Los de siempre: la política como propiedad privada
Hace algunos meses, en la primera entrega de esta columna, hablaba de un Morón detenido: con potencial, pero atado a una forma de hacer política agotada. Hoy, después de las elecciones legislativas de medio término para concejales, ese diagnóstico no solo se confirmó: se profundizó.
La oposición volvió a perder frente a una gestión desgastada, y lo hizo por tercera vez consecutiva. ¿La razón? Insistieron con los mismos candidatos que la gente ya había rechazado. No hubo renovación, ni apertura, ni escucha real. Solo repetición.
Lo que más preocupó fue la distancia entre los vecinos y sus representantes. La representación debería comenzar así: “te conozco, me gustan tus ideas, te voto, ocupás la banca”. En cambio, volvió a ocurrir lo contrario: candidatos que aparecieron desde arriba, producto de un sello partidario, sin que el vecino pudiera elegir realmente a los mejores.
El error de representación se manifestó una vez más de arriba hacia abajo, cuando debería ser exactamente lo contrario. Los políticos se disputaron un lugar en la boleta como si se tratara de un botín o una caja de seguridad personal que garantiza ingresos durante cuatro años. La boleta volvió a ser un fin en sí mismo, no un medio para llevar la voz del vecino.
La calidad de la oferta política local fue pobre, y lo reveló todo:
• Dirigentes que llevan veinte años en las mismas órbitas, como si el cargo fuera un escritorio vitalicio.
• Candidatos que nunca trabajaron en el sector privado y desconocen el esfuerzo cotidiano de los vecinos.
• Algunos que buscaron su cuarto mandato, cuando la ley es clara: solo permite dos.
• Otros que fueron eternos candidatos, reciclados en cada elección.
• Y, como si fuera poco, muchos se publicitaron por “no ser corruptos”. La honestidad no puede ser un eslogan; debería ser condición básica. Después de haber ocupado una banca, es lo mínimo que el vecino espera.
Con esos candidatos, no hubo cambio posible. Fue más de lo mismo. No hubo proyectos colectivos ni ideas que despertaran entusiasmo. Predominaron las ideas en el aire: videos repetidos en las mismas esquinas, discursos prestados y propuestas vacías. Los candidatos actuaron más como cronistas de lo ya pasado, comentando los baches del municipio o la inseguridad que el vecino padece todos los días. Pero el vecino no necesitó que le contaran lo que ya vive: necesitó que alguien lo represente con visión, compromiso y capacidad de transformación.
Esta nota fue escrita con la ayuda de inteligencia artificial. Y si pudimos usar IA para ordenar ideas o redactar una columna, también deberíamos poder usarla para modernizar la gestión pública y mejorar la vida cotidiana de los vecinos. Nadie en esta campaña mencionó la palabra IA, que ya está cambiando el mundo.
Del otro lado del mostrador está la ciudadanía, un tema al que hay que ponerle foco. Con firmeza, y con la experiencia de haber estado en una banca, digo: la crítica sin compromiso es estéril. No alcanza con señalar; hay que aportar. No es justo exigir sacrificios a quienes se animan a involucrarse en una actividad que cada día pierde más prestigio, exponiéndose públicamente, si después se los critica desde la tribuna mientras otros continúan en su actividad privada generando ganancias.
Tampoco es justo que se gestionen millones en nombre de lo público, con responsabilidad y compromiso, pero se paguen sueldos de repartidor de pizzas. No se puede pedir profesionales de primer nivel y remunerarlos como aprendices. Al menos, eso pasa a nivel municipal.
De cara al 2027: ¿seguimos en pausa o nos ponemos en marcha?
Si queremos que Morón tenga proyección, debemos actuar ahora: proponer programas concretos para los próximos diez años y exigir transparencia junto con el uso real de la tecnología en la administración. Un cambio de 180 grados es indispensable. No hay atajos ni parches: o nos comprometemos todos de cara al 2027, o esto no cambia.
En lo personal, mi compromiso público y vocacional sigue intacto. Estoy dispuesto a apoyar, con mi equipo, al candidato que mejor represente el cambio que Morón necesita, o a aquel que gane una interna abierta de toda la oposición, en la que los vecinos realmente elijan a su mejor representante. El compromiso debe ser colectivo, no individual.
Morón no puede seguir en “stand by”. Es tiempo de decisión, responsabilidad y trabajo compartido. Y si no actuamos, la historia se repite. Hagámoslo pensando en nuestros hijos y en nuestras familias.
Una simple opinión de alguien que pasó por ahí y hoy es un vecino más.


El oficialismo partido es poco menos que un desastre bien maquillado por una victoria mínima.
La oposición mayoritaria, actualmente de corte fascista, no puede ser una opción socialmente sana, jamás, ni en Morón ni en el mundo entero
Otras opciones locales tenían figuras valiosas que no pudieron conectar con el grueso de los vecinos, ni tener la difusión suficiente de sus ideas, maxime en un escenario harto polarizado.
La mayor diferencia porcentual, decisiva, de la que se valió el oficialismo local, se concentro en Morón, precisamente el área por lejos donde menor concurrencia a votar hubo. Eso es un datazo. Comerciantes, profesionales, asalariados medios que seguramente se la jugaron por esa rareza que era LLA en 2023 y que está vez decidieron mandar todo al carajo y quedarse en sus hogares.
El futuro no es luminoso, solo se ven roscas entre el plantel estable de la política moronense desde los años 90 al presente.