En algunas ciudades con índices de pobreza alarmante, algunas organizaciones salen a pintar «Nada Sin Cristina».

Circunscribir el debate al PJ demuestra las limitaciones que hay para elaborar consensos dentro del movimiento popular y las organizaciones que lo expresan.

¿Es desde el Partido Justicialista donde, principalmente, se constituye, acrecienta o se fortalece la resistencia al modelo de Milei?

Es con Cristina y con Axel. Es con los gobernadores y sectores representativos o por lo menos con los que quieren sumar a una etapa absolutamente compleja; Entendiendo que una conjunción de esa naturaleza abre espacios dentro y fuera del peronismo, habilita discusiones, moviliza, retroalimenta nuestra capacidad de respuesta frente a las políticas mileístas, permite conformar una agenda de temas estratégicos y tácticos indispensables.

Hay miles de militantes que están hartos de la política del dedo, de que personas sin representación territorial se conviertan en diputados o diputadas, que se hable y resuelva desde Buenos Aires sin conocer la realidad profunda de cada provincia, y los elegidos sean, sólo, emergentes disciplinados en el hacer política. Y hay dirigentes absolutamente refractarios entre la compañerada; que no son los casos ni de CFK ni de Kicillof.

Internamente, además, nos debería preocupar la desbandada de militantes en muchas organizaciones políticas y sociales, la implosión en todo el país de algunas de ellas, el escasísimo nivel político ideológico de sus integrantes o la caída en la capacidad de movilización de muchas agrupaciones, partidos y movimientos, después del desguace en los planes sociales.

También el creer que la mejor forma de enfrentar a Milei es con más legisladores y legisladoras y no con movilización popular que dinamice, vertebre y confronte, es plantear un formato de democracia, que nuestra práctica histórica ha demostrado equivocada.

La raíz de la crisis está en como se ha venido construyendo política y en como ese fantasma se retroalimenta con algunas decisiones que nos recuerdan a una película que ya vivimos; es decir: a igual metodología, igual resultado. Peor derrota.

La disyuntiva del todo o nada, no parece el camino adecuado a transitar o formalizar consensos y el que “te invito a lo que yo  decido”, tampoco aporta.

Nuestra historia como movimiento, nuestros muertos, y nuestra lucha inclaudicable nos demandan otras actitudes.

Es tiempo que, absolutamente, todas y todos, nos hagamos cargo de la parte que nos toca y actuemos en consecuencia.

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