Es el ejemplo de la construcción de unidad nacional. No es fútbol, es el ejemplo de un equipo con un conductor que ordena y hace la mitad del trabajo. Como decía el General.

Que tiene en claro el enemigo. Que da todo su talento sin cuidarse las piernas ni piensa en cuánto cuesta. Que asume la herencia histórica. Canta el himno como inspiración para llenar los pulmones y darse fuerza.

No queda en chiquitas ni personales. Pone por delante la felicidad de su pueblo. Alza al final una bandera con palabras desafiantes, más allá del hoy.

Que marca un objetivo nacional antiimperialista, sencillamente desde el dolor y la esperanza, sin discursos confusos o difíciles.

Desde alguien que hace mucho dejó el fútbol como práctica de compañerismo y pertenencia, declaro mi admiración y amor por este grupo que nos da lecciones de coraje viril. De despliegue de nacionalismo y arte. De fuerza juvenil que construye.

Gracias, compañeros.

De un alguien que es nadie, pero que celebra sus esfuerzos como uno más.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *