En una final cargada de tensión y dramatismo, igualó 1-1 ante Racing en el tiempo añadido y luego se impuso 5-4 en la definición por penales para quedarse con el Torneo Clausura. El León, que había ingresado a los playoffs casi de milagro, terminó celebrando un título que lo deposita nuevamente en la Copa Libertadores.

La consagración tuvo todos los condimentos que suelen acompañar a los grandes logros del Pincha: sufrimiento, resistencia y una capacidad asombrosa para levantarse cuando el escenario parece adverso. Racing estaba a minutos de quedarse con el campeonato tras el gol de Adrián Martínez, pero en el descuento apareció Guido Carrillo —de regreso tras una suspensión— para marcar el empate y forzar el alargue. Después, los penales terminaron de sellar una noche épica en Santiago del Estero.

El estadio Madre de Ciudades fue una caldera. La definición desde los doce pasos mantuvo a todos al borde del infarto: Estudiantes arrancó en desventaja tras el fallo de Cetré, pero volvió a demostrar una fortaleza mental extraordinaria. El remate de Pardo que dio en el palo inclinó definitivamente la serie y desató el festejo albirrojo, uno más en una temporada que tuvo de todo.

Este equipo fue dado por vencido en más de una oportunidad. Se repuso de la eliminación internacional ante Flamengo, superó conflictos institucionales y llegó a la fase final empujado por resultados ajenos. Desde allí, siempre jugando fuera de casa, eliminó a Rosario Central, a Central Córdoba, a Gimnasia en el clásico platense y finalmente a Racing en la final.

El partido decisivo no fue vistoso, pero sí intenso y disputado, fiel al ADN de ambos equipos. En ese contexto de lucha y desgaste, Estudiantes volvió a demostrar que sabe convivir mejor que nadie con la presión. Aguantó golpes, absorbió momentos difíciles y encontró la recompensa cuando parecía imposible.

Mucho de este logro lleva la firma de Eduardo Domínguez. El entrenador, cuya continuidad estuvo en duda durante el año, alcanzó su cuarto título en el club y confirmó su lugar en la historia reciente de la institución. Su planteo táctico neutralizó los puntos fuertes de Racing y le permitió a su equipo jugar el partido que más le convenía. El respaldo del plantel quedó reflejado en los abrazos y festejos tras la consagración.

En la tribuna, Juan Sebastián Verón vivió la final con la intensidad de un hincha más. Sufrió, gritó el gol agónico de Carrillo, celebró la atajada de Muslera en el alargue y explotó de emoción cuando se cerró la tanda de penales. Junto a él, más de 13 mil hinchas que viajaron hasta Santiago del Estero fueron testigos de otra noche inolvidable.

Hubo señales que parecieron anunciar el desenlace: el cabezazo salvador en tiempo de descuento, la mano decisiva del arquero para evitar el segundo de Racing y el penal que se le escurrió a Cambeses. Para algunos será fortuna; para otros, la mística que siempre acompaña al León. Lo cierto es que Estudiantes volvió a hacerlo. Contra todo y contra todos, fue campeón otra vez.

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