Más allá de esta aseveración, hay que decir que países que se consideran democráticos, admiten monarquías donde hay un personaje llamado rey que nadie vota. EEUU elige a su presidente con un sistema en que alcanza con menos del 20% del electorado para proclamarlo.

Irán sostiene un sistema de democracia islámica y esto es muchas veces criticado por otros, que no dicen nada de las monarquías que gobiernan en Arabia Saudita y otros principados.

China y Cuba son tildados de países no democráticos porque a los países centrales no les gustan sus políticas socialistas, sin tomar en cuenta que en sus sistemas de gobierno la participación popular es mucho más alta que en los países del norte desarrollado.

Yendo al sistema electoral venezolano, el mismo ni se acerca al sistema electoral de estos países nombrados, sino que usa uno muy similar al de todos los países latinoamericanos. Nada más que, en su caso, computado, y el mecanismo de las computadoras es auditado por todos los partidos participantes. Además hay veedores internacionales, los cuales no existen en el sistema electoral nacional.

Aquí la fiscalización la realiza la justicia electoral y si no te gusta el sistema, tenés que reclamarle al juez que puede ordenar un recuento general de votos o no, o llamar a elecciones complementarias (Rara vez lo hacen) si cree que hay algo mal y si la diferencia de votos lo justifica.

En Argentina, el primer recuento de votos se realiza a partir de telegramas; en Venezuela por los datos que se envían por teléfono (Como la “vieja internet”).

En nuestro país hay que esperar semanas hasta que se da un escrutinio definitivo, entonces,  ¿Por qué, y nombre de quién, le exigimos al CNE (Comando Nacional Electoral) de Venezuela la publicación de las actas certificadas en forma inmediata?.

Y los supuestos progresistas, ¿Qué dicen?

Le monde diplomatique, bajo la dirección de José Natanson, se convirtió en una plataforma donde escriben «periodistas» militantes de los partidos tradicionales de la derecha venezolana.

Para éste progresismo de cartón, la elección en Venezuela es sólo un conflicto desatado por la ocupación de Miraflores, desconectado de la guerra liberada entre un Pueblo insumiso y un orden imperial.

¿´Guaidó 2.0′?

En enero de 2019, el diputado opositor Juan Guaidó se auto-juramentó en una plaza como «presidente interino» de Venezuela, desconociendo la victoria de Maduro en 2018.

Inmediatamente, más de medio centenar de naciones, con EE.UU. y la Unión Europea a la cabeza, lo reconocieron y avalaron la instauración de una especie de Gobierno paralelo.

No obstante, el supuesto interinato de Guaidó –marcado por actos de corrupción y usurpación de funciones– fue perdiendo reconocimiento, incluso dentro de sus propias filas hasta que, en abril de 2023, se mudó a la ciudad de Miami, donde reside actualmente.

El lunes, luego de ser proclamado por el CNE, Maduro denominó esta nueva estrategia como una «una especie de Guaidó 2.0».

«No es la primera vez que enfrentamos lo que hoy estamos enfrentando. Se está intentando imponer en Venezuela un golpe de Estado, nuevamente, de carácter fascista y contrarrevolucionario», subrayó Maduro.

Radio con Vos

En esta radio trabajan periodistas como Reynaldo Sietecase y Alejandro Bercovich, los mismos presumen de ser progresistas y en el caso de Bercovich, de hombre de izquierda. ¿Cómo es posible que caigan en la trampa de considerar que aquí se enfrentan nada más que distintos futuros inquilinos del palacio de Miraflores? Y no vean al imperialismo estadunidense dispuesto a motorizar un golpe “blando” como se le dicen ahora, cuyo objetivo es apropiarse del petróleo y poco más que eso.

Es increíble que Alejandro Bercovich, tratado como terrorista por la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), por sus posiciones contrarias al sionismo, sostenga que el problema es que Maduro se quiere “chorear” una elección y no vea el marco geopolítico y menos como buen marxista no intente hacer un análisis de clase.

Este progresismo tibio es que le abre el paso a derecha más reaccionaria, como para mi buen saber y entender, Alberto Fernández le dio el espacio que la ultraderecha necesitaba para instalar una figura como la de Javier Milei.

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