Conversamos acerca de la situación de precariedad para el desarrollo científico y la seguridad de las políticas nacionales vinculadas tanto a la Antártida como a todo el Atlántico Sur, y en paralelo, la amplísima capacidad profesional potencialmente disponible en el caso de transformar el proyecto de país «sin tibiezas» y reconstruyendo una «épica nacional» no meramente declamativa, sino de duro trabajo integral en nuestros territorios del extremo sur, siempre en clave de fortalecimiento fraterno y de alianzas a escala sudamericana.

«Vivimos un año complicado en materia del conflicto de Antártida y Atlántico Sur«

«El actual gobierno tiene una posición pro británica, y se alía con todos los países que históricamente han votado en contra de Argentina respecto a la soberanía en las Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Además, tienen otra grave cuestión, y es que no saben, no poseen conocimiento y no les preocupa en absoluto lo que hacen. No leen la macropolítica, y por ende el rol que ocupan les queda demasiado grande», arremetió Mariano.

«El presidente dijo, y lo pongo entre comillas, ´los malvinenses tienen que votar por nosotros´. No es así. Es una población implantada que nada tiene que ver con ese lugar, y es una situación que ya viene de arrastre, desde el acuerdo Foradori – Duncan, que si bien Argentina lo denunció para que no siga adelante, produjo el daño porque se les dio a los británicos la oportunidad de tener aeropuertos alternativos incluso dentro del país, para vuelos comerciales. Ellos tienen en Malvinas un aeropuerto militar muy grande, y aterrizan en la Antártida, en la base Rothera, a algunos cientos de kilómetros de la base San Martín, al oeste de la península antártica. Ampliaron muchísimo la pista de aterrizaje y las facilidades portuarias para buques de gran calado. Lo mismo hicieron en Georgias. Ya comenzaron los vuelos comerciales desde Europa a Malvinas, y de Malvinas a la Antártida. Ya compiten con Ushuaia como puerta de entrada a la Antártida» advierte.

«Los británicos avanzan científica, logística y comercialmente sobre Antártida, además del petróleo, la pesca y lo que ya conocemos que explotan en esos mares» resume.

¿Petróleo en Antártida? Y la construcción de sentido británico en los medios internacionales«

«Los países dicen que no hacen prospección petrolera.. que hacen sísmica marina… lo que queda claro, es que siguen haciendo estas prácticas pero disfrazadas de otra cosa», arranca Memolli en referencia al informe ruso que expuso la presencia de reservas petrolíferas en la zona de la Antártida argentina. «Los británicos ya manejaban esa información con discreción… manejaron la noticia para que saliera en The Guardian y señalaron que ´los rusos dicen haber descubierto petróleo en el territorio antártico británico´. En ese contexto geopolítico, fue un empujoncito más contra Rusia y a la vez, dejan muy en claro aquello de que se trata de territorio antártico… británico».

«Los británicos están insuflando muchísimos recursos económicos en las redes sociales para instalar el concepto de que la Antártida son ellos, y disfrazan todo con la investigación científica. A la vez, la Federación Rusa no tenía por qué haber dicho eso; aclaremos algo clave: En temas de Antártida no son para nada leales a la Argentina, varias veces dijeron que jamás iban a reconocer nuestra soberanía en Antártida. No voy a defender una posición rusa cuando no tiene el menor sentido hacerlo. Y todo ello sólo representó un gran avance británico para posicionarse ante el mundo del modo que ellos pergeñaron en este tema», grafica, siempre elocuente y con la serenidad que le provee su amplísimo conocimiento en la temática.

Europa, siempre al acecho

«Hay una enorme avidez en los países del hemisferio norte por la Antártida. Hoy en día los países europeos son prácticamente la mitad entre aquellos que participan en al menos una reunión de los Foros del Tratado Antártico. El norte tiene a la OTAN, y en Malvinas hay una de las mayores bases de la OTAN. Que no es británica: éstos ponen el sustento geográfico de forma ilegítima e ilegal para esa base, pero es una base de la OTAN y de la AUKUS, la alianza entre Australia, Estados Unidos y el Reino Unido, junto al Commonwealth».

«A todo esto, escuchar las barrabasadas que dice nuestro gobierno, de que la población -implantada- de Malvinas merece que le consideren su voto… eso habla de la concepción geográfica como una continuidad hacia la Antártida. Nosotros tenemos que trabajar de forma continental: Chile ha crecido mucho en logística antártica, son muchos los países que utilizan Punta Arenas como plataforma para ir a la Antártida, y Argentina no ha trabajado ese aspecto: la base Petrel se demoró mucho, todavía no está lista… y no tenemos una política de estado como en un momento la tuvieron (Hernán) Pujato, (Juan Domingo) Perón y (Jorge) Leal, quienes vieron que había que crecer y mirar más al sur. Ahora todo se ve desde la lente del AMBA… pero hay que ir al terreno, ver cómo han crecido las otras bases, cómo creció China en la Antártida e invierte fuerte, si bien China no tiene demasiados intereses territoriales. Pero tiene muy en claro que necesita de la Antártida por la comida, el krill y el pescado. Noruega también se suma a la explotación del krill. ¿Por qué no se sabe tanto de los otros países que depredan la pesca, como España, Corea del Sur y otros? Porque compran licencias ilegítimas en Malvinas, se las venden los isleños para fortalecer la economía de las islas» denuncia.

«Nosotros no tenemos capacidad militar, y a como están las cosas, no la vamos a tener. Pero podríamos ganar batallas en donde somos muy fuertes: nos tendríamos que posicionar mejor en lo científico y cultural. Tenemos con qué. Las FF.AA. no pueden manejar todo solos en la Antártida. Debe hacerse desde una Comisión Nacional, así como se maneja la cuestión aeroespacial, o como funcionaba la comisión para Asuntos Nucleares, que ya la desactivó este gobierno. Tener nuevamente una Comisión Nacional de la Antártida, como aquella que empezó en 1938 y luego la toma y la fortalece el peronismo. En aquel contexto, Argentina creció muchísimo. Ahora deberíamos hacer lo mismo que hacen países como Chile, Rusia o Nueva Zelanda, creando puentes logísticos público-privados hacia la Antártida. Nosotros, actualmente, sólo tenemos los cruceros que llegan un tiempo corto a Tierra del Fuego, y encima se van a Malvinas y las Georgias, para que les digan toda la historia según los británicos… esto dicho por compatriotas que han ido», describe mientras continúa fluyendo la conversación.

Un camino posible rumbo a la soberanía nacional en Antártida

«En el año 2003 estábamos en una situación calamitosa tras lo del 2001. Se planteaba cerrar bases, y que Argentina trabajara con tres bases permanentes. Pero en el 2003 eso se pudo comenzar a dar vuelta. Costó, llevó muchos años; en 2007 se incendió el rompehielos Irízar, pero jamás se pararon las campañas antárticas; la producción científica creció. Si viene un gobierno nacional realmente decidido a dar esta batalla, vamos a tener la gente para librarla. Pero si vamos a ser tibios, no vamos a estar. Hay que definir para qué queremos la Antártida, y en base a ello, qué desarrollo le vamos a dar» se entusiasma.

«Nuestra fortaleza está en el plano científico. Tenemos una ventaja comparativa que es Ushuaia a 900 km de la Antártida. Hay que unir la Universidad de Tierra del Fuego, el Instituto Antártico, el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) y empezar a trabajar desde ahí. Tener espacios para alojar a otros científicos, entender que es bueno volver a recuperar el vínculo fuerte con Brasil. Y así también con Perú, Ecuador y otros países a los que los británicos les otorgan oportunidades para que trabajen a nivel científico. Los podemos recuperar, a todos. Tenemos una base naval grande en Tierra del Fuego; tenemos una capacidad de desarrollo logístico impresionante y muy bien ubicada en Río Grande, que está preparada a salir por mar a Malvinas, Georgias, Sandwich y la Antártida. Hay que construir un puerto de aguas profundas. Hay que trabajar con todos los países de Latinoamérica. Continentalicemos la Antártida, definamos qué ciencia queremos desarrollar allá, se puede establecer adónde va a ir la ciencia, cómo la vamos a apuntar, y que todo ello será para garantizar nuestros derechos en la Antártida. La mayoría de nuestros científicos están muy politizados en esta cuestión nacional. No importa que haya dispersión partidaria, lo que importa es que están todos por el pensamiento nacional. Y debemos encuadrar a los militares, que han votado masivamente a gobiernos que, curiosamente, van en contra de la soberanía argentina en el Atlántico Sur» expone al detalle.

Y por si fuera poco… el mapa bicontinental, también como herramienta de disputa

«Tenemos el mapa Bicontinental, que tiene que ser un disparador y hay que hacer tarea docente con él, para explicar que estamos en conflicto por una usurpación militar e ilegal, y que tenemos que hacer valer nuestros derechos, consolidar los derechos argentinos sobre la Antártida. Tiene que surgir una épica con todo lo que se hizo en Antártida, y no negarlo por una cuestión político partidaria. Saquemos ese problema, nos quedamos con la parte realmente importante de lo que hizo el peronismo en sus primeros gobiernos en la Antártida, y lo que los otros gobiernos también fueron construyendo en tal dirección, como fue el caso de (Arturo) Frondizi. La nueva épica que necesitamos construir viene de la mano de la soberanía: con declamaciones no alcanza» exhortó.

Y nos dejó un mensaje como puntapié inicial para motivarnos a re-iniciar una senda netamente de dignidad nacional y soberana: «Militar es trabajar, es ir a poner los pies en el sur, no ir a sacarse la foto en la Antártida y volver a las tres horas; a la Antártida hay que ir a trabajar, y no viajar en la clase VIP tomando champagne, como viajan ahora los invitados de este gobierno. Es posible reconstruir todo esto, con ganas y con coraje. Podemos dar vuelta esta página nefasta».

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