El hombre se encapricha por mandar a todo un país a una, dos guerras lejanas, o cuanta imposición le llegue desde los despachos de la OTAN, el FMI y algunas usinas políticas norteamericanas, británicas o israelitas que, contra lo que muchos podríamos conjeturar racionalmente, en este mundo cada vez más irracional, no están tan cerca del buró del partido Republicano, y tienen intersticios e intensas ligazones con el ala gubernamental de los autodenominados demócratas.

Aunque ni siquiera un escenario que avizora tamañas calamidades debiera ser de una ocupación central para quienes intentamos a los ponchazos sostener un medio auténticamente independiente en épocas de crisis económica de una magnitud como rara vez se ha vivido en nuestro país, mal que nos pese, debemos reseñar algunas líneas de esto que nos pasa. De lo que nos toca transitar como pueblo trabajador, ya de desde allí escribimos, pensamos y sentimos a diario.

Acaso como golpe letal a toda resistencia ciudadana frente al embate desquiciado e inhumano de tarifazos, deterioro salarial, transferencia de activos a pocas manos y denigración social a escala nunca antes vista en nuestro territorio nacional, la hipótesis que por estas horas desespera Milei en persona por introducir en la realidad argentina, implica tomar parte muy activa tanto en una eventual guerra cuasi fratricida con marcados ribetes interreligiosos propios de la antigüedad de la historia de la civilización, entre Israel e Irán, y tras de ellos, otros países de la región y la pesada bota de la OTAN siempre protegiendo a la pequeña potencia pretendidamente imperialista y expansionista del cercano oriente.

No conforme con ello, se ilusiona en comprometer mucho más que simbólicamente a la República Argentina en el conflicto bélico de nunca acabar -billetera finita de occidente mediante- entre Ucrania y la Federación Rusa.

Mientras tanto, las discusiones más propias de alcobas de realezas del período barroco, parecen subyugar el escaso tiempo de aparición pública de algunos referentes de más o menos relevancia al interior del campo opositor, entendido éste como un todo que jamás será, probablemente ni siquiera ante el último estertor de la patria antes de caer en el fango de una gradual disolución de hecho. Los enconos y el contarse costillas de unos a otros, parecieran que seguirán prevaleciendo ante la urgencia máxima que la hora nacional reclama.

La condición para la existencia de mucho más que la mitad de la población de nuestro país, se vuelve inhumana, tal como señaló el Premio Nóbel Adolfo Pérez Esquivel en entrevista para la emisora AM 750, cuando aseveró que (Javier Milei) «»En lugar de trabajar para la paz, está buscando involucrarse y compra 24 aviones de guerra. No hay plata, pero para una guerra sí», y con todo su bagaje de experiencia en estas cuestiones tanto nacionales como a escala internacional, el reporteado añadió una sentencia poco menos que irrefutable, respecto al primer mandatario argentino: «Toma actitudes en contra de la humanidad».

Si ya el clima coyuntural se iba tensando hasta extremos insondables, frente a la tolerancia, apatía y/o connivencia de diversas franjas de la oposición, en su conjunto muy mayoritarias dentro de quienes resisten, o dicen hacerlo, a las políticas antipopulares que pergeña y aplica sin mayores miramientos el gobierno libertario, esta eventualidad de situar al país en una posición de vergüenza nacional histórica, deshonrando uno de nuestros mayores orgullos que ha sido la tradición democrática, neutralista y pacifista en el tablero internacional, nos coloca con un pie y medio en un abismo interno.

Todo compromiso bélico demanda obscenas sumas de dinero. Ese mismo que se le niega a los jubilados para completar la compra de sus medicamentos, o que se le retacea con morboso placer a esas maravillosas matronas de barrio indestructibles que preparan los comedores populares para miles de seres humanos, con absoluto compromiso de solidaridad, caridad y amor al prójimo. Es ese mismo dinero que se le niega homologar a las paritarias de los trabajadores registrados y sindicalizados. Es ese mismo dinero que se le niega a todos los niveles de la educación pública, desde jardín de infantes hasta universidades, y a todo el ámbito del desarrollo científico nacional.

Mientras tanto, ya está pautada una gran marcha federal universitaria para la semana próxima, con un importante acompañamiento de la CGT y la CTA. Otra gran movilización prevista para el 1º de mayo como hace muchos años no se realizaba, y todo ello coronando en lo que será un tremendo paro nacional el próximo 9 de mayo.

Pero la celeridad con la que el actual gobierno desencadena y sumerge a todo un país en decisiones que impiden hacer alarde de objetividad periodística, y nos obligan a adjetivar, como nefasto, demencial y potencialmente criminal de cara a los intereses concretos del pueblo trabajador, van demasiado rápido para obtener respuestas inmediatas y organizadas de la población resistente.

Frente al deliberado y ponzoñoso silencio del Poder Judicial en temas que hacen a la vida misma del conjunto de los habitantes de este territorio que aún se dice una nación, y el encubrimiento que aún perdura entre buena parte de los «formadores de opinión» de los grandes multimedios, el camino inmediato luce plagado de oscuridades, angustia y mucho dolor para todo aquel compatriota laburante y que no tuvo en suerte nacer en cuna de oro de las familias más acomodadas, que se enriquecen a mansalva en este orden de las cosas.

En algunos casos solicitar resistencia más o menos activa, es mucho pedir, cuando el hambre más urgente ya está instalado de manera desesperante en las vidas de esos hermanos y hermanas de bandera celeste y blanca.

Lo peor de todo, si cabe un dejo circense a la situación, es que detrás de esas apariencias omnímodas y signadas por fanatismos religiosos de muy dudoso origen, esos actores esconden lo peor de ellos, como aquella escena histórica de la película de Alan Parker «The Wall» cuando el maestro profundamente represor, volvía a su casa por las noches y desnudaba la miseria y pequeñez que realmente era frente a alguien más poderoso que él.

Quienes se atreven a lastimar y bravuconear frente al dolor del pueblo argentino, exponen todo su patetismo al desnudo, delante de los poderosos de la tierra. Hoy nos cubren de vergüenza. Mañana, cuando el temblor se acabe, apenas serán un horroroso recuerdo más propio del «pombero» en algún viejo sainete criollo.

Bonus track musical

Y les dejamos de «bonus track» la letra de este tema del disco The Wall, de Pink Floyd, traducido a un castellano rioplatense, para que hagan el ejercicio de trasladar esas mentalidades autoritarias en quienes toman decisiones que atañen seriamente al desarrollo de nuestras vidas, y el hondo patetismo que suelen ocultar bajo sus propios maquillajes de ocasión

Los días más felices de nuestras vidas

«Cuando crecimos y fuimos a la escuela

había ciertos maestros que lastimaban

a los niños de cualquier forma que pudieran

Derramando sus burlas sobre cualquier cosa que hiciéramos

Y exponiendo cada debilidad

Por muy cuidadosamente que la ocultaran los niños

Pero en el pueblo era bien sabido

Que cuando llegaban a casa por la noche,

sus esposas gordas y psicópatas

los golpeaban en cada pulgada

de sus vidas…

Un comentario en «La era de la insensatez»
  1. Gran artículo, Daniel. No cabe duda de que este gobierno siniestro crea los enemigos externos de la mano de la sionista tía Ebria. Tan cierto como que el pueblo argentino es el enemigo interno. Hambreados, reprimidos y ahora también carne de cañón. Y para terminar en mi estilo, me recontracago en la oposición.

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