Que las internas fueron claves en las derrotas populares es una verdad de perogrullo, si arrancamos muy atrás en nuestra historia hay que decir que la conquista española hubiera sido imposible sin las divisiones de los pueblos originarios.

Viniendo al siglo XIX las divisiones entre el porteñismo (Federal o unitario) y el Provincialismo (Federal o unitario)[1]  llevaron al país una guerra civil que retraso su unidad hasta pasado 1860, además claro está de producir esa unidad con una hegemonía “mitrista” que se alineaba con los intereses británicos.

En el siglo veinte si de internas se habla, podríamos mencionar a los “radicales antipersonalistas” y “socialistas independientes”[2] que se unieron al partido conservador para derrocar a Yrigoyen, por dar un ejemplo. O la otra radical entre la UCR del Pueblo y UCR Intransigente que dividía aguas bajo tutela militar y peronismo proscripto.

Hay que decir que las internas no respetan ni las amistades ni las familias, las amistades se destruyen y las familias se parten ante este fenómeno.

Argentina y la interna peronista

En el peronismo las internas son una constante, por dos razones básicas: la primera es que es el movimiento popular más grande de la historia argentina, la segunda es que actuó siempre como movimiento y el PJ fue sólo un instrumento electoral.

Un movimiento siempre engloba sectores diversos porque su génesis siempre es la confluencia de varios grupos, entonces no hay otra forma de lograr hegemonía dentro del mismo que mediante la acción práctica, porque no hay reglas a priori aceptadas universalmente.

Si nos atenemos a un análisis clásico, podemos decir que el kichnerismo es una corriente dentro del peronismo, pero la misma tiene una particularidad: ha influenciado al movimiento popular al grado de atraer sectores no peronistas.

Los K

Néstor y Cristina pasaron de ser personajes políticos de una provincia distante, a líderes de un proyecto nacional y popular que nuestra burguesía daba por muerto y enterrado.

Claro está que desde un primer momento, pasado algún segundo de sorpresa, la derecha trabajó para volver a “enterrar” el fenómeno y si pensamos en el intento de homicidio de Cristina, la cuestión no sólo fue simbólica.

Y claro, la interna ayudó mucho a la derrota del 2015 que se plasmó desde el vamos con Scioli como candidato a presidente. Pero lo más básico que falló para impedir la profundización del modelo kirchnerista o proyecto burgués distributivo o nacionalismo popular o  (siguen los nombres), es una burguesía o clase propietaria que lo sostenga.

Así volvimos en el 2019  con el mismo proyecto pero con más límites y por supuesto con más internas.

Kicillof y la provincia de Buenos Aires

A don Axel habría que felicitarlo no sólo por su trabajo en una provincia donde la herencia de Daniel Scioli, multiplicada por diez por María E. Vidal, lo empujaba al abismo, sino por su poder para esquivar internas. Claro que “Superman” no existe, e increíblemente cuando arreciaba la ofensiva “mileísta”… la interna le estalló en la cara.

La verdad, costaba entender cómo frente a tanto gobernador “del palo” en genuflexión ante el poder central, unos tipos con “peronómetro” lo cuestionaban por no hacer «peronismo»…

Entonces todo lo que hacía el gobernador estaba mal; si auxiliaba con  policía a un Rosario en llamas, porque no nos consulta antes; si no se mete a apoyar a Cristina en la interna del PJ, es un desagradecido y así hasta llamarlo traidor, etc.

La cuestión de pronto se frenó o se aplazó porque Cristina presa es suficiente para que todos entiendan que la dupla Milei-Macri viene por todo, y no sólo ellos: es el sistema con sus monopolios imperialistas al frente.

Y en Morón, ¿qué pasó?

Aquí gobierna el mismo frente electoral que en la provincia, como todos saben, pero con una particularidad: existe una fuerza que no es el PJ que lo hegemoniza. Se llama Nuevo Encuentro.

La fuerza es comandada a nivel nacional por Martin Sabbatella, que está alineado con el kirchnerismo, siendo Cristina y Máximo Kirchner sus referentes principales.

Las posiciones de Martin hacían que Lucas Ghi, intendente de Morón y su hijo político, no concurriera a muchas de las convocatorias de Axel Kicillof. Esto comenzó a tensarse hasta que se rompió.

Así, dirigentes históricos como Lucas Ghi y Hernán Sabbatella (hermano de Martin) quedaron del lado del gobernador Kicillof, y Martin y Diego Spina del otro «bando».[3]

Hay que decir que esta no fue la primera fracción dentro del sabbatellismo, ya históricos como Adrián Grana y José Campagnoli se habían enfrentado con él y hoy se los puede ver de vuelta por Morón, acompañando al intendente Lucas Ghi.

Uno de los primeros rounds de la pelea fue cuando ante la divergencia en cuanto al alineamiento de Lucas, Martin le pidió que renunciara para dar paso a Diego Spina, cosa que Ghi no hizo.

Lucas comenzó un contrataque o su defensa, planteando una lógica de conducción política: «el intendente soy yo y el que no está identificado con la gestión tiene que dejar su puesto político».

Así fue como se dieron batallas épicas entre quienes se abroquelaban y no le respondían al intendente, y otros que creían en Ghi y su adhesión al Movimiento Derecho al Futuro, orientado por Axel.

La conclusión fue la salida del “Martin Sabbatellismo” de la gestión de la intendencia en medio de acusaciones de traiciones varias.

Epilogo

Hoy Lucas Ghi recibe la adhesión de una buena parte del viejo Nuevo Encuentro, de la mayoría del peronismo y como nuevo fenómeno el apoyo del movimiento obrero (CGT y las dos CTA’s).

Martin Sabbatella plantea volver a Morón desde hermosos afiches y el apoyo de Máximo, en el medio de una “Fuerza Patria” recientemente conformada que se plantea “Unidad o Derrota”.


[1] La división revisionista que pone el acento en que los unitarios serian la anti patria y los federales los adalides de la unión nacional es bastante falsa o por lo menos cuestionable

[2] Las nombradas eran fracciones dentro de sus propios partidos formaron partidos autónomos y luego terminaron fagocitados por el Partido Conservador.

[3] Diego Spina hombre clave en el gobierno tanto de Martin como de Lucas

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