Catorce años atrás escribí este poema a los juguetes de Santino. Todavía vivíamos todos juntos y Lupe le pertenecía a los días del futuro. Es increíble lo rápido que nos vamos esfumando de esta geografía de tiempo y espacio.
Es que veo en tus juguetes
plástico de China
talleres trabajando sin parar
en el invierno
asiático
los rostros orientales
y las máquinas inyectoras
de la ciudad
más industrial del mundo.
Eso es lo que
veo
a veces
cuando vos no estás
y tus juguetes invaden nuestra casa.
Pienso que cruzaron el mar
en un container
sólo para acompañarte
en tu infancia latinoamericana
en el aburrimiento
de la siesta
de
este barrio.
Y son como un espejo
por donde el tiempo te mira
y después
pasa.

