El desenlace de la trama completa, a la larga, es harto sabido y aburre y fastidia tener que volver a padecerlo. Así lo ha decidido una robusta porción del conjunto de la sociedad, naturalmente, con todas sus miserias a cuesta.

 El gobierno celebra, grotescamente como ya es norma, en este caso su propio fracaso, al sucumbir su decisión tantas veces repetida de no tener que “retocar” al dólar. Es innegable que Washington volvió a proveer una ayuda a priori insólita, violando todo precepto de cuidado frente a un incumplidor serial como somos nosotros. ¿Para qué negarlo? ¿Acaso es un mérito jactarse por el contrario, de ser “pagadores seriales” de deudas ilegítimas y fraudulentas?

Navegar un destino nacional entre ladrones y timoratos, no puede llevarnos de ninguna manera a buen puerto.

El gobierno y sus economistas juraron no devaluar; lo juraron cada día y en cada entrevista presidencial con sus mascotas. Y los explosivos que iban a poner en el banco Central se transformaron en fortalecerlo, chitos la boca, convirtiendo una deuda en pesos, intraestatal, en otra en dólares. Una vez más… y como el grueso de nuestros compatriotas, absolutamente como si nada.

Vale la pena, por caso, compartir un texto de Ezequiel Adamovsky:

“Cuando hay gobiernos de derecha no se devalúa, se flota / No se declara default, se reperfila / no sube la inflación, disminuye la velocidad en que baja / no aumentan los precios, se corrigen / no suben las tarifas, se sinceran / y se toman préstamos… que no te endeudan”.

También es innegable que luego del levantamiento del cepo no hubo terremoto alguno, contra lo que alertaban frenéticamente los sectores periodísticos críticos al gobierno nacional, y en ese contexto, ¿Hasta dónde es visto como un papelón todo el retroceso gubernamental ante el FMI? ¿O será que esa numerosa parte de la sociedad que le regala imagen positiva a Milei contra viento y marea, también en estas circunstancias elegirán aferrarse a “creer”?

En breve se dilucidará si los exportadores no amarrocan cuando haya terminado la liquidación de la cosecha gruesa, queda entonces un saldo favorable como para seguir tirando hasta octubre, y acaso acumular reservas. O se verá si empiezan a fumarse antes los dólares frescos del Fondo, que es en lo que Toto Caputo tiene amplia experiencia…

Estados Unidos estirarán nuestra agonía, bancando los trapos financieros, so pena de que el experimento argentino vuele por los aires, cuando se trata de la punta de lanza yanqui en la región. O bien, la conclusión será en un período corto a mediano, puesto en riesgo con una inflación que podría decir lo suyo en pleno año electoral.


Indefectiblemente, colisionará la fantasía hecha realidad de poder comprar todos –o casi- los dólares que la clase media quiera, con la realidad tangible de la suba de precios que erosionan ingresos, sin que nuestros salarios los puedan seguir. Eso VA a chocar, junto al fracaso inflacionario.

No obstante, la derecha libertaria sigue robusta, y la macrista oscila entre cuestionarla o sumarse como furgón de cola, debidamente acomodaticio en un mega plan de negocios. “Ahora hay para todos, muchachos, súmense!”.

Parecería que el máximo anhelo argentino sería que la inflación no suba más –todavía- con lo cual se cristaliza una pésima distribución del ingreso.

Pero volvamos a decir todo: Este escenario sigue exponiendo la carencia propositiva de la oposición que realmente actúa como tal. La otra… ¿Qué contradicción puede tener?

Quienes se oponen a Milei corren detrás de todas las acciones y provocaciones que suscitan los integrantes de la mesa chiquitísima que imparte lineamientos desde Balcarce 50. ¿En cuánto incide en esa ausencia de propuestas alternativas la falta de un liderazgo unificador por parte de la oposición que se percibe más auténtica? ¿Habría esta lucha desaforada sobre quién conduce al peronismo, si estuviera más claro qué quieren edificar como opción?

El acuerdo recientemente establecido con el FMI debería servir de parteaguas nacional. ¿Qué se hará con este atroz endeudamiento externo? No hay ninguna chance de formular un programa de gobierno serio y alternativo al vigente, si no se responde, entre otras, a esa incógnita. Y van otras, también esenciales: ¿Se hace un pagadiós, con cuál fuerza política y social? ¿Se convoca a quiénes para un acuerdo político nacional que se avizore más o menos confiable y perdurable, sin besos de Judas a diestra y siniestra? ¿Se ofrece un esquema de pagos atado a posibilidades reales de generación de divisas, sin por ello seguir estrictamente dependientes de primarizar nuestra economía? ¿Se cambian drásticamente las relaciones externas y se toma nota del mundo multipolar? Y mientras tanto, ¿Cuál programa concreto se ejecuta para asistir a los desposeídos eternos y la producción de un mercado interno capaz de no depender de cabezas dolarizadas?

Si no hay quienes tengan esas respuestas en la clase dirigente, que vayan a marchar a cuarteles de invierno para dejarle la posta a otros que vienen pidiendo pista desde atrás. O  que vayan a llorar a la Iglesia, cuando arriba un impresentable a reproducir, con métodos pornográficos, el mismo escenario de toda la vida. Con sus paréntesis “populistas” que, nada casualmente, fue cuando la gente mejor la pasó. Lo vean o no.

Como se leyó en un posteo bastante reproducido en las redes sociales… el odio antiperonista nos viene saliendo carísimo.

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