A Aldous Huxley y su «Mundo feliz», uno que verdaderamente «La vio» hace casi 100 años

No es que mis habilidades para producir licores y mermeladas artesanales me hayan llevado al destino manifiesto de un emprendedurismo exitoso en el paraíso del capitalismo financiero fugador y saqueador, tal es actualmente esta mancillada República Argentina diseñada para muy pocos. Simplemente, con mi habitual ojo curioso y un andar cansino, siempre amigable, esta mañana le tocó el tiempo de recibir mi visita a uno de esos establecimientos.

Conozco a esas personas, y a esa agencia local desde hace algo más de 10 años. En términos generales, antikirchneristas convencidos, poco proclives hacia la derecha. De numerosas conversaciones anteriores, deduzco un moderado perfil socialdemócrata a la europea (con las luces y sombras que ello implica, claro está). Al fin y al cabo, un necesario marco conceptual para que el lector se sitúe y comprenda desde dónde se expresarán mis interlocutores.

Para mi sorpresa, hoy estaba completamente desierta. Esto es, una de las empleadas, sin saber qué hacer, y otras dos, sentadas literalmente mirando soñolientas a las pantallas de sus teléfonos celulares.

Resolví en el acto, que semejante escena, a la cual quien redacta jamás había visto en grado equivalente, al menos desde 2011 hasta el presente en dicho lugar, ameritaba omitir rodeos y bobas formalidades, y disparar la pregunta de rigor: “¿Cómo marchan las cosas para ustedes?”

La respuesta de la siempre muy afable señora, arreció como último acorde de un tango urgente y arrabalero:

“Esto es un desastre. En casi cuarenta años de trabajar en rubros relacionados con aspectos financieros, nunca vi algo igual. La gente no tiene dinero. No le busques vueltas ni excusas. No hay guita para la gente común” (sic)

Aprovechamos a conversar unos 20 minutos, luego se sumó la tercera empleada, y a lo largo de ese período cercano al mediodía en plena área central de Morón, no les ingresó nadie. Cero consultas. Cero llamados telefónicos. Un martillazo en la nuca para cualquier rubro comercial formal. Los transeúntes que pasan, las miradas hacia ningún lugar, y el evidente decrecimiento de bolsas con productos recién comprados, y mucho menos aún, semblantes alegres en la vía pública. ¿Especies en gradual vía de extinción?

“No creas que pasa sólo acá. Andá y consultá en otros rubros de comercio, o simplemente observá los locales, con los empleados mirándose a la cara, angustiados por no saber cuánto tiempo más conservarán sus laburos, ya de por sí mal pagos y siempre por debajo del salario establecido por convenio”, añadió la mayor de las empleadas.

Asentí. Busqué una salida prudentemente alegre para romper la tensión in crescendo en el humor de las tres trabajadoras y sus propias incertidumbres. Antes de irme para facilitarles el inicio de su almuerzo, la más experimentada –a quien desde antaño este redactor la bautizó su “gurú financiero” personal- añadió:

“Daniel, y si esto no fuera suficiente, observá cómo se incrementó la violencia en las calles, específicamente a lo largo del presente año. Y te digo con énfasis esto, porque no me refiero a los robos y hechos habituales de inseguridad, que existen. Me refiero a los vecinos comunes violentados y violentos, agrediéndose por nada entre ellos, desde los insultos hasta las trompadas en cuestión de segundos. Eso está ocurriendo por todas partes, y responde a cómo hace mella en las personas los discursos ultra violentos que nos imponen todos los días desde la Rosada hacia abajo”, cerró notoriamente demacrada y, acaso tratándose de una señora ya entrada en sus 70 y pico, resignada al oscuro devenir social y nacional.

Ese sórdido y plomizo sendero cuesta arriba, lleno de rocas y espinas, que ya se nos vienen cayendo sobre nuestras cabezas, destrozándolo todo y sin pedir permiso.

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