El gobierno de Milei logró el salvataje financiero de Estados Unidos antes de las elecciones del 26 de octubre. La administración de Donald Trump comenzó el jueves último pasado a comprar pesos argentinos y brindará 20 mil millones de dólares a través de un swap (intercambio de monedas) para que no continúe la estampida del dólar.
En tanto, el secretario del Tesoro yanqui, Scott Bessent y amigote de numerosos jugadores compulsivos de Carry Trade en esta ruleta financiera pornográfica en que se ha convertido la República Argentina, afirmó que Milei “tiene el compromiso de sacar a China de la Argentina”. Lo hizo al defender el salvataje financiero de 20 mil millones de dólares al gobierno argentino y señalar que la estrategia no representa una pérdida para Estados Unidos,que no es un rescate, sino una operación basada en “comprar barato y vender caro”. ¿Qué tal, compatriotas que se dicen salvaguarda republicana? ¿Les enorgullece que nos tilden al mundo de un país regalado al que se nos puede comprar “barato”? ¿No piensan siquiera ser intransigentes en términos parlamentarios? ¿A tal extremo llega la genuflexión, aprestos a hundir acaso para siempre a la impronta misma de un país?
China contestó el sábado con dureza las declaraciones imperialistas del secretario del Tesoro yanqui, Scott Bessent, ya que “volvieron a dejar de manifiesto la mentalidad arraigada en los tiempos de la Guerra Fría que sigue caracterizando a algunos funcionarios estadounidenses, que sólo parecen moverse con un ánimo de confrontación e intervencionismo en los asuntos de otras naciones soberanas». “América Latina y el Caribe no es el patio trasero de nadie”, indicaron. Dato al margen, conocedores de la situación en la que sola y solita se metió nuestro país, lo ninguneraron olímpicamente en sus declaraciones. Hablan con el patrón, no con un minúsculo lacayo.
Milei vuelve a los Estados Unidos. Parte este lunes a Washington para reunirse mañana con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca. Estará acompañado por su hermana Karina “Jefe” Milei, el ministro de Economía Luis Caputo, el presidente del Banco Central Santiago Bausili, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, el vocero Manuel Adorni, el canciller Gerardo Werthein y el embajador en ese país Alec Oxenford.
El embajador yanqui en nuestro país, Peter Lamelas, anticipó que durante la reunión entre Donald Trump y Javier Milei, prevista para este martes, “se avecinan nuevas y emocionantes oportunidades”. Prometió incrementar el comercio y las inversiones, según él, sin afectar la soberanía. Que se cuenten otro chiste.
Del otro lado del mostrador, el candidato a diputado en la Ciudad de Buenos Aires, Itai Hagman, de Unión por la Patria, señaló que “el Tesoro de Estados Unidos no es una institución benéfica, es una pistola en la cabeza para el país” que incrementará “nuestra fragilidad financiera en el futuro cercano».
En tanto, el candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires, Ricardo Alfonsín, de Proyecto Sur y que evidentemente honra como pocos las mejores tradiciones que supo enarbolar su padre, don Raúl, advirtió ayer que la “ayuda” que recibe el gobierno de Milei por parte de Estados Unidos “crea nuevos y graves problemas”. Consideró que el financiamiento implica ceder el control de la política económica, cambiaria y geopolítica al gobierno yanqui, lo que podría ser “un remedio peor que la enfermedad”.
Ya sin necesidad de moverse entre bambalinas, es de público conocimiento que en este contexto, el gobierno de Milei impulsará una “reforma general del régimen laboral”. La flexibilización de los contratos de trabajo incluirá la creación de un banco de horas para compensar los momentos de mayor laburo sin pagar horas extras, salarios en moneda nacional o extranjera y menores trabas judiciales. Según Milei, la reforma apunta a dejar “atrás estructuras vigentes desde hace más de 70 años”. Y junto a ella, también se vendrá una reforma en el régimen jubilatorio. El problema mayor no son los disparates antipopulares furiosos que el presidente de turno y toda la camándula de mega empresarios cebados hasta el infinito puedan impulsar… sino la actitud complaciente que numerosos legisladores que, según dicen ellos mismos, velan por los intereses de la sociedad, puedan aplicar, vaya uno a saber a cambio de qué…

