Iniciamos la nueva sección literaria huellera, a cargo del poeta local, Javier Ramponelli.
Es bien sabido: un poema es una composición literaria, en cambio la poesía está en cualquier lugar. Un amanecer, un auto o las piernas de Gisela pueden ser poesía, pero para que haya poema deben descargarse en un texto. Un poema siempre es una imperfección, una copia en VHS del HD de lo poético. El ideal platónico debe tener algo que ver con todo esto. Esta intro es una mera excusa para hablar de lo importante: La cuadrilla de trabajadores del desierto de Yibuti.
Hará cosa de 10 años atrás, mientras cuidaba a Santino, mi hijo que por ese entonces tenía 5 años y se divertía llenando de yogurt la pantalla de mi notebook, vi en un documental de la National Geographic una escena que me llamó la atención: una cuadrilla de municipales llegando en un camioncito destartalado a un sitio puntual del desierto de Yibuti para arreglar una grieta en la carretera. La voz en off contaba que esa grieta era una consecuencia directa de la falla geológica que terminaría separando el cuerno de África del resto del continente. Me pareció maravilloso que esa cuadrilla de trabajadores quisiera arreglar el asunto con un poco de cemento. Cuando algo me parece maravilloso quiero decir que me parece poético. Y a veces juego a envasar lo poético en un texto. Y eso hice, escribí uno de esos poemas a los que, como escritores, les tomamos una especie de cariño. Cada tanto, con el correr del tiempo, me pregunto por la suerte de aquella cuadrilla. Yo no rezo, pero si lo hiciera los recordaría en una oración nocturna al borde del sueño.
LA CUADRILLA DE YIBUTI
Esta cuadrilla
vuelve a reparar
la misma grieta
en la carretera del desierto
una y otra vez.
Tarea desmesurada
ya que la fisura
es una consecuencia
directa
de la falla geológica
que separará el cuerno de África del continente.
Pero esa obstinación
-tal vez humana
quizás sólo de la cuadrilla de Yibuti-
de querer pegar el planeta con cemento
me parece digna de
mención.

