En este cuarto de siglo por el que estamos atravesando, en ocasiones retumban frases que nos persiguen desde tiempos idos. Como aquella tan mentada del 18 Brumario de Luis Bonaparte, de que todo ocurre dos veces, al principio como tragedia y la segunda como farsa. Lo cierto es que siempre fue atribuida a Marx, aunque en realidad parece ser de Engels.
Será tragedia o farsa, pero los días que corren se pueden asemejar cada vez más a los inicios del siglo anterior. La falta de memoria colectiva puede llevar a la manipulación. Los líderes autoritarios, por ejemplo, frecuentemente explotan la ignorancia histórica para consolidar su poder. No ocurre solamente aquí, sino también en el resto del planeta.
No conocer los acontecimientos que han dado forma a su cultura puede llevar a la confusión y al desinterés por cuestiones sociales y políticas.
Reaparecen los fascismos y predomina el autoritarismo. La desconexión con la historia logra evitar que las personas se sientan parte de algo más grande que ellas mismas. Que no exista un sentido de pertenencia. Y en eso estábamos cuando volvió a parir el Tío Sam. Y lo ha hecho a partir de la presentación de su Estrategia de Seguridad Nacional.
Tradicionalmente, la Casa Blanca ha publicado su Estrategia de Seguridad Nacional antes de Año Nuevo. El documento en sí comienza con una crítica a los enfoques de política exterior de todas las administraciones anteriores, aplicados en el período posterior a la Guerra Fría.
En la documentación de 30 páginas se rotula a los territorios de Europa como potencias díscolas y en decadencia. Como países que han cedido su soberanía a la Unión Europea y están lideradas por Gobiernos que suprimen la democracia… El informe concluye que el continente europeo podría debilitarse demasiado para seguir siendo un ‘aliado fiable’ de EEUU». Phillips O’Brien, profesor de la Universidad de St. Andrews, Escocia, manifestó que se está instando a Europa a reanudar la cooperación con Moscú, con Estados Unidos como intermediario para ello. Además, de que ya no se refiere a China y Rusia como adversarios estratégicos, se diferencia notablemente de todos los postulados que en su momento publicó el gobierno demócrata.
Errores o fallas de las estrategias anteriores:
# no vinculaban la política exterior a intereses nacionales específicos;
# perseguían el objetivo inalcanzable del dominio global;
# se adhirieron al globalismo y al «libre comercio», lo que destruyó a la clase media y la industria estadounidenses;
# transferencia de soberanía a organizaciones transnacionales.
# permitían que los aliados trasladaran los costos de defensa a EEUU;
En cuanto a política económica, todo parece estar sintetizado en haber copiado la plataforma electoral del actual presidente y declarar los principios de «proteccionismo y reindustrialización». Muchos han interpretado que «EEUU abandona su política de hegemonía global». Pero como alguien dijo “mejor que decir (en este caso, escribir) es hacer», veremos luego cuán cierto es.
Al tomar distancia del documento en sí, y pasamos a enfocarnos en los hechos, la realidad nos muestra que no se trata de proteccionismo y abandono de la idea de hegemonía global.
Las corporaciones tecnológicas como Oracle y Palantir, por ejemplo. así como corporaciones transnacionales financieras y militar-industriales, solo han fortalecido sus posiciones e intensificado su expansión bajo el Gobierno de Trump. Parece haber modificado la ideología liberal del «policía global» dando lugar a una nueva tendencia hacia el conservadurismo republicano de «o estás conmigo, o contra mí».
Si se toma en cuenta la revisión de las prioridades regionales, los autores de la Estrategia de Seguridad Nacional parecen haber olvidado lo que escribieron en la primera parte sobre el proteccionismo y el principio «Estados Unidos Primero».
Las autoridades estadounidenses pondrán el foco el afirmar el control estadounidense en el hemisferio occidental, (cualquier parecido con la Doctrina Monroe es real. Esta doctrina fue una política asumida en 1823 por los Estados Unidos, gobernados por el presidente James Monroe (de allí su nombre), respecto al resto del continente americano, y cuyo espíritu se resume en la frase “América para los americanos”.
La estrategia regional actual se basa en el principio de establecer la superioridad estadounidense mediante la presión económica y, si ello no funciona, la intimidación militar. Ejemplos actuales los podemos ver en sus actitudes en los casos ante Venezuela, Irán o Nigeria.
Se busca reprimir a China en el Indopacífico, fortalecer la seguridad europea, prevenir la dominación «hostil» en Oriente Medio y establecer un liderazgo mundial en estándares tecnológicos.
Luego de los postulados antihegemónicos redactados en la primera mitad del documento, tras los detalles observados en la segunda mitad, el corolario resultante indica una tendencia contraria, que es avanzar hacia una mayor unipolaridad.
Si hacemos foco en cada región, podemos sintetizarlo de la siguiente manera:
#Europa
#Ayudar a Europa a restaurar su «identidad civilizatoria»;
# críticas a la política migratoria de la UE, su censura y su pérdida de identidad;
# crítica a la UE y su «estrangulamiento» regulatorio;
# negociaciones con Rusia para lograr la paz en Ucrania lo antes posible;
# críticas a la percepción europea de Rusia como una «amenaza existencial» (debido a que la verdadera amenaza EEUU la ve en el auge de China);
# un enfoque pragmático hacia Rusia: apoyar los contactos diplomáticos, restablecer la estabilidad estratégica y resolver los conflictos mediante negociaciones;
# exigir a los aliados europeos que aumenten el gasto en defensa al 5% del PIB.
La política propuesta busca que Europa sea estable, autónoma y resistente, con mercados abiertos a EE. UU., cooperación en defensa y economía, evitando la expansión perpetua de la OTAN —algo que EE. UU. había prometido públicamente a Yeltsin en los años 90.
#Asia (Indo-Pacífico)
# Reorientar las relaciones comerciales con China en términos justos (que sean convenientes para EEUU);
# reorientar la economía de los países de bajos ingresos a favor de Estados Unidos;
# equilibrar el comercio y protegerse de las políticas económicas «depredadoras» de China;
# crear coaliciones de aliados para contrarrestar la influencia china;
# proteger la libertad de navegación (esto podría interpretarse como «controlar la libertad de navegación de China»).
#Hemisferio Occidental (lo que nos toca)
# Restaurar la influencia estadounidense en la región;
# combatir la migración y el narcotráfico;
# eliminar la presencia de potencias extranjeras hostiles, especialmente la de China (la nueva Doctrina Monroe);
# desarrollar alianzas comerciales e inversión estadounidense.
El documento afirma que las élites estadounidenses involucraron al país en controversias que eran esenciales para otros, pero irrelevantes para los intereses de EE. UU., y además vincularon la política exterior a instituciones internacionales, muchas hostiles o interesadas en diluir la soberanía nacional. Sostiene que esas élites persiguieron un objetivo imposible y no deseable, y que, al desarrollarlo, dañaron los propios fundamentos —el carácter, la fortaleza y la prosperidad del país— que permitieron a Estados Unidos ejercer su poder e influencia.

