La crisis en la Escuela Secundaria N° 6 de Ituzaingó finalmente estalló este lunes y obligó a una intervención directa de las autoridades bonaerenses. Lo que comenzó como una sentada y un abrazo simbólico en la puerta del establecimiento terminó con el apartamiento de la directora Mariana Guil, cuestionada durante años por estudiantes, familias y docentes.

El conflicto acumulaba denuncias por restricciones a derechos básicos, como el uso del baño o el acceso al desayuno, hostigamiento laboral y un estilo de conducción descripto como “militar”. La reciente amenaza de un tiroteo actuó como disparador visible de un problema más profundo: una escuela que venía perdiendo matrícula y personal en medio de un clima deteriorado.

La intervención oficial incluyó inspectores de distintas áreas y equipos especializados que escucharon por separado a estudiantes, familias y docentes. “Tenían claro que esto no era solo por los tiroteos, sino por años de maltrato”, señaló a medios locales Paloma Figueroa Artaza , referente del Centro de Estudiantes, quien destacó la participación de unas 60 personas y calificó la jornada como “productiva”.

La respuesta fue inmediata: el equipo de inspección resolvió apartar a Guil. Aunque resta la comunicación formal, la medida ya fue confirmada y la escuela quedará bajo supervisión directa, con la vicedirectora a cargo de manera provisoria hasta la designación de una nueva autoridad por puntaje.

En paralelo, el gremio UDOCBA convocó a un paro de 24 horas en Ituzaingó tras un episodio de violencia que involucró a la propia directora y a una asistente social. Ambas fueron agredidas al acercarse al domicilio de un estudiante investigado por pintadas con amenazas; la madre del joven, además, habría amenazado con incendiar la vivienda de Guil. Sobre llovido, mojado.

La directora radicó la denuncia judicial y solicitó una restricción perimetral, mientras que desde el sindicato advirtieron sobre un escenario más amplio: “La violencia contra los docentes se está tornando cada vez más frecuente”. El caso expone no solo el final de una gestión duramente cuestionada, sino también el punto de ebullición de conflictos que durante años no encontraron respuesta. Y al menor chispazo, el agotamiento generalizado de unos y la confusión sistémica de otros en los tiempos que corren, terminan por configurar un escenario harto inquietante para el conjunto de la comunidad educativa.

Por c2002403

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