En el artículo Nº 1 del decreto se afirma que: “Queda equiparada la administración de los Yacimientos Petrolíferos de la Nación, en cuanto a sus atribuciones y deberes administrativos, a la categoría de Dirección General, y en lo sucesivo se denominará: DIRECCIÓN GENERAL DE YACIMIENTOS PETROLÍFEROS FISCALES, dependiente del Ministerio de Agricultura”.

La creación de YPF fue una decisión que marcó el camino de la política energética argentina, sosteniendo la visión de Hipólito Yrigoyen del petróleo considerado como elemento estratégico para el país.

Hipólito Yrigoyen, designando al frente de la empresa nacional de hidrocarburos al General Enrique Mosconi, lo hizo en un contexto en el cual YPF recibió un monto inicial de ocho millones de pesos del gobierno nacional, y desde ese momento fue autosuficiente, financiándose a sí misma con las ganancias provenientes de la extracción de petróleo y, por supuesto, sin préstamos ni inversiones extranjeras.

Mosconi fue el principal impulsor de la empresa estatal, quien se proponía alcanzar el auto-abastecimiento de petróleo, vital para el desarrollo autónomo del país, promoviendo medidas tendientes a disminuir la competencia de empresas extranjeras.

El golpe de Estado de 1930 al presidente Yrigoyen tuvo entre otros propósitos impedir que el Senado Nacional aprobara la nacionalización del subsuelo y estatizara toda la actividad petrolera.

«No queda otro camino que el monopolio integral del Estado en todas las actividades de esta industria: la producción, la elaboración, el transporte y el comercio», según textuales palabras pronunciadas por Enrique Mosconi en 1928 en referencia al futuro de YPF.

La YPF le permitió a la Argentina, no solamente poseer un cierto grado de desarrollo energético y contribuir a la soberanía energética, sino que colaboró en buena parte del desarrollo del país, muy especialmente en la región patagónica.

Lamentablemente en los noventa se abandonaron las ideas y visión estratégica de un país con desarrollo propio, e YPF comenzó a transitar rumbos variables, muy lejos de los objetivos soñados por Yrigoyen, Alvear o Mosconi.

Al cumplirse un nuevo aniversario YPF, se encuentra nuevamente amenazada por los intereses Transnacionales y la falta de conciencia del Gobierno y los legisladores sobre el interés nacional y la soberanía energética.

Ojalá volvamos a soñar con una YPF como la soñaron en aquella etapa fundacional Hipólito Yrigoyen, Mosconi y Marcelo T de Alvear, pensada y proyectada como un instrumento de desarrollo, para que pueda contribuir a que el país vuelva a tener la grandeza con la que soñamos.

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