Como expresaba María Elena Walsh en su canción: “Me dijeron que en el Reino del Revés, nadie baila con los pies. Que un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres…”

En la última quincena de febrero vimos pasar al titular del Ejecutivo Nacional, por una cripto estafa, una “entrevista” burdamente manipulada, el romper relaciones diplomáticas con Ucrania, nominar por decreto dos jueces a la Corte Suprema y amenazar a un gobernador. Y sobre el cierre, en la apertura de sesiones dentro del Congreso, la agresión de Santiago Caputo, uno de los “segundones” del presidente, pero sin cargo, al diputado Facundo Manes. Si eso le sucedió a un diputado, imagina lo que te puede pasar a ti.

Volviendo al último punto de sucesos previos, Milei se montó en el caso de Kim, la nena de 7 años asesinada en La Plata, y como siempre, se expresó en su cuenta de red social X. «Dado que la Provincia es un baño de sangre, y nuestra visión sobre cómo afrontar el problema es tan distinta y usted claramente no puede resolverlo (si no pudo administrar un bar menos una provincia), dado que está admitiendo su fracaso, si le interesa el bienestar de los bonaerenses córrase del camino (esto es, renuncie) y déjenos intervenir la Provincia», escribió el Presidente.

Es más que obvio que este tipo de hechos causan mucho miedo, y es algo natural que ocurra. No se le puede pedir a un familiar que está de luto que mire las estadísticas, pues sería un sinsentido. Es lógico que ante casos como éste, y encima altamente mediatizados sobre el público, causen pavor.  Lo que sí resultaría positivo para la sociedad sería que, tanto los periodistas como los políticos fueran más responsables en el tratamiento de estos casos.

Ante los ataques del mandatario nacional, que le pidió la renuncia, mostrándole su interés de intervenir a la provincia de Buenos Aires y apuntando contra la gestión, el gobernador Kicillof respondió «Milei es el principal responsable del narcotráfico». «El incremento de la violencia y el crimen está asociado al avance del narcotráfico. Para llegar a nuestros barrios, deben pasar 1500 kilómetros. Esto es responsabilidad del gobierno nacional (…) No puede controlar el contrabando en Salta y dice que resolverá los problemas en la provincia”.

Por nota, desde la Rosada se le pidió al gobierno bonaerense en su momento, 80 patrulleros para asistir a la problemática en Rosario. Datos duros.

Frente a semejante situación, el pasado viernes 28, los gobernadores peronistas salieron a respaldar a su par bonaerense, Axel Kicillof, ante los ataques de Javier Milei y su intentona de empujarlo a que renuncie, en sintonía con su amenaza de intervenir la provincia de Buenos Aires. Algunos sectores del radicalismo también lo apoyaron y hasta habitualmente callada CGT, se sumó al respaldo.

Por cierto, los requisitos establecidos y el contexto necesario para una intervención de la provincia de Buenos Aires insinuada por Milei, parecen no caber en lo enunciado en la Constitución Nacional. Pero uno no está seguro sobre cuánta atención se le presta a la Carta Magna, aunque lo que sí está claro es que esta administración de Gobierno siempre lleva al extremo de la interpretación cualquier legislación, hasta dejarla al borde de perder todo sentido en cuanto a su institucionalidad y coherencia.

Si vemos los fríos números, la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes en la provincia de Buenos Aires (4,4), es la menor en 20 años y, durante el gobierno de Axel Kicillof, la misma bajó. Nuevamente aportamos datos duros, no es opinión.

No hay “un baño de sangre”, como dijo el presidente.  En realidad, pese a los problemas que nos rodean, hace años que la tasa de homicidios está en baja en nuestro país.

Eso no significa que no exista inseguridad, porque la hay. Ni que estemos bien, porque tampoco lo estamos. Siempre es importante poder exigir más para mejorar. Pero si no llegamos a entender que las noticias dejaron de concebirse como mera información, para convertirse en una mercadería más del mercado, estaremos muy complicados. Las empresas de noticias harán cualquier cosa por un punto más de rating, por conseguir más anunciantes. Incluso tergiversar datos concretos de nuestra realidad.

Los datos deben ser más importantes que el discurso sensacionalista y que el manejo de las noticias que vemos.

Siendo un poco serios, sería interesante que el gobierno nacional, en vez de usar políticamente el dolor de una familia, tuviera la entereza de colaborar con todas las provincias para combatir aún más la inseguridad y mejorar la calidad de vida de la gente.  Pero si observamos su “preocupación” por la salud, la educación, los trabajadores, los jubilados… nuestro anhelo ya podemos entenderlo como un objetivo imposible, al menos mientras Milei esté sentado en el sillón de Rivadavia.

Más aún, cuando en el discurso en la Apertura de Sesiones del Congreso, el jefe de Estado remarcó que “la economía no para de crecer desde abril”, cuando los informes oficiales del Indec contradicen sus propios dichos, o que su gobierno sacó a 10 millones de personas de la pobreza, o el remarcar la baja de la inflación (mientras que la inflación en alimentos consumidos dentro del hogar ascendería a 4% en febrero), su irresponsabilidad es absoluta y de ese rumbo no hay expectativas que retrotraiga su andar.

Mientras todo esto acontecía, el gobernador Kicillof había adelantado en conferencia: «Instruí al asesor de gobierno para que conjuntamente con el fiscal de Estado de nuestra provincia formulen una denuncia penal para que se investigue la posible comisión de delitos contra el orden constitucional y los poderes públicos de la provincia».  Y durante su discurso, sostuvo que «hará falta la unidad para defender la democracia».

Esta última frase, retumbó en mis oídos porque creo que si no salimos del letargo, la salida de esta ciénaga para nuestra sociedad, después va a resultar casi imposible.

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