Hemos recibido desde el gobierno nacional todas las agresiones posibles: palos y gases, despedidos, ofendidos pero no humillados, ajustados hasta el hambre de millones, desalojados, robados por tarifas y precios descontrolados, empujados de la calle, que nos pertenece.

Lo peor es el aplauso que se oye desde los countries y torres de lujo. Nos amarga que los pobres defiendan a los ricos. No nos asombra que los fachos griten enloquecidos por un pasado que perciben insoportable, pero que les garantizaba subsidios, ganancias y apoyo estatal.

Si faltaba algo, lo hicieron: le sacaron los remedios a los jubilados.

Aún así, estuvimos en la calle junto a despedidos, jubilados golpeados, huelgas y paros con  movilización, con los estudiantes y docentes universitarios, cooperativistas ninguneados, sindicatos hermanos golpeados.

A contramano de los que cuando sienten el chicotazo, claman al cielo que alguien haga algo, lxs trabajadorxs organizados hicimos y hacemos lo que nos corresponde. Ponemos el cuerpo en las demandas y hacemos los planteos y reclamos donde hay que hacerlo. Legalmente y en paz.

Observamos, azorados, cómo algunos de nuestros referentes, esas voces que esperamos nos escuchen, que sinteticen nuestros dolores y los transmuten en esperanzas, se tiraban cascotazos a cielo abierto.

Vimos la traición por plata de algunos de los que elegimos para defender intereses nacionales y del pueblo. Los que ven robo en todo, porque tienen mentalidad de ladrones, compraron los votos que necesitaron para reformar la Constitución y comenzar a demoler el Estado (para rematarlo entre SUS dueños y patrocinantes).

No tenemos aún la herramienta que, más allá de juntar votos, nos permita canalizar los valiosos debates, críticas y propuestas, ideas frescas y soluciones probadas. No hay una organización centralizada que unifique nuestras necesidades para configurar planificadamente la salida del pozo.

Entre nuestros líderes y lideresas: tres gobernadores (Axel, Quintela, Gildo Insfrán) que protegen y hacen en sus provincias, sin plata, con iniciativas y soluciones parciales. Sin el apoyo que la ley garantiza y el topo del Estado les niega. Desde el gobierno nacional prefieren acovachar la caja para pagarle a los deudores y hacer negocios con sus empresarios evasores. Lo demás será sacrificable. Pero en ese demás, estamos nosotros.

Contamos con una centena de diputados, decenas de senadores, intendentes cercanos, miles de cuadros con experiencia de gestión. Una inmensa maquinaria desarmada a la espera de un cerebro, de una conducción colectiva capaz de aprender de los errores y planificar un programa de salida de la crisis.

¿Qué hacer? La pregunta que toda persona comprometida desde una organización se hace de modo permanente.

Nunca diremos qué deben hacer otros, ya que desde cada conciencia y cada ámbito, desde el análisis/evaluación/planificación de actividades debe recorrer ese camino y ser respetado como tal. Pero sí sabemos lo que hacemos nosotrxs: construir puentes con los que pelean por nuestros mismos ideales y propósitos. Las banderas de la Justicia social y la igualdad no se bajan, y eso nos une. Los intereses nacionales, el patrimonio material (nuestras empresas estatales, por ejemplo) y simbólico (Malvinas) se defienden con el pecho y la palabra. Como allí, de un archipiélago, queremos un continente.

A los traidores, a los que entregan compañeros y compañeras a cambio de privilegios, ni el saludo.

Utilizaremos nuestras herramientas sindicales, sociales y políticas para aprender y estudiar más, ya que lxs que hacen todas las cosas tienen el derecho y el deber de decidir sobre todas las cosas. Capacitaremos y formaremos más crxs para dar la disputa. Impulsaremos que los mejores de lxs nuestrxs estén en todos los espacios donde se discute el poder. Porque eso es la política: no el carguito para vivir mejor uno, sino incidir para que las decisiones sean para bien de las mayorías.

Para eso necesitamos consejeros escolares, concejalxs, intendentxs, diputados y senadores que pongan en primer lugar, los intereses del pueblo trabajador. Para los que tienen y los que necesitan trabajo. Para los que ya no pueden por enfermedad o edad. Para las y los que hacen su labor desde la casa cuidando y protegiendo. Para los que ayudan desde el barrio para que coman lxs hambrientxs. Los que se organizan para generar sus propios puestos, produciendo bienes o servicios socialmente necesarios. Quienes promueven el deporte, enseñan música o arte, de y junto al pueblo.

Combatiremos  el abuso de los monopolios con las armas honestas de la soberanía alimentaria, la capacitación de la mano de obra y la organización de los consumidores.

Necesitamos más fuerza organizada de género y sensibilidad institucional de prevención, abrazo y protección: demasiado maltrato, sangre y tumbas frescas. Allí ya hay unidad y debate serio.

Hay mucho por hacer. No hay tiempo para llorar o quejarse.

Viene de nuestra historia. Se lo debemos a millones de los caídos en el camino, pero también a hijxs y nietxs. Unidad, solidaridad y organización.

*El autor de esta nota es secretario General de la CTA regional Morón – Hurlingham e Ituzaingó

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