En Cuba, cuando una tormenta tropical comienza a transformarse en huracán, se pone en marcha todo un operativo de prevención, se va informando día a día cómo avanza el mismo, en que zonas impactará, cuáles van a ser las afectaciones en cada lugar del territorio…
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Y entonces empiezan a implementar mecanismos de autodefensa, evacuación, y cada ciudad, pueblo y persona sabe lo que debe hacer en el momento más crítico.
Es tal el grado de organización que, por ejemplo, tienen lugares alternativos para los delfines, a los cuales retiran de los cayos y los envían a ríos interiores seguros, o cómo desarman bibliotecas y conservan todos los materiales en lugares ya asignados a tal efecto.
Y si alguno no cumple su tarea, lo publican con nombre y apellido en los medios. Buscan preservar la vida y los bienes materiales.
Es así que, llegado el momento del impacto del fenómeno climático, pueden predecir de cuántos metros van a ser las olas o hasta qué calle de La Habana va a ingresar el agua.
En Argentina se anunció un Tsunami económico financiero, en un contexto de un ajuste brutal y de miles de compatriotas llevados al hambre.
Se fue tan preciso que se dijo el lunes 27, a la hora que abran los mercados, explota todo, sin proponerle ni decirle al conjunto de los argentinos y argentinas cómo enfrentar esto y qué propuestas políticas concretas teníamos para afrontar la catástrofe y preservar bienes y personas.
Entonces, una cantidad muy importante de conciudadanos se aferró a lo que había más cerca y le daba alguna esperanza de seguridad, y votó en consecuencia.
No fue el único motivo de la derrota de las fuerzas populares opositoras al gobierno nacional, y hay múltiples y dobles lecturas para hacer sobre este y otros temas… pero lo arriba señalado explica comportamientos, acciones, y en definitiva los huecos y carencias de la propia construcción política. Errores que no deberíamos volver a cometer si es que, como decimos siempre, “vamos a volver”.

