El equipo de Ubeda volvió a dejar una imagen preocupante. Empató sin goles frente a Platense en la Bombonera y se retiró bajo una fuerte silbatina. Edinson Cavani, en su regreso tras tres meses, tuvo la chance más clara del cierre, pero no logró convertir.
Boca no arranca. No transmite. No convence. No gana. El empate 0-0 frente a Platense volvió a exponer las falencias de un equipo que no encuentra rumbo y que empieza a agotar la paciencia de su gente. La Bombonera habló con silbidos y con un mensaje directo: “Contra Racing cueste lo que cueste…”. El margen para el entrenador es cada vez más fino.
Más que jugarlo, el Xeneize padeció el encuentro. Nunca logró imponer condiciones ni descifrar el planteo de un rival ordenado. Pero el problema va más allá del adversario de turno: Boca no consigue una identidad que esté a la altura de su plantel ni de las exigencias que implica vestir esa camiseta. Tras la caída ante Vélez en la fecha anterior, el equipo volvió a mostrar un nivel bajo y dejó otra actuación que preocupa.
En el mediocampo, Paredes volvió a asumir el rol de eje central, parado como volante posicional. Sin embargo, su presencia no alcanzó para cambiar el panorama. Alarcón insinuó con un remate en el primer tiempo, pero no logró consolidar una sociedad que le diera fluidez al juego. Las conexiones no aparecieron y el equipo se mostró forzado, incómodo.
Las chances más claras del primer tiempo fueron aisladas. Un centro de Ángel Romero encontró la cabeza de Janson, pero Borgogno respondió con solvencia. Del otro lado, Platense estuvo aún más cerca: un disparo de Saborido pegó en el palo ante la mirada resignada de Marchesín. La igualdad parcial dejó un clima espeso en el estadio y el equipo se fue al descanso silbado.
En el inicio del complemento hubo una reacción. Boca salió con otra energía y generó situaciones en los primeros minutos. Janson desperdició una oportunidad tras un error defensivo y luego lo intentaron Merentiel y Paredes desde afuera. Parecía que el local podía torcer la historia, aunque el impulso se diluyó rápido.
Platense, bien parado en defensa y prolijo para administrar la pelota, volvió a equilibrar el trámite e incluso manejó el ritmo en algunos pasajes. Ubeda movió el banco: Janson dejó la cancha entre silbidos y luego ingresaron Aranda, Cavani, Weigandt y Gelini.
El ingreso de los relevos renovó expectativas. Gelini tuvo una ocasión clara de cabeza, pero falló en la definición. Después fue el turno de Cavani, que pudo haber tenido un regreso soñado: su remate superó al arquero, aunque no alcanzó para cruzar la línea. Otra vez, Boca se quedó sin festejo.
La gente intentó empujar con el clásico “movete, Xeneize, movete”, pero el equipo no encontró el golpe final. Para colmo, Paredes salió lesionado y encendió una alarma más en una noche cargada de preocupación.
El pitazo final desató una nueva ola de silbidos y pedidos contra el entrenador. Boca sigue sin respuestas y el clima en la Bombonera es cada vez más tenso.
River profundiza su mal momento: cayó con Argentinos y Gallardo vio la roja
El equipo de Marcelo Gallardo volvió a dejar una imagen preocupante. Perdió con Argentinos Juniors en La Paternal en otra actuación opaca y el entrenador terminó expulsado en el cierre del primer tiempo. La crisis futbolística se acentúa y las respuestas no aparecen
Otro golpe para River. Y duele más porque se suma a una cadena que no se corta. Aunque Gallardo intente marcar un quiebre con la temporada anterior, el presente del equipo parece una continuidad de los problemas que arrastra. Esta vez fue Argentinos Juniors el que expuso sus debilidades, como antes lo había hecho Tigre.
El quiebre del partido llegó con una definición cruzada de Hernán López Muñoz, que aprovechó una desatención defensiva y marcó el 1-0. A partir de ese momento, River volvió a mostrar fragilidad anímica y futbolística. El impacto del primer golpe desordena a un equipo que pierde intensidad y claridad cuando queda en desventaja.
River todavía no encuentra identidad. Cambia nombres y esquemas, pero no logra consolidar una idea. En ese contexto, la expulsión de Marcelo Gallardo tras un irónico aplauso al árbitro Andrés Merlosreflejó el clima de tensión que envuelve al equipo. Fue un gesto que evidenció más frustración que rebeldía.
Las decisiones del entrenador tampoco dieron resultado. De una apuesta progresiva por Kendry Páez se pasó a incluirlo en un partido caliente. También hubo cambios profundos en ataque, con el ingreso de Agustín Ruberto, quien regresaba tras una larga inactividad por lesión. Ninguna variante logró modificar el rumbo.
En el mediocampo, River intentó hacerse dueño de la pelota, pero terminó cediendo terreno. Las intervenciones individuales de Galván y algunos intentos de Galoppo fueron lo más destacable en ofensiva, aunque insuficientes. Quintero quedó absorbido por la marca, Moreno no gravitó y Castaño pasó inadvertido.
El gol de Argentinos nació de una acción evitable: una salida defectuosa, un pase filtrado y la definición precisa de López Muñoz. River volvió a complicarse en situaciones que no parecían de riesgo. Santiago Beltrán evitó que la diferencia fuera mayor, pero el daño ya estaba hecho.
Este River acusa el impacto de cada adversidad. El 0-1 se siente como un golpe imposible de revertir. No hubo reacción anímica ni futbolística. La derrota terminó siendo lógica ante un rival ordenado y decidido.
El equipo de Gallardo sigue sin encontrar el rumbo. La preocupación crece y la sensación es que el equipo no logra levantarse después de cada caída. El interrogante es inevitable: ¿hay salida para este presente?

