Los japoneses tienen un principio rector de la vida de un guerrero: Makoto (sinceridad absoluta). “Cuando un samurái dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de ‘dar su palabra’. No ha de ‘prometer’: Hablar y hacer son la misma acción.

Entre los militantes de todas las fuerzas organizadas esto es una regla clave, que eleva a los referentes a un lugar de respeto y conducción fundada.

Grandes mujeres y hombres de nuestra historia construyeron su dignidad y honor (en el sentido de la responsabilidad colectiva) basados en ese principio moral.

Pero vivimos en un país con el nombre de las minas de plata que quedaron en otro. Que llamó colonización a la destrucción sistemática de quienes vivieron antes por aquí. Que le creyó a quien dijo “libertad”, cuando quería decir descontrol de los poderosos. Es como si…

Es curioso en estos días, tomar un ejemplo, por el endiosamiento de la propiedad privada, entre otras mentiras hechas a mano, cuando incluso la Constitución del 49 hablaba de la prevalencia de la propiedad social, cuando el catolicismo plantea el bien común antes que la codicia como pilar de la comunidad.

Desconozco si en alguna ley natural, física o divina esté escrito que algo te pertenece más allá de la tumba, desde y para siempre.

Nos rige un Presidente que insulta y amenaza a mansalva a quienes no comparten su particular visión de la realidad.

Estamos constituidos por un electorado que, mayoritariamente, no creía posible que todo lo que dijo Milei en campaña fuera posible de aplicar. Mayoría del electorado al cual convencieron, apelando a achicar supuestamente los privilegios de una clase de políticos, pero que luego en sus primeros 100 días de gestión, el gobierno descarga sobre el conjunto de la población una devaluación que achica salarios y lleva a los codiciosos de siempre a aumentar todo lo que se pueda vender.

Contamos con una clase dominante que prefiere destruir las políticas que los hacen ganar más, con más estabilidad y consenso, apostando a otro que destruye el mercado interno y les quita posibilidades de asociarse al mundo emergente. Que entrega a sus consumidores a la competencia de otros mercados.

Y también contamos con Gobernadores que un día, ante el desfinanciamiento del gobierno nacional, se convierten en “incendiarios”, y al otro día, cuando el dinero llega, se suman al libreto de la “gobernabilidad”.

Diputados que dicen que quieren “colaborar” con el ajuste y que no los dejan, por torpeza, desidia o abierta incompetencia. Que negocian un no… a cambio de algo.

Vivimos en una sopa de indecencias legitimadas por los “me gusta” y “likes”, antes que la contrastación del decir y el hacer.

La coherencia es un tesoro que poca dirigencia pareciera estimar. Son los que resisten archivos y son inmunes a carpetazos. Si los buscás los verás, porque también están en el debate social de lo que hace falta para construir un país más justo. Y están en todos lados: en un sillón de diputado, senador o gobernador. Pero también en un sindicato, una sociedad de fomento o al frente de una cooperativa, en los miles de lugares en los que se puede ejercitar la correspondencia entre hablar y actuar en consecuencia.

Y quizás sea la tarea más difícil para cualquiera que acepte representar a sus iguales; cumplir con su palabra antes que nada y pese a todo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *