“Hay fiesta arriba, allá en la loma del Palmar / está cumpliendo años el hijo del patrón / y en un bendito, apretao entre las totoras / aquí abajo, llora y llora / el gurí del hachador…” (José Larralde, “Garzas Viajeras”)

Transitamos este gélido invierno llenos de compatriotas en absoluto estado de indefensión. Mientras tanto, por un lado, encontramos a la bendita economía “macro” con signos que lejos de mostrar su pretendida “estabilidad, apenas está atada con alambre. Por otro lado es evidente que a como dé lugar (y en ese lugar, la verdad y la vida de cada uno de nosotros, jamás invitados a la fiestita de los poderosos), la baja inflacionaria puede consolidarse, de la mano de la depresión salarial y los ingresos de bolsillo. Grandes números económicos que, por cierto, tienen sin cuidado a las grandes mayorías.

Lo notable es que algunos propios funcionarios mileístas –por caso, el mismísimo Guillermo Francos- admiten inquietud por el saldo de la balanza de bienes y servicios, que arrojó la friolera negativa de casi 5200 millones de dólares… sólo para el primer trimestre del año. Las exportaciones se estancaron, las importaciones explotan. Y el turismo explica otra parte del deterioro de esas cuentas: en estos primeros cinco meses del 2025, 6.7 millones de argentinos viajaron al exterior. Es el valor más alto en 9 años y no tiene precedentes en las estadísticas del INDEC. La Plata Dulce con sus harto consabidas consecuencias. Tercer round. Y de antemano sabemos que los capitales extranjeros celebrarán el inexorable nocaut como único final consabido para esa recurrente escena que construye la sociedad argentina en su conjunto, con sus clases medias ávidas de “pertenecer”.

La fuga de divisas ya es tan grande que “compensa” los dólares generados por el superávit comercial de Vaca Muerta. Lisa y llanamente, se la están llevando toda y esta vez la cosa va muy en serio. En vez de destinarse esas ganancias a inversiones o producción, esos dólares que ingresan por la energía se usan para la eterna bicicleta ahora renombrada como “Carry Trade”, y para financiar viajes a Brasil, a Miami o a Europa.

Crece la deuda, bajan las reservas, y Toto Caputo tiene la instrucción de la mesa chica, chiquitísima, de Jamoncito de planchar el dólar hasta las elecciones. Es su propio “plan platita”, sólo que esta vez ningún medio de alcance nacional pone el acento en esa problemática, como sí lo hicieron cuando Sergio Massa lideraba la cartera económica, allá muy lejos… hace 1 año y medio.

Uno de los principales aliados y sostén de la endeblez del plan económico vigente, tal el caso del FMI, viene monitoreando con inquietud cómo el último desembolso que hizo de unos 12 mil millones, sólo alimentó una salida de divisas por turismo y gastos suntuarios. Una vez más lo señalo: Es la escenita infame y remanida de la plata dulce con la que una parte de nuestra sociedad, a escalas iguales entre individualista, oportunista, antinacional y cada día de más dudoso civismo, amén de nula empatía, se dan sus grandes lujos pequebú mientras son decisivas a la hora de empujar al precipicio las próximas décadas de vida nacional, sólo para después rasgarse las vestiduras, poner caritas de “yo no fui” y gritar a los cuatro vientos, como otrora, “yo no lo voté”. En tamaño contexto, pongámosle, ético y sociocultural, las mieles del éxito antiinflacionario obturan que se preste a todo esto una mirada mayor, cuando tenemos una bomba en el cuadro externo delante de nuestras narices.

Pero qué va! Una vez más, el Fondo brindó su apoyo político a contramano de toda recomendación técnico sensata. Lo hicieron con Macri, lo hacen con Milei… y cuando el esquema vuelva a estallar, habrán de reacomodarse y volverán a ponerse firmes y severos, el rostro enjuto, ni bien aparezca otro gobierno popular con el cual negociar los pagos de la festichola financiera por ellos mismos convalidada, y de yapa paralizarán financieramente a aquellos que eventualmente, deban suceder desde otro enfoque a la actual gestión gubernamental nacional. ¡Buenos muchachos los de afuera! Y lindo sainete el nuestro interno, en esta enfermiza repetición sin final a la vista, de las mismas macanas estructurales y conceptuales. Un presente perpetuo donde siempre ganan unos, siempre pierden otros… y la mayoría de los que flotan en el medio, juegan al pato criollo con sus accionares y veleidades recurrentes.

Tal como señaló con su habitual justeza y elegancia de estilo, Luis Bruschtein el pasado sábado en Página12, la situación es crítica en la macro y en la micro, y aún así mucha gente, tal vez hasta un número cercano a la mayoría, está dispuesta a votar por el que los destruye. Una sociedad, en resumen, dispuesta a subirse a aventuras, dicho muy elegantemente, demenciales.

Frente a ello, ¿Qué es lo que hay enfrente? ¿Sólo disputas al filo de lo despiadado por los armados de listas electorales, que –digamos todo- sólo sirven para darle un marco de convalidación institucional al régimen imperante? Luchas populares como faros éticos, no faltan. Más bien todo lo contrario. Mayor introspección en los padecimientos inenarrables de amplios sectores populares, serían un buen punto de partida para ciertas dirigencias mucho más aprestas a los sondeos de imagen y a erosionar poder de otros que, en teoría, cabalgan en el mismo frente, que en construir un plan integral que dé respuestas a las grandes mayorías y ya superen las timideces –o comodidades- de no querer enfrentar abiertamente al genuino mal que aqueja a los argentinos. Esto es, la oligarquía parasitaria rentística, y ahora también financiera, que nos deja cada vez más cerca de la servidumbre que de la soberanía tantas veces declamada, y tan pocas veces ejercida en plenitud.

Se requieren ideas – fuerza que expongan suficiente convicción para dar a entender por qué habría que animarse a transitar un camino diametralmente diferente al actual. Es seguro que no basta con denunciar la motosierra contra los más débiles… tan seguro como lo perentorio de ofrecer nuevos liderazgos que recreen una profunda renovación de imagen –y programa- superadores.

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