Es un hecho, infelizmente, verificable en cada uno de nuestros barrios. Contra toda estadística, siempre respetables, los hechos delictivos y de violencia callejera, constitutivos en una porción significativa de la ausencia de seguridad ciudadana en el andar cotidiano, existen, ocurren, a más de uno de nuestro público lector les ha tocado en suerte ser víctima en una o más ocasiones, y todos nos enteramos de robos, entraderas, o hechos de agresiones en la vía pública muy cerca de nuestras viviendas.
Esta vez la noticia llegó a los medios nacionales. Luego de diferentes sucesos delictivos en Villa Sarmiento, de los cuales hemos venido recibiendo numerosos testimonios durante los últimos meses, el asesinato de una señora de 90 años de edad, Beatriz Noemí Vacarezza, caló hondo en la sensibilidad de la comunidad. La torturaron y la mataron por $40.000 los canallas. Su hija la encontró atada con precintos a su cama.
Se siguen cruzando todos los límites más elementales para el respeto a la vida ajena, y en este caso, no satisfechos con lo que hubiera sido un robo “sencillo”, remataron a la anciana sin resistencia alguna, presuntamente en el marco de una entradera.
¿Qué más decir…? Para todo lo demás, existen las “personas inteligentes” que analizan sesudamente de un lado y el otro de las miradas políticas estas cuestiones aberrantes… mientras los crímenes continúan aconteciendo, y a la sociedad poco ya les importa lo que expresen funcionarios locales, policiales, provinciales o nacionales. En medio de la indignación y el temor que se acrecienta, sólo reclaman seguridad… a como dé lugar.
Sabemos que ese mensaje es harto peligroso también. Pero no podemos entrometernos como sabihondos a explicarles aquello de los necesarios proyectos a largo plazo. Las personas reclaman soluciones, aunque sean a los ponchazos y llenas de parches, aquí, y ahora. Porque la vida es hoy, y es legítimo el derecho a aprovecharla y disfrutarla.
Nuestros respetos, inundados de dolor humano y ciudadano, para los familiares de esta nueva víctima del accionar delictivo y criminal que, por cierto, no es intrínseco al municipio de Morón, sino que se expande como mancha voraz por todo el AMBA y otras grandes ciudades del territorio nacional.

