No siempre los amplios anuncios de «gestión» van de la mano con pequeños dizque demoledores ejemplos prácticos de nuestra cotidianidad…
Viernes, sábado, domingo, lunes, martes de carnavales… cinco interminables días durante los cuales fui testigo presencial de un sinfín de frenazos, insultos, agravios y hasta empujones entre transeúntes y peatones en la intersección de las calles Ignacio Arieta y América, en el corazón de Villa Luzuriaga, partido de La Matanza.
A lo largo de todos esos días (no me consta si han sido reparados, al momento de elaborar esta nota de carácter entre anecdótico y denunciante) los semáforos que deberían brindar soluciones efectivas al tránsito han permanecido descompuestos, «clavados» uno en color rojo y el otro, en color verde. Para quienes no conocen esta área urbana, se trata de un cruce vehicular de a ratos muy numeroso y con varias líneas de colectivos que atraviesan esas calles salpicadas del amplio centro comercial de la coqueta zona arriba mencionada.
El milagro de la Providencia se encargó de trabajar a destajo a lo largo de estos 5 días, para evitar toda clase de accidentes, incluso potencialmente fatales, ya que muchos de quienes cruzaban, ya sea arriba de rodados o caminando, desconocían el estado de situación de los semáforos, lo cual ocasionaba constantes situaciones al límite de choques entre automóviles o bien entre uno de éstos y un peatón que se disponía a cruzar de una vereda a la otra.
Resultó tan patética la situación de corroborar cómo se concatenaban un día tras del otro sin la menor solución de tránsito (no pusieron en intermitente los semáforos, no hubo un agente de tránsito visible a lo largo de todo el fin de semana largo para amenguar la conflictividad de este asunto… y básicamente, la nada misma gobernó esas esquinas durante 96 horas… y más), que entendí como imposible omitirlo en nuestro medio.
De los viejos tiempos del «mejor que decir es hacer» pareciera que para unos cuantos, la nueva onda del verano 2026 sintoniza mejor con el «mejor que reparar, es vacacionar».

