Los medios propios y ajenos se pasan el día difundiendo lo que dice el topo y su banda, comentando sus martingalas (petardos que desvían la atención del saqueo real). Nos gastamos en palabras y sumamos bronca, pero no hablamos en serio, en tanto cuestionar el poder profundo. Falta aún la voluntad organizada para modificar lo más importante: cómo se distribuye la riqueza socialmente creada.

Necesitamos que nuestros referentes en gestión coordinen la resistencia. Superar los discursos energizantes y grandilocuentes, pero sin consignas claras para organizar la salida de la crisis. No podemos depender de  reacciones esporádicas de contragolpe. Sí en cambio, planificar el combate real en profundidad y midiendo los tiempos ante  la agresión diaria a que somos sometidos.

Muchos trabajadores esperan aún el milagro de la dolarización prometida, sin idea de qué es y para qué sirve el “cepo” . Esto es, ni más ni menos que un control estatal de cambios, evitando que se lleven los dólares guardados en el Banco Central.

No hablamos de la inmensa tasa de ganancia empresarial: aquí es normal un 40% en pocos meses, lo que en países serios no supera los 2 o 3 puntos. 

La pobreza de unos ES la riqueza humillante de otros

Se valora el número falso de la inflación en baja como placebo ante despidos, quitas de medicamentos, cierre creciente del Estado, reforma constitucional, desmantelamiento de la seguridad social.

La inflación es también un síntoma de la lucha de clases: unos reclamando salarios para valorizar su trabajo, otros subiendo los precios para quedarse con una porción mayor de la torta que la mano de obra amasa.

El gran retroceso empezó con una masacre en la dictadura militar. Los partidos y organizaciones sociales no impidieron en 40 años (y algunos incluso fomentaron) la concentración de la riqueza y una amplia libertad para la circulación de capitales.

Nuestro mejor gobierno creía que garantizando altas ganancias se aseguraba que los exportadores, oligarcas y monopolios tolerasen al peronismo. No lo hicieron durante 80 años con varias generaciones de asesinos, ¿Por qué habría de ser diferente ahora?.

El capitulo actual de la guerra civil unidireccional, cosecha los años de pobreza por ineficacia de un gobierno de bandera peronista y con límites liberales. La carencia de conducción augura una temporada de indefiniciones entre un experimento de desmantelamiento industrial y estatal e implosiones sociales, coyuntura de múltiples conflictos sin una síntesis política capaz de superar errores y balancear derrotas para extraer soluciones de salida.

Es posible un programa de transición desde un movimientro fragmentado?

Viviremos aún erupciones por un raterito condenado a depredador de sus semejantes,  mientras será invisible el robo diario de millones de dólares por enjuagues financieros del poder y sus cómplices.

No podemos perder un minuto más en internismos y fraccionalismos. La única voluntad debe ser unir fuerzas y elaborar un camino de esperanzas a la vez que preparamos la organización y el plan para hacerlo posible. En un cuadro de deuda externa para todos y todas. De clase dominante colonial y fascista, como todo burgués asustado.

Ahí está la experiencia del movimiento obrero que quiere y puede pelear, sin compromisos con empresarios, embajadas o círculos rojos. Ahí las organizaciones sociales y su práctica de armar barrio. Ahí el movimiento de género y diversidades. El colectivo universitario está entero y ha hecho una valiosa vivencia de movilización social. Hay grupos de empresarios y comerciantes que no creen en milagros destructores de derechos laborales.

No todo nuestro pueblo acepta ser una colonia o proyectar como un paraíso a la gusanera de Miami. Malvinas es una herida abierta. Es el mismo pueblo que sale por una camiseta celeste y blanca, si el jugador pone todo en la cancha.

Programa mínimo, equipo para ejecutarlo y al final los candidatos para conducirlos. No los enganchados… sino las y los mejores.

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