Nuevamente, desde El Borde, junto a Semanario Huellas, despidiendo una semana y dándole la bienvenida a otra que deseamos sea mejor.

Hoy les traigo a Billie Holiday. Nacida como Eleanor Holiday Fagan en 1915, en Philadelphia, hija de una pareja de adolescentes. Su crianza, aunque no estuvo exenta de cariño, fue errática, con mucha calle y muchas dificultades.

Alrededor de los 15 o 16 años, ya en la década del 30, frecuentaba clubes nocturnos, cantaba y buscaba abrirse camino en la música. No fueron pocos quienes le tendieron una mano. Ella siempre reconoció la influencia de Louis Armstrong y, posteriormente, de Lester Young, a quien homenajeamos en el programa pasado.

Hacia 1932 compartió orquesta en Oklahoma, etapa en la que ya era reconocida como una gran voz y comenzaba a ser promovida por distintos managers y productores. A partir de allí se sucedieron grabaciones y recitales de enorme nivel en escenarios importantes.

Llegamos entonces al primer tema de la noche: «Strange Fruit», de 1939. Hasta ese momento, Billie Holiday venía siendo una figura destacada del jazz swing, es decir, del jazz bailable. Con un registro medio —prácticamente de una octava—, poseía sin embargo una noción del ritmo y un manejo de la métrica absolutamente asombrosos.

Vamos a escucharla en una versión subtitulada porque me interesa que puedan apreciar de qué se trataba. A partir de aquí se entiende por qué Billie Holiday terminó ingresando en la lista negra del establishment. La canción refiere a los linchamientos de miembros de la comunidad negra en el sur de los Estados Unidos. Estamos hablando de 1939.

Luego escucharemos «I Cover the Waterfront», en su versión de 1944, un éxito rotundo. Para entonces, su carrera ya estaba lanzada de manera espectacular.

También corresponde mencionar sus adicciones, los problemas con el alcohol y la persecución que sufrió. Esa persecución terminó llevándola ocho meses a prisión y derivó además en el retiro de su tarjeta laboral, lo que le impedía trabajar en clubes nocturnos. Por esa razón, sus productores recurrieron a auditorios, teatros y grabaciones, porque allí seguía estando el negocio.

En tercer término vamos a escuchar, de 1958, el último trabajo grabado en estudio: Lady in Satin. El tema elegido es «I’m a Fool to Want You», otra interpretación que se transformó en un éxito rotundo.

Son apenas tres momentos en la carrera de Billie Holiday, que tal vez no alcancen para abarcar toda su obra, pero sí permiten apreciar su enorme capacidad y el sentimiento extraordinario con el que cantaba.

Les deseo una muy buena semana, siempre haciendo arte de sus vidas y aguantando el sogazo hasta que aclare el río.

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