Este pasado viernes llovió con estrépito y de a ratos en el conurbano oeste bonaerense. Cuando comenzaba a decrecer la luz sobre Haedo, arreció otro chaparrón, que lavó los rostros y se confundió entre las lágrimas del grupo de vecinos que se acercaron hasta la estación del ferrocarril Sarmiento allí ubicada, para realizar un abrazo simbólico al último tren que partió desde Once hasta Pehuajó.

Cuando la noble formación se mostró desde el camino, todos se acercaron al andén. Cuando ésta llegó haciendo sonar una y otra vez su bocina identitaria, estallaron aplausos amalgamados entre reconocimiento y dolor. Bocinazos que nos llevan en vuelos temporales hasta las viejas locomotoras diesel (o más atrás, las poderosas a vapor, 100×100 de producción nacional), que eran la delicia de generaciones pretéritas, y nuestros padres y abuelos nos acercaban al pie de la senda ferroviaria para saludar con idilio y ensoñación por algún día manejar una de ellas, y aquellos maquinistas que coronaban las fantasías infantiles, al devolverles un saludo fugaz con sus manos y quizás, hasta un breve bocinazo, a nuestras infancias de ciudades y pueblos con tendidos ferroviarios activos y fuera de todo debate respecto a su existencia. Simplemente porque era un orgullo popular contar con ellos. Y sanseacabó.

Las bocinas se diluyen, el tren finaliza su parada y vuelve a emprender camino. Su último viaje a Pehuajó.

Triste despedida de un ramal que acaba de cerrarse. En las imágenes que algunos amigos facilitaron, se ven algunos guardas que, con un puñado de ciudadanos amantes del ferrocarril, y un solo medio comunitario, bancaron en estoica soledad este abrazo simbólico en Haedo a una conexión fundamental para numerosos pueblos y ciudades del interior del centro-oeste de la provincia de Buenos Aires con el conurbano y la capital federal.

El evento en sí era (y fue) de una profunda tristeza… pero para los trabajadores ferroviarios allí presentes, doblemente doloroso fue el grado de indiferencia brutal de la propia comunidad. Poderoso signo de nuestro tiempo.

Ofrecemos, por un lado, un compendio de videos que circularon por redes sociales del paso de esta formación con destino final Pehuajó. Incluso su paso ya de noche por la estación de Mercedes, el pedido desesperado del compatriota que filmó ese momento. Y un necesario cierre a cargo del intendente de Pehuajó, Pablo Zurro, señalando a los responsables directos de estas decisiones. Vale la pena escucharlo hasta el final.

Como complemento para el ejercicio de la memoria colectiva, les dejamos el link para que puedan mirar (o volver a mirar en caso que ya lo hayan hecho) el documental de Pino Solanas respecto al derrotero, apogeo y ocaso del sistema ferroviario argentino. “La Próxima Estación”, del año 2008.

Evoco, precisamente al eterno Fernando “Pino” Solanas, cuando afirma en el epílogo de su imprescindible documental “La Próxima Estación” su fe en la recuperación del ferrocarril:

“Los trenes volverán, como vuelven los días, los meses, las estaciones.

Los trenes volverán para seguir uniendo pueblos, regiones y ciudades.

Los trenes volverán como van y vienen los pasajeros, las cargas y mensajes.

Los trenes volverán, con la misma regularidad de los que trabajan, los que estudian, los que viajan.

Los trenes volverán, simplemente por el placer de viajar.

Como el agua, la luz o el amor, no es posible vivir sin ellos”.

Un comentario en «El último tren»

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