El gol tempranero de Ayrton Costa y la gran actuación de Marchesín fueron claves para que el Xeneize avanzara y ahora quede a la espera de Racing o Tigre por un lugar en la final

La imagen del final del partido, con toda la Bombonera cantando ese clásico “Dale Boca, dale Bo”, es la que resume lo que se vivió: una noche cargada de nervios, intensidad y emoción, de esas que tranquilamente podrían pertenecer a otra época del club.

Este Boca, que acumula seis victorias seguidas, está lejos de ser una casualidad. Aunque sufrió para sostener la ventaja obtenida a los cinco minutos gracias a Costa, volvió a mostrar avances en su funcionamiento y dejó claro que su crecimiento no es solo una racha.

En el primer tiempo se vio un equipo solidario, donde cada jugador aportó en la recuperación y en el esfuerzo colectivo. Un ejemplo fue una larga corrida de Alan Lescano, que debió superar varias intervenciones antes de llegar a un firme Di Lollo, todo producto de los cortes previos de Costa y Paredes que lo fueron desgastando.

Boca intenta construir desde el juego. Paredes maneja los tiempos y distribuye, aunque sea con pases cortos, para darle sentido a cada jugada. Zeballos aporta desequilibrio, Merentiel siempre está al acecho para aprovechar errores rivales, Blanco suma profundidad por izquierda y hasta Palacios se contagia del ritmo general y se anima más.

No es un equipo brillante como otros que hicieron historia en la Bombonera, pero sí uno que transmite, convence y responde en los momentos difíciles. La diferencia respecto de partidos anteriores es clara, y explica por qué este Boca empieza a volverse confiable.

También demostró que sabe sufrir. Argentinos inundó el área de centros, se adueñó de la pelota y obligó a Boca a defenderse durante gran parte del complemento. El desgaste del primer tiempo y la falta de control en algunos tramos hicieron que el equipo tuviera que recurrir a su carácter. Ahí apareció Marchesín, quizás en su mejor noche desde que llegó al club, para evitar el empate en dos jugadas claves.

Es cierto: el final pudo haber sido distinto si Molina acertaba su cabezazo o si Porcel concretaba el mano a mano. Pero también está el factor fortuna, que siempre juega su parte en las noches de definición.

Si Boca consolida este nivel, especialmente cuando el juego pasa por Paredes y el resto acompaña, puede soñar en grande. Esta victoria deja bases claras para ilusionarse con pelear el título dentro de un par de semanas.

En tanto, después de empatar 0-0 durante los 120 minutos, la Academia avanzó gracias a un Cambeses brillante, que se transformó en el héroe de la madrugada en el Cilindro de Avellaneda

La noche terminó siendo eterna, cargada de tensión y emoción. A pesar de que era lunes y muchos deberían levantarse temprano, el estadio explotó igual que en las grandes citas. Será fácil reconocer este martes a los hinchas de Racing: poco descanso, pero pura felicidad. El equipo de Gustavo Costas volvió a demostrar su espíritu combativo y, aunque tuvo que sufrir más de la cuenta, terminó entre los mejores cuatro del Clausura.

El arquero Cambeses fue la figura decisiva de la serie. Atajó dos penales y sostuvo al equipo en varios momentos críticos, coronando una actuación espectacular.

El trámite del partido no fue sencillo para Racing. Parecía una noche complicada desde el arranque. Maravilla Martínez, que llevaba nueve encuentros sin convertir, tuvo por fin varias oportunidades claras… pero no logró aprovechar ninguna. Tres mano a mano contra Zenobio terminaron mal, incluso con definiciones que no suelen ser propias del delantero. Sin su 9 en sintonía, a Racing le costó muchísimo romper el cero.

Con el correr de los minutos, la ansiedad del local aumentaba y Tigre esperaba agazapado alguna contra para lastimar, aunque tampoco tuvo precisión arriba.

Fue un duelo totalmente cambiante, como ya había ocurrido ante River en octavos. Esta vez no hubo goles, pero sí un montón de situaciones, polémicas y giros inesperados.

En el cierre del tiempo regular, Arias fue expulsado por Merlos tras una dura entrada sobre Martínez. Luego, en el alargue, llegó la acción más discutida: en una salida fallida, el arquero de Tigre chocó fuerte a Conechny dentro del área incluso le abrió la boca, pero mientras el VAR revisaba la jugada, Martirena vio la segunda amarilla por un gesto hacia el árbitro. Una escena insólita que dejó a ambos equipos con diez.

Ya con 10 contra 10, Racing siguió yendo para adelante, aunque perdió profundidad por la derecha sin Martirena. Aun así, el cierre fue frenético. Sobre el final expulsaron a Sosa y la Academia quedó momentáneamente con nueve futbolistas. Y aun así tuvo una chance clarísima que Maravilla volvió a desperdiciar en el área chica. Tigre respondió con un cabezazo de Oviedo que se fue por arriba increíblemente.

Como ninguno pudo convertir, todo quedó en manos de los penales. Por primera vez en el ciclo Costas, Racing llegó a esta instancia. Cambeses arrancó tapándole a Cardona y encendió la confianza del equipo. Martínez, aliviado, convirtió el suyo y empujó la serie para adelante. La atajada a Laso y el remate final de Basso decretaron el pase académico a semifinales.

Racing avanzó con sufrimiento, pero fiel a su identidad: un plantel que se repone a todo y que juega con el carácter de un campeón. Deberá enfrentar a Boca con varias bajas importantes Sosa y Martirena suspendidos, Solari probablemente lesionado, pero con un espíritu competitivo que no se negocia.

Una vez más, Racing demostró que, aun con el corazón en la mano, nunca deja de pelear.

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