Si recorremos el mundo, podremos observar que la mayoría de los países no se encuentran bajo un régimen fascista. Lo visible en muchos, sino en la mayoría de los regímenes democráticos es que dentro de sus esferas comunicacionales se emplean, consciente e inconscientemente manejos propios del fascismo y totalitarismo para poder explotar las emociones de colectivos de diferente inserción social.

El fascismo es autoritario, pero también un régimen puede ser autoritario por fuera del fascismo.  Este régimen es controlado prácticamente por un solo individuo donde todo gira en torno del interés del gobernante y contrario a los intereses de los gobernados. Funciona con indiferencia y menosprecio hacia todas las leyes positivas, entre ellas las constituciones nacionales e incluye leyes que él mismo haya creado.  El poder del gobernante es arbitrario y elude los límites de la ley, pero se vale de una aparente legalidad lograda mediante la transformación de las leyes y las instituciones, buscando al mismo tiempo el consenso popular. Y, algo importante, intenta lograrlo utilizando el miedo y el terror para no alcanzar un inexistente caos futuro.

Tanto el fascismo como el simple autoritarismo son una respuesta a una crisis (económica, política, social) que proporciona a los sectores medios y bajos de la sociedad la esperanza de la participación y la expresión. Aunque mientras sostiene esta ilusión, mantiene inalteradas las causas profundas que generan descontento. Una vez en el poder los defrauda, quitándoles su derecho a cambiar las relaciones de poder, dejando intactas todas las condiciones determinadas por los intereses de los monopolios económicos que siempre tienen relación con el capitalismo y el imperialismo.

Si por ejemplo analizamos el llamado “modelo de la democracia universal”, EE.UU., vemos que su actual presidente Donald Trump, tiene fundamentos ideológicos que son netamente del pensamiento de derecha extrema donde se destaca el racismo, la discriminación, el nacionalismo, las ideas conservadoras, la homofobia, el machismo, entre otros rasgos característicos del fascismo. No por eso se dice que es un régimen fascista.

En Argentina, el presidente Javier Milei desde que asumió en 2023, ha llevado a cabo reformas en el seno del poder Ejecutivo, siendo el desmantelamiento del Estado (“soy el topo que lo destruye desde adentro”, dijo). Uno de los elementos identificativos de las políticas económicas adoptadas por el primer mandatario, que se autodefine como “anarcocapitalista”, calza perfectamente con la denominación de fascista. En 2024, Milei cerró 13 ministerios, dejando sin trabajo a unos 30.000 empleados estatales que fueron despedidos o cuyos contratos no fueron renovados.

Los objetivos que propuso eran reducir la inflación y reactivar el crecimiento económico del país; pese a ello, a un año de su mandato Argentina sigue atravesando una fase dramática. Según el propio instituto Nacional de Estadística, han entrado en la pobreza 5,5 millones de personas a lo que se suma que 52,9% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, siendo la cifra más alta de los últimos veinte años. Además de la pérdida del poder adquisitivo, aumentó la desigualdad en la distribución de la renta y se desplomó el consumo.

El principal objetivo declarado de las políticas económicas es reducir el déficit fiscal y frenar la inflación. Sin embargo, estas medidas de ajuste han tenido un impacto directo y negativo en los sectores más vulnerables de la sociedad. Los más golpeados han sido especialmente jubilados, trabajadores públicos y aquellos dependientes de programas sociales. Al recortar subsidios y ayudas sociales, ha acentuado las desigualdades y ha puesto en una situación aún más precaria a los sectores que ya enfrentaban dificultades económicas.

Lo perverso se da cuando el actual Presidente veta una ley de modestos alcances económicos, como la de movilidad jubilatoria que había aprobado el Congreso, y anuncia que lo festeja con un asado. Festeja el

privar a otros de algo.  Parece la resultante de alguien que fue maltratado y ahora puede maltratar.

Lo llamativo o grave, es que no festeja solo. Un sector del cuerpo social también festeja; argentinos que en forma abierta o a escondidas, también celebran lo que les pasa a otros. Pero no es algo nuevo, es simplemente el retorno a través de los tiempos de la vieja idea conservadora clásica: la crueldad. Y el disfrute de la misma, le agregaría.

Desde que asumió el nuevo gobierno, ha ido creciendo una retórica agresiva, clasista y regresiva de la justicia, con la cancelación de la memoria colectiva, de la verdad histórica, modificando la historia para relativizar y banalizar inhumanamente las consecuencias del terrorismo de Estado, adhiriendo a las corrientes negacionistas y apologéticas de la dictadura militar. Uno de sus primeros deformados avances comenzó caracterizando tanto a Hipólito Yrigoyen como a Juan Domingo Perón como “zurdos”.

Argentina era respetada en el Concierto de las Naciones, y tomada como ejemplo por sus avances sobre los Derechos Humanos. Pero llegó el cambio. No fue casual que el mismo 24 de marzo de 2024 el gobierno de Milei difundiera un video de trece minutos.  Casi en sincronía fue replicado por los principales medios de comunicación. En el mismo se reivindicaba la llamada “verdad completa” sobre los años 70, es decir, el punto de vista de los militares golpistas, negando la verdad histórica y judicial, perfectamente documentada. Comenzaba una etapa de negacionismo con la que se deslegitimaba el marco histórico legal de la responsabilidad de militares y civiles responsables de delitos de lesa humanidad durante la dictadura. Así las cosas, como la cizaña que se siembra día a día.

El discurso reaccionario tuvo un alto grado de aceptación e impacto en la clase media. La conservación de privilegios, el miedo a caer entre los sectores pobres, y el identificarse con las clases dominantes, especialmente en situaciones de presión y crisis como la que se vivía, dieron sus frutos.

Lo mismo se repitió entre muchos integrantes de los sectores populares que ven en las clases pudientes una especie de modelo de salvación o a imitar. Sumado al resentimiento ante su situación caracterizada principalmente por su deseo de entrar en los círculos más altos en la pirámide social, los hizo adherir a discursos que imaginaron útiles para llegar a ser como ellos.

En síntesis. La población se dejó encantar por discursos reaccionarios y pasado el primer año de gobierno el resultado no ha sido positivo. Resultó ser lo que se percibía con antelación, simplemente un engaño de la derecha radical.

No tenemos instalado un régimen fascista como tal. Aunque tenemos un gobierno que adopta rasgos característicos del mismo, tales como el racismo, las ideas conservadoras, la discriminación, la homofobia, el machismo, la supremacía social, etc.  De cómo actuemos podrá germinar la posibilidad de modificarlo.

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