a reconstruirla.
Hoy estamos insertos en ese mapa bioceánico que nos señala desafíos y responsabilidades patrióticas. Hay que recuperar no solo Malvinas, sino también nuestra presencia marítima, ya que con la situación actual de saqueo nacional hasta estamos perdiendo presencia en donde alguna vez fuimos pioneros: la Antártida.
Unifiquemos la consigna, más allá de quien la esté utilizando hoy, que sea de todos y para todos, sin banderías partidarias: “¡La Patria no se Vende!”

