Una vez más, compartimos uno de los contundentes análisis que brinda cada semana el médico sanitarista, Jorge Rachid. En este caso, referidos a la crisis financiera que se desata a escala global, y la situación de nuestro país -de la mano de las políticas que aplica el actual gobierno de Javier Milei- para afrontar esta etapa de cataclismos económicos y en el mundo de las finanzas de todo el planeta.
Es un mundo actualmente inestable, y Estados Unidos a través de su presidente Donald Trump, buscan recuperar su hegemonía perdida, e intenta reconstruir -en su locura- el Imperio.
Ello encuentra a nuestro país en la peor situación posible, de la mano de un Presidente que ni siquiera, en su delirio, puede expresar una idea patriótica como el resto de los países del mundo, que están levantando medidas proteccionistas para proteger sus soberanías, frente a una arremetida que busca reinstalar por la fuerza, esa hegemonía perdida por Estados Unidos en los últimos 25 años.
A todo esto, Argentina ofrece un gobierno lacayo, que mientras el mundo se protege, acá se abre; mientras el mundo se defiende, acá se entregan; mientras en el resto del mundo se reclama por mayores servicios sociales y de seguridad social dignas, acá se los masacra como a los jubilados, a los trabajadores y niños.
Es un escenario de una gravedad extrema, y que también cuenta entre sus actores a nuestro país y al FMI: Los fondos que intentan cobrarle a la Argentina su ya abultada deuda de la administración mafiosa de (Mauricio) Macri, y ahora la administración mafiosa y criminal de Milei, incluida la criptoestafa… esos fondos le están pidiendo al FMI que habilite esa cuota de crédito que reclama Argentina, porque es dinero que vendrá sólo para pagarle a esos acreedores de Fondos Buitre, que están esperando el botín como los caranchos al lado del cadáver yaciente de animales en el pavimento.
Esta es la Argentina que ha llevado Milei, ya prácticamente hacia su destrucción, con la complicidad de muchos sectores políticos, sociales, legislativos y la Corte Suprema.
Esto nos pone frente a un dilema crucial: ¿Vamos a ser testigos de la disgregación de nuestro país, o vamos a salir a pelear?
Respecto a la dirigencia del movimiento nacional popular, parece mucho más ocupada en acusar de traidores a quienes hoy defienden, como Axel Kicillof, la provincia de Buenos Aires de los embates de Milei.
Si no llegara a primar la cordura de un acuerdo general, será necesario encarar una etapa fundacional, una etapa nueva que deje atrás a los Insaurralde, a los Kueider… que deje atrás a los millonarios, a aquellos que han hecho perder valores y virtudes al conjunto del pueblo argentino.
Necesitaríamos que nuestra dirigencia esté totalmente absorbida en el plano internacional y en la defensa del patrimonio nacional, antes que en luchas caníbales e intestinas que ya nos tienen podrido a todos. ¡Nos tienen podridos a todos!
Por suerte, vislumbro en la juventud honesta, humilde, trabajadora y muy austera, comprometida y que se parece al pueblo que conduce, un futuro que muy pronto -porque Milei se va- nos va a dar respuestas.
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