La nutrición de los suelos constituye una de las premisas fundamentales del paradigma agroecológico, dado que se relaciona con sus características físicas, biológicas y químicas. En este sentido, las propiedades químicas como la acidez, las físicas como la infiltración de agua y las biológicas como la cantidad de bacterias que contienen, se vinculan con la cantidad de materia orgánica que los suelos poseen.
En términos generales la materia orgánica está constituida por todo aquello que alguna vez vivió, los residuos de origen vegetal y el estiércol animal por ejemplo, los cuales son descompuestos, transformados, por bacterias, insectos, hongos en humus. El humus es un componente fundamental de los suelos, dado que determinan características como su porosidad, la infiltración, su capacidad de retención de agua. Ese humus luego es transformado por un grupo de bacterias específicas, en minerales, los cuales constituyen el alimento de las plantas.
Dado que los suelos, y las plantas, requieren al mismo tiempo del humus, para mantener las características, y de nutrientes para alimentarse, debemos abonar, incorporar materia orgánica de manera continua en el tiempo.
En esta nota queremos compartir las experiencias realizadas en la Escuela Popular de Agroecología (EPA), que desde CETAAR y RAPAL, animamos en la comunidad de Pontevedra (Merlo).
Abono compuesto
El abono compuesto, o compost, constituye una forma de aprovechar los residuos orgánicos generados en las actividades agrarias, industriales y aquellas vinculadas con nuestro consumo de alimentos.
En la EPA utilizamos para la confección del compost los siguientes materiales; pasto verde, residuos del cultivo de acelga, cáscaras de hortalizas, estiércol de ave (cama de ponedoras), hojas secas y abono orgánico ya descompuesto.
Estos materiales se fueron colocando en sucesivas capas, confeccionando una pila de un metro de altura. Al terminar, pusimos una capa de hojas secas y luego regamos. Los hongos, insectos, bacterias, protozoos contenidos en los materiales y en el suelo, descompondrán los residuos para obtener la energía que necesitan para vivir.
Los residuos vegetales
Durante el proceso de descomposición, tenemos que verificar que los materiales de la pila:
- Levanten temperatura
- Contengan adecuada cantidad de agua.
- Albergue una adecuada cantidad de aire
Para verificar esta situación debemos introducir la mano en la pila. Si los materiales están fríos, la pila no “levanta temperatura”, indica que los insectos microbios no están realizando el proceso de descomposición. En este caso podemos ayudarlos, colocando materiales ricos en nitrógeno, como pasto u hojas verdes, residuos de hortalizas, estiércol animal.
También debemos mezclar los materiales de la pila introduciendo aire, lo cual también favorece la vida de las bacterias, hongos e insectos.
Si los materiales están secos, hay que regar de manera homogénea toda la pila.
Podemos utilizar este abono a los dos a cuatro meses, cuando los materiales se han convertido en tierra y no reconocemos los materiales originarios. Si se hallan en la pila materiales sin descomponer, los podemos colocar en una nueva abonera.
Compartiendo ideas sobre el abono orgánico: Los abonos verdes
Los abonos verdes constituyen una adecuada alternativa para nutrir a los suelos de manera integral. El proceso se basa en la siembra de una, o más especies vegetales con destino a que crezcan para ser incorporados al suelo, como materia orgánica. Estos residuos vegetales serán descompuestos, transformados primero en humus, y luego en nutrientes minerales, aspecto que mejora las características físicas y nutricionales de los suelos.
Podemos utilizar como abono verde la siembra de especies como avena, centeno, vicia, y tréboles.
En el caso de la escuela popular de Agroecología realizamos los siguientes pasos:
- Preparamos el suelo de manera adecuada para recibir las semillas
- Sembramos al voleo avena
- Cubrimos las semillas con una capa de tierra de 5 centímetros
- Tapamos el suelo con una capa de hojas
- Regamos con gotas finas a fin de que el suelo no se apelmace, ni se encostre.
Preparando el suelo para sembrar abonos verdes
Luego de la siembra debemos verificar:
- La cantidad de semillas que germinan, de ser necesario volvemos a sembrar donde sea necesario.
- Regar, verificando las condiciones de humedad de los suelos.
- Cuando las plantas alcanzan los 60 a 80 centímetros cortamos las plantas, sus hojas, cañas, raíces, para luego incorporarlas al suelo con una azada.
- Dejamos que los residuos vegetales se trasformen.
- Cuando los materiales incorporados al suelo se descompusieron, podemos sembrar o trasplantar. En nuestro caso, vamos a trasplantar tomates en el mes de septiembre de este año.
El Bocashi
El bocashi constituye un alimento para las plantas de rápida disponibilidad y asimilación, aunque requiere un proceso de preparación. También con este abono incorporamos microorganismos al suelo.
En su elaboración utilizamos 14 Kg. de tierra abonada
10 Kg. de Estiércol animal
5 Kg. de Residuos vegetales secos con medio litro de Melaza
50 gramos de Levadura fresca 1, 5 Kg. de Cenizas
1, 5 Kg. de Carbón Molido
1 Kg de Afrechillo/ harina de maíz
En nuestra experiencia hicimos una pila sobre el suelo, dentro de un invernáculo, colocando:
- El abono orgánico sobre el estiércol animal, mezclando todo con palas.
- Colocamos los residuos vegetales sobre la mezcla anterior.
- Agregamos las cenizas y el carbón y seguimos mezclando.
- Agregamos el afrechillo o la harina de maíz.
- Disolvemos la melaza y la levadura en agua tibia, para luego agregarlo a la mezcla
- Seguimos mezclando.
- Agregamos agua hasta que toda la mezcla se halle bien húmeda (no inundada). Al tomar una muestra debemos poder formar un “chorizo” o bloque consistente, que no se desarma, ni chorrea agua.
- Tapamos la pila con un plástico negro.
- En el día de confección la pila debe alcanzar los 60 Grados de temperatura.
- Durante los dos primeros días hay que mezclar los materiales incluidos en la pila.
- Debemos verificar en los dos primeros días que la temperatura no sobrepase los 60 grados de temperatura. Si se calienta de más debemos mezclar todo de nuevo.
- Para elevar la temperatura podemos hacer la pila más alta y al revés, para reducir la temperatura hacemos pilas mas bajas
- A los 15 días, cuando la temperatura baje, se reduzca la humedad, y no reconozcamos los materiales de origen podemos utilizar el abono en la confección de almácigos o durante el trasplante o la siembra de vegetales.
En la escuela de agroecología hicimos tres tipos de abonos utilizando los materiales disponles, tres abonos que requieren un proceso de elaboración, luego de descomposición hasta su transformación primero en humus y luego en minerales.
En este sentido, mientras que algunos requieren espacio de nuestro predio, como los abonos verdes, en el caso de los abonos compuestos y el bocashi, los podemos confeccionar en espacios cercanos sin competir con nuestros cultivos. También debemos considerar que mientas que el bocashi brinda minerales de rápida asimilación, en el caso de los abonos verdes y el compost primero suministran humus, mejorando las características químicas, físicas y biológicas, que luego se trasformam en minerales.
Los alentamos a realizar sus propias experiencias familiares y comunitarias con los materiales y residuos existentes en su territorio, y así continuar compartiendo saberes y prácticas.






