Iniciamos hoy una serie de notas que tratarán de analizar la problemática relacionada con los desperdicios en los distritos de Marcos Paz y Merlo realizadas a partir de trabajos de investigación, sensibilización y capacitación que estamos realizando en la actualidad  en y con las comunidades.

Los territorios periurbanos, definidos como espacios de interrelaciones entre actores, con cierta institucionalidad, reglas, normas y costumbres, continúan manifestando ciertos cambios que generan tensiones. No sólo cambios cuantitativos sino, además, productivos, ambientales, culturales y sociales. Dentro de ellos hallamos aquellos relacionados con la creciente producción de residuos y su eliminación por modos no aconsejables.

El modelo que ha primado para darle tratamiento a los residuos desde las políticas públicas ha sido el de apostar al desarrollo de vertederos o basurales, así como a la instalación de plantas de tratamiento, en algunos casos de gran escala, sin avanzar en la misma medida con la separación en origen y recolección diferenciada.

Desde otra mirada se podría afirmar que en ocasiones las autoridades municipales apuestan a “no hacer nada “, en este caso se carece de un plan integral, dejando que los ciudadanos arrojen la basura en sitios inespecíficos para luego quemarla o recogerla cuando los microbasurales alcanzan tamaños considerables.

Los ciudadanos se hallan muy poco informados acerca del problema, lo cual implica el desarrollo de prácticas como el arrojarla  en zanjas y desagües, la quema frente a los domicilios o el reciclaje sin contar con la mínima normas de seguridad que mengüen la exposición al riesgo de contraer y/o padecer una enfermedad.

En cada fase del ciclo de vida de los materiales se producen desperdicios que podrán incorporarse, o no, a otros ciclos según las cosmovisiones, la visión sobre la “basura” y su reutilización, las tecnologías disponibles y las relaciones costo /beneficio.   Aunque nuestra mirada en la mayoría de las ocasiones se centra en los desperdicios de origen doméstico que pueden acabar en basurales a cielo abierto, cuando no en calles, rutas y laterales de vías férreas y baldíos, también se producen desperdicios durante las fases de producción agraria (Plásticos, viruta de “cama” de pollo o caballos), de fabricación textil, papelera, etc.

La basura, lo descartable, aquello que no sirve se relaciona fuertemente con nuestras visiones respecto al ambiente y las prácticas de consumo, impregnando a su vez nuestras relaciones con el resto de los seres vivos. Su traslado y eliminación directa e indirecta no reconoce fronteras ni corporales, ni distritales. Indudablemente esta visión fragmentada, reduccionista y sesgada sobre la basura impacta e impregna la conformación, reconfiguración, reproducción y del hábitat donde vivimos y desarrollamos nuestras actividades.

Durante el trabajo de campo observamos que mientras para algunos miembros de la comunidad, los desperdicios, la basura, constituyen un problema, para muchos otros es parte de su sustento cotidiano. La generación, descarte, acumulación y eliminación de la basura por métodos inapropiados y contaminantes es el gran problema visualizado por los miembros de la comunidad. En principio porque se registra una deficiente recolección de la misma por parte de las áreas específicas del municipio; en el territorio bajo análisis, desde la percepción de los vecinos, los estados  municipales no cumplen con sus funciones específicas, ya en las tareas de recolección como de tratamiento, por modos integrales, seguros y no contaminantes, de los desperdicios.

En los distritos bonaerenses pertenecientes a las cuenca de los ríos Matanza y Riachuelo,  como parte de un plan integral  que poco se efectiviza en la realidad, se han instalado centros de acopio de materiales verdes, por ejemplo ramas y pasto junto con áridos (cascotes, ladrillos). Denuncias realizadas por los vecinos afirman que se continúa con la quema de basura, despidiendo olores y material particulado. 

En ocasiones los vecinos afirman que el camión recolector de la basura transita una o dos veces por semana, pero los días de lluvia el sistema está suspendido ya que no pueden entrar al barrio debido a la poca accesibilidad por las calles de tierra, y el rebalse de sus zanjas que están tapadas por residuos. Se observó el vertido de  desechos inapropiados de las industrias que desarrollan sus actividades en los barrios (Industria alimentaria y de materiales para construcciones de plazas). Ante la necesidad de buscar alternativas a la existencia de un caudal creciente de basura, los vecinos han improvisado contenedores en las esquinas, o la depositan en las calles, zanjas, predios baldíos y al costado de la ruta, en donde en el mejor de los casos la basura es enterrada y en el peor de estos, es quemada. También se observa que antiguos y obsoletos basurales son clausurados sin contemplar una remediación adecuada del espacio y bienes comunes afectados, incluso se observó a familias viviendo en sus adyacencias.

Entre otras, se manifiestan las siguientes dificultades:

  • Pérdida en la calidad del aire por las partículas en suspensión  provenientes de los basurales, causante de olores desagradables y de irritabilidad en los ojos y la piel junto a problemas de tipo respiratorio.
  • Modificación del paisaje por la creación de los basurales.
  • Devaluación del precio de las viviendas.
  • Conflictos entre los mismos vecinos por no conseguir soluciones estableciendo procedimientos coyunturales de modo individual, la quema, frente a estrategias consensuadas comunitarias de largo plazo,  y sustentables.

Si bien existen programas, planes, proyectos en distintos niveles jurisdiccionales y aún nuestro país participa en convenios internacionales, la realidad muestra pocos avances dados la fragmentación, discontinuidad y articulación entre los acuerdos, las políticas, las estrategias y medidas tomadas. No todos los habitantes poseen la misma información sobre los efectos de la basura en la salud, lo cual deriva en estrategias y prácticas diferentes. Tampoco implica, para muchos de ellos, un problema ya que la recolección, acumulación, clasificación y venta de los desperdicios es la generación de ingresos monetarios para el sustento familiar, incluso alimentación directa. El estado municipal no cumple ni con las ordenanzas, ni con sus obligaciones respecto a la recolección de la basura, sino también con el contralor de la gestión de la basura en y entre las empresas privadas, las fábricas, comercios, y además con las funciones específicas del Eco-punto de Acumar.  

Estamos habitando y relacionándonos con nuestra única casa, el planeta, de manera desaprensiva, no solo por el consumo de bienes comunes de manera indiscriminada sino porque seguimos vertiendo  tóxicos, desperdicios, sustancias contaminantes sin tener en cuenta la capacidad de absorción y purificación del aire, agua y suelo.  Tenemos poco tiempo para revertir la situación, y todos debemos ocupar un lugar desde nuestra casa, barrio, país, desde nuestras miradas o cosmovisiones. Ya como consumidores, productores, políticos tomadores de decisión, fabricantes, etc. Hay que contagiar estas ganas de “curar” a la tierra. Junto a los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil  y organizaciones multilaterales mundiales debemos consensuar un plan de trabajo, para que cada actor cumpla y haga cumplir las leyes ambientales.

De las charlas y talleres realizados con los vecinos se presentaron las siguientes recomendaciones

  • Colocar canastos comunitarios (con capacidad adecuada) y con tiempos de recolección convenientes.
  • Mejorar los sistemas de recolección de la basura.
  • Monitorear que en los “Eco puntos” ingresen y recuperen solo residuos vegetales y escombros.
  • Crear un espacio donde los vecinos puedan conversar sus inquietudes acerca de la problemática ambiental del barrio (Basura, recolección, etc.)
  • Realizar un monitoreo comunitario epidemiológico a fin de reconocer las enfermedades que más afectan a la población.
  • Informar, educar, sancionar  a las personas que quemen y/o realicen tratamientos inadecuados de los desperdicios.
  • Generar centro de reciclaje comunitario para los desperdicios orgánicos vinculándolos con la producción de alimentos en huertas comunitarias.
  • Organizar, con participación comunitaria, la recolección, reciclaje y venta de los desperdicios reciclables de origen no orgánico.

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