Reflexiones a propósito de la visita y exposición del Dr. Eugenio Zaffaroni en Suteba Morón.
Estamos en medio de un derrumbe, no se ve nada porque el guía que nos trajo está rayado y nunca supo cuál es la salida de la cueva. El techo se cae y el polvo nubla cualquier intento de conocer dónde estamos. Ahí es donde cobra relevancia aquel que haya guardado lámparas y brújulas, porque en tales circunstancias se vuelve imprescindible para al menos, evaluar la situación.
Le pedimos a un estudioso de la ley, con la experiencia de haber habitado el vientre del monstruo legal llamado Corte Suprema, esto es, el cerrojo máximo que determina qué es correcto y debiera ser obligatorio para todos. Y queríamos escuchar si el nuevo artefacto estrambótico del holograma presidencial llamado Ley Bases, es conforme a la Constitución, con todas sus carencias, puertas y vidrios rotos para albergar a un pueblo.
Y el Dr. Eugenio Zaffaroni nos da una alerta de gravedad máxima: no hay a quién apelar por nuestros derechos y cualquier reclamo puede caer en un cesto, antes de ser analizado por un/a juez/a especializado, que se tome el tiempo necesario y cuente con el respaldo de que su determinación sea obedecida por todos los otros jueces menores del país.
Resulta que tenemos al frente a cuatro pequeños hombres sin experiencia previa como jueces, quienes deben analizar decenas de miles de fallos sobre familia, derecho administrativo, comercial, laboral, civil, ambiental, electoral, constitucional… entre las ramas cada vez mas enmarañadas de la sociedad (por ejemplo lo informático: quién juzgara las IA?). Que sus fallos, cuando les interesa el tema seleccionado, no son obligatorios para el resto de los tribunales. Que desde sus sillones vitalicios, se arrogan el poder sobre la vida de todos nosotros, independientemente de la policía y fuerzas de “seguridad” y sus palos/gases/balas de goma o plomo, quienes a su antojo cercan los campos de concentracion donde se encierran a los que en su inmensa mayoría esperan un juicio y condena/absolución… de aquellos cuatro pequeños hombres…
Nuestros gobiernos han intentado negociar, contemporizar y convivir con este dispositivo del sistema de verdadero poder. Y del mismo modo que cualquier consenso con el que odia el país y el pueblo que trabaja para hacerlo más rico, y permitirle sacar en dólares la plata a otro país (costumbre – vicio y maldición de esta casta dominante), nuestras y nuestros referentes sólo hallan un escupitajo en los medios y redes, una conspiración en el pasillo y la construcción de alianzas con ayuda de embajadas extranjeras para poner explosivos en el subsuelo de nuestros gobiernos.
Necesitamos transformaciones profundas y hacernos cargo de que el Tribunal Supremo sea lo suficientemente experto, capaz y eficaz para que la última palabra esté impregnada de lo que la senda del equilibro de lo justo, humano y racional indique. No la conveniencia de los poderosos o el fruto de la negociación por supervivencia o el poder del propio aparato burocrático.
El estrambótico que hoy preside se arrogó mediante un DNU modificar la Constitución, y una ley de entrega de nuestros recursos naturales y demolición de derechos, producción y pedazos completos del estado, sólo con el 56% de origen. Eso nos habilita para no ser nunca más tibios o avanzar con la paralizante cautela de no molestar a los dueños del país.
Necesitamos una Reforma Constitucional con sentido nacional y popular completa. Y unos de los grandes ejes debe ser la reforma del sistema de justicia.
Esta es una de las banderas que deberemos alzar los que reconstruimos la columna central del regreso, llámese peronismo o como se llame. Sin una orgánica fuerte y con capacidad de movilización masiva y consciente no será posible una transformación real, duradera y efectiva. El movimiento sindical tiene experiencia en eso.
Una sociedad fragmentada hasta el infinito por su clase dominante requiere de grandes ejes de unidad, que enlace intereses colectivos, más allá del propio sector. La defensa de la educación pública es una de ellas. El hospital y la salud gratuita, eficaz y masiva. Un sistema jubilatorio que permita una vida protegida. La construcción de millones de hogares. La conservación de nuestros recursos naturales, energía y ambiental. Alimentos sanos, baratos y accesibles para toda la población. Abrigar la industria nacional proyectándola sobre el mercado sudamericano puede dar trabajo, como Néstor y Cristina lo probaron con 5 millones de nuevos puestos.
Pero si el cerrojo de los intereses de los poderosos queda sin cambios, podrán trabar cualquier modificación que intentemos. Y ahí las lámparas de Eugenio y muchos/as otros/as cobrarán todo su sentido de oportunidad.


