No existen los salvadores políticos. Sí personas capaces de gestionar inteligentemente, administrar y distribuir recursos escasos, dado el nivel de miserabilidad de los dueños de un país que los enriquece, pero al que no quieren.
Hay seres humanos que mientras otros disfrutan de sus bienes, gran parte del día, fines de semanas y feriados, como responsables políticos trabajan, se reúnen y toman decisiones para mejorarle la vida a las mayorías que no pueden pagarlo, o para que rinda más el sueldo y tengan oportunidades que están siendo negadas por el nivel de vida que nos imponen los dueños de todo. A aquellos los llamamos dirigentes, y nos enorgullecen.
Gran parte de nuestra sociedad, “quemada” por la pandemia y las pantallas, han decidido darle el gobierno a un experimento de los grandes empresarios más concentrados. Seres codiciosos e ineficaces de este rincón de la injusticia.
Por otro lado, el peronismo, diseñado en sus orígenes para cambiar la distribución de la riqueza y construir un país fuerte y desarrollado, luego de perder por la masacre de una generación en la dictadura, sufrió la compra de una parte de sus cuadros sobrevivientes con el menemismo.
No es casual que los que protagonizaron una larga década de crecimiento y garantizaran un poco de reparto, fuesen sobrevivientes de los márgenes del territorio.
El internismo y la falta de orgánica eficaz, logró sembrar de personalismos y agrupamientos provisorios que no superan la mera búsqueda de “lotear” ministerios, contratos varios y espacios de gobierno.
La persona más lúcida en términos de visión internacional y de los grandes problemas está amenazada, fue asediada por los jueces del poder, atacada por todos los medios de los poderosos, y con la honra enlodada por la mentira cotidiana en la conciencia de los que se beneficiaron con sus decisiones.
Todo ello sin abundar en la caracterización de intendentes capaces y honestos, de gobernadores jóvenes o experimentados, legisladores expertos en negociaciones e iniciativas, tenemos desde el campo popular miles de políticos y políticas cuyo nivel intelectual y potencialidades superan la media de los buitres que operan en esas sociedades de responsabilidad limitada, llamados partidos de derecha.
Ya es un lugar común de lo que significa el “éxito”: disfrutar de lo que los ricos y famosos hacen naturalmente, con iguales y no pocas veces, dudosos orígenes. Eso sí, con el aplauso de los canales y medios que envenenan la media cultural de gente que prefiere mirar un formato de “Reality” agotado hace años, antes que enterarse de ninguna temática que comprometa su conciencia.
Así las cosas, nos convertimos en una tierra de nadie, en la que se pierden a veces, incluso no pocos de nuestros responsables.
Pero hoy estamos aquí, sufriendo los ataques de una política desquiciada que nos hará todos los perjuicios y someterá a los sacrificios “necesarios” para entregarnos de pies y manos a ser una colonia de tercera del área dólar.
Las protestas espontáneas hallaron un canal potenciado en el paro y movilización del 24 de enero. Luego iniciaron el fuego los que defienden a los trabajadores por sectores, mal que les pese a los que repiten como robots las consignas de sus patronales en redes.
Trabajadores de sanidad, pilotos, estatales, docentes, ferroviarios… comienza la temporada de luchas sectoriales ante un gobierno que no escuchará, pero “tomará nota”.
Falta aún el fuego graneado de los movimientos sociales y una nueva concentración potenciada de la protesta por la CGT.
Las multisectoriales demostraron que crece el consenso de buscar una salida a estas políticas desde lo local.
Entre los gobernadores atacados por el corte de fondos, se vislumbra una liga o “montonera federal”. Lo único que sofrena caballos es el carpetazo, especialidad de los “corleones y barsinis” habitantes de las cuevas no dinamitadas por nuestro anterior gobierno.
La síntesis política también requiere de nuevos protagonistas, probados en la experiencia de gestión, que sepan posicionarse por encima de las internas y negocios particulares, sumando al pilar fundamental del movimiento obrero organizado y el peronismo, con todas las columnas y sectores productivos que rechacen al anarcocapitalista y al neoliberal por igual.
En ese proceso, construir un programa de salida de la crisis es fundamental. La respuesta a cómo se garantizará, con qué iniciativas, la vivienda para millones, la escuela y el hospital de calidad social, las jubilaciones suficientes con transporte/medicamento/viajes y otros etc. a resolver. Cómo enfrentar la deuda con la fuerza de un país en un momento de debilidad del imperio… son ejes de gran envergadura a debatir y hallar consensos para avanzar programáticamente.
Tenemos que pensar y organizar a la larga decena de millones de “sueltos”, sin sindicato ni ganas de superar el individualismo, pero con las mismas miserias de desempleo, precariedad, falta de futuro inmediato, sin capacitación laboral, entre otras carencias que unen desde lo concreto. Ser capaces de hacerles levantar la cabeza de la pantallita para que se reconozcan parte de algo más grande y esperanzador. Reconstruir lo común desde las necesidades comunitarias.
Los vamos a encontrar en las ollas populares, y es posible que en la calle protestando por sus ilusiones defraudadas. Ese es nuestro terreno de siembra de presentes.



