Continuamos abordando crítica, analítica y propositivamente, desde distintos ejes a la problemática del Cambio Climático.
Me parece necesario y honesto realizar dos aclaraciones iniciales antes de comenzar con la nota. En primer lugar quien la escribe es católico practicante y desde allí, desde esa inclusión en un grupo más grande constituido por una congregación de fieles (la grey católica) realizaré mis aportes. Pero al mismo tiempo debo aclarar que he sido crítico de muchas posiciones y actitudes del Papa Francisco. Quizás resulte paradójico que muchas personas apoyamos las actitudes del Papa frente a la necesidad de protección de los migrantes, frente a los abusos, especialmente a los niños, dentro de la iglesia católica y fundamentalmente su cosmovisión y aportes en temas ambientales, pero al mismo tiempo no compartimos ideas, actitudes prácticas frente a personas, instituciones y organizaciones de nuestro país. Realizadas estas aclaraciones a las cosas…
Cuando en 2015 el Papa Francisco presentó la encíclica Laudato Sí nos manifestó que “nuestra casa común, es como una hermana, con la cual compartimos la existencia, como la madre bella que nos acoge en sus brazos”[1] y repitiendo el cántico de las criaturas de Francisco de Asís manifestó“Alabado seas, mi señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba”. Aquí se hace necesario retomar algunas palabras.
-La tierra es nuestra Madre, de ella surgimos y a ella volveremos.
-La tierra nos sustenta, y recalcamos esa palabra, no nos sostiene, sino que permite recrear nuestras condiciones de vida.
-La tierra nos alimenta a todos los seres vivos, humanos o no. Todos somos interdependientes y necesarios.
– La tierra nos gobierna, y nos impone el respeto de ciclos, flujos y procesos necesarios en la sustentabilidad y continuidad de la vida.
– Existe diversidad de especies, colores, frutos en el sustento de la vida.
En segundo lugar, el Papa Francisco nos manifiesta que “esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”.La tierra gime, se manifiesta, nos “avisa” que desde el proceso de escisión de los seres humanos de la naturaleza y el uso instrumental desaprensivo de los bienes naturales, estamos impactando en nuestras propias posibilidades de continuidad, como espacie, en este nuestro único planeta.
El Papa Francisco, en relación a los ritmos de vida y de trabajo que imponemos a la Madre Tierra, nos habla de una “rapidación” en la cual “si bien el cambio es parte de la dinámica de los sistemas complejos, la velocidad que las acciones humanas le imponen, hoy contrasta con la natural lentitud de la evolución biológica”. Allí está la matriz del problema de la explotación de la naturaleza y el descarte de residuos implícitos en los sistemas productivos vigentes en las actividades agrarias, mineras e industriales, los cuales producen gases de efecto invernadero causantes del cambio climático.
En el caso de las actividades agrarias dominantes, basadas en los monocultivos y la utilización de fertilizantes y plaguicidas que alteran los ciclos y relaciones naturales, provocan una dependencia hacia estos insumos lo cual retroalimenta el proceso y causa contaminación “La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio efecto sobre la salud , especialmente en los más pobres, provocando millones de muertes prematuras…hay que considerar la contaminación producida por los residuos, incluyendo los desechos peligrosos producidos en distintos ambientes… la tierra, nuestra casa parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería… Muchas veces se toman medidas sólo cuando se han producido efectos irreversibles para la salud de las personas”.
En la mayoría de los casos llegamos tarde y mal para solucionar los problemas que nosotros mismos creamos, la ambición de tener, más que de ser y estar, nos ciega. La muerte y afección en la salud de todos los seres vivos, la pérdida de paisajes, la carencia de una real calidad de vida, nos invita a repensar a “tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo”
Respecto al clima, el Papa Francisco nos alerta “el clima es un bien común, de todos y para todos… es un sistema complejo relacionado con muchas condiciones esenciales para la vida humana… nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático… es difícil no relacionarlo con el aumento de eventos meteorológicos extremos, más allá de que no pueda atribuirse a una causa científicamente determinable a cada fenómeno particular… la humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios en los estilos de vida , de producción de consumo para combatir esta calentamiento, o al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan”. Entonces, debemos repensar nuestras pautas de consumo, en cómo nos alimentamos, el origen de nuestros alimentos, en cómo y dónde son producidos. Debemos asumir que desde nuestras elecciones podemos propiciar determinados sistemas productivos, por ejemplo los agroecológicos, aunque sabemos que por causas relacionadas con los precios y distancias no siempre podemos ejercer nuestro derecho a decidir y elegir de manera conveniente. Debemos plantearnos cambios en nuestras viviendas, en el modo de adaptarnos al clima, en cómo nos trasportamos.
En referencia a las causas del cambio climático, el Papa Francisco nos invita a reflexionar, y a producir cambios sobremanera en:
-La utilización del suelo, incluyendo las prácticas de manejo y fertilización.
– La deforestación y su contracara, el cultivo de árboles exóticos (pinos y eucaliptos)
-La utilización de combustibles fósiles, base del “corazón” del sistema energético mundial
-El consumo superfluo del agua
– Los mecanismos y medios de trasporte
– La pérdida de diversidad biológica en las selvas y montes, para su utilización en las actividades agrícolas y ganaderas.
– La utilización de agrotóxicos y fertilizantes
-La transformación de los humedales en zonas de cultivo y de construcción de viviendas
Nos dice el Papa Francisco: “el cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas políticas”. Así es, desde las manifestaciones ambientales como el incremento en las temperaturas y la aleatoriedad en las lluvias se producen cambios en la producción y acceso a los alimentos, desplazamiento de población, enfermedades, incluso psicológicas y en el acceso a los bienes. Los afectados en su inmensa mayoría son las poblaciones constituidas por personas más pobres, que no solo pierden lo poco que poseen sino que se profundizan las condiciones de carencia, ahondando los procesos migratorios.
Pero el Papa también nos alienta a pensarnos como participes de procesos amplios e inclusivos. Así nos dice: “el desafío es urgente de proteger nuestra casa común, incluye la preocupación de unir a toda la familia Humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar”. Si bien el Papa utiliza la palabra sostenible, nos habla, y aconseja a todos, creyentes o no, pues cada uno debe ser partícipe de los cambios profundos que debemos dar en nuestra visión sobre los bienes naturales y las prácticas que deben guiarnos hacia un cambio de paradigma. Cambios para no sólo producir más, el tan mentado crecimiento económico, sino un desarrollo integral donde podamos satisfacer todas nuestras necesidades y aspiraciones, logrando aquello que llamamos “calidad de vida” con crecientes márgenes de bienestar, libertad y autonomía relativa. A su vez, nos da un mensaje claro en que las cosas pueden cambiar, que no estamos condenados a continuar un sendero donde nuestras prácticas y tecnologías no respeten los derechos de la naturaleza.
Podemos cambiar, debemos cambiar, necesitamos cambiar no sólo en nuestra visión de la naturaleza sino en nuestras relaciones humanas, saliendo de las cultura del descarte.
Cuando el Papa Francisco nos alerta diciendo “… el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan, nos impactan a todos” nos anuncia primero que las problemáticas ambientales no son naturales, sino que se relacionan con nuestras actitudes y ambiciones, y que nadie está a salvo, dado que se producen impactos que afectan a todos los seres vivos, muchos de los cuales son indispensables para nuestra propia vida, aunque los ignoremos, tal el caso de las bacterias del suelo. Ahora bien, dudo que nos interesen a todos… tomando al interés como una preocupación que nos invite a realizar cambios profundos en nuestra inclusión en la naturaleza.
El Papa Francisco murió, dejó su casa terrenal. ¿Y ahora qué hacemos? Más allá del país de origen del nuevo Papa y de su cosmovisión, hacia los temas y problemas dentro y fuera de la religión Católica Apostólica Romana, debemos continuar con los tránsitos que hemos iniciado desde la crítica y la acción.
Todos estamos comprometidos, cristianos o no, a continuar, y enriquecer las enseñanzas, críticas, propuestas y acciones del Papa Francisco.
A los cristianos nos compete continuar desde cada Capilla, iglesia, grupo y movimiento llevar a la práctica todos estos preceptos que enseñó el Papa Francisco desde nuestra Fe, pero también desde la acción cotidiana, y así recrear una mística que nos una y que permita “que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza”
[1]Todas las citas están tomada de: Francisco, Papa. 2015. Laudato Si: Sobre el cuidado de la casa común. Primera edición. Conferencia Episcopal Argentina. Oficina del Libro. CABA. Argentina


