En un contexto político atravesado por la polarización, el avance de posiciones de derecha y una profunda crisis de representación, Margarita Stolbizer reivindica la vigencia del progresismo como una construcción basada en ideas y no en conveniencias electorales. La exdiputada nacional y presidenta del Partido GEN sostiene que la democracia exige diálogo, diversidad y consensos, y advierte que ningún gobierno ni ninguna realidad son definitivos.

“La polarización es una estrategia; el progresismo tiene más que ver con una idea. Por lo tanto, no son cosas que podamos comparar en una misma balanza”, plantea. Para Stolbizer, la Argentina atraviesa no solamente una fuerte polarización sino también “una tendencia muy fuerte a la derechización”, un escenario en el que el progresismo parece perder espacio.

Considera que la polarización lleva al electorado a elegir muchas veces “más con la idea de que no gane el otro que para promover una idea propia”. Frente a ello, reivindica una identidad política que no se construya desde el rechazo al adversario.

“El progresismo está afuera de la polarización, no solo como idea sino como estrategia también. Lo que nosotros impulsamos desde siempre es el diálogo, el encuentro, la construcción de consensos y, sobre todo, la diversidad, donde lo importante es poder conversar y acordar entre aquellos que no pensamos lo mismo”.

Igualdad, libertad y justicia social continúan definiendo al progresismo, aun cuando hoy sean puestos en cuestión por el Gobierno nacional. Frente a quienes sienten frustración, especialmente los más jóvenes, Stolbizer insiste en una idea que atraviesa toda la conversación: “Nada es definitivo”. “Los jóvenes no tienen derecho a frustrarse, a sentirse abatidos, porque esto no es definitivo. Estos se van a ir un día como se fueron los otros. También hay que entender que parte de la democracia es el cambio. La democracia tiene que ver con un poder limitado y con un poder temporal”.

La paciencia, entonces, aparece como una condición de la política progresista, pero no como resignación. “Hay que saber esperar, tener paciencia, con la tranquilidad de que uno se sostiene en la convicción de las ideas y no en la conveniencia de las estrategias. A mí me han propuesto muchas veces integrar otras cosas con buenas alternativas y me paro en lo que pienso”.

De todos modos, Margarita reconoce que esa posición no siempre resulta sencilla. “Es mucho más fácil dejarse llevar por la tentación del pragmatismo, de la conveniencia. Cuando uno tiene las convicciones firmes de lo que defiende, te pueden pasar todas las balas por adelante, pero uno no va a cambiar la posición”.

Una oposición que no se construya solamente contra alguien 

La conversación deriva hacia la posibilidad de construir una oposición capaz de enfrentar al Gobierno de Javier Milei. Stolbizer cuestiona la idea de conformar un frente cuyo único punto de coincidencia sea el rechazo al oficialismo.

“No me gusta la idea de los frentes opositores a nadie, ni a los anteriores ni a los que están ahora, cuando algo se conforma con la simple intención de hacer oposición al otro. La oposición no es un colectivo uniforme; tiene un componente demasiado diverso”. Por eso rechaza una alianza basada exclusivamente en el antioficialismo. “La conformación de una alianza, de un acuerdo, tiene que sostenerse en ideas, en compromisos democráticos y programáticos, y no simplemente en el ‘anti’ al otro”.

En el Congreso, explica, los acuerdos pueden establecerse en torno de proyectos concretos. “En algún momento uno puede votar con alguien y en otro momento puede votar con otro. Así es como se conforman los acuerdos”. El problema aparece cuando esa diversidad debe trasladarse al terreno electoral.

Al pensar cuáles podrían ser las ideas capaces de articular una mayoría social, la líder del GEN coloca en primer término la economía, precisamente el terreno que el Gobierno presenta como una de sus principales fortalezas. “Hay dos pilares que me parecen bastante razonables: el equilibrio fiscal, no gastar más de lo que entra, y la desaceleración de la inflación. Eso está bien. El problema es que desde el oficialismo nos plantean esos números de una macroeconomía que solo entienden ellos y que, además, por la distancia, no llegan al bolsillo de las personas”.

Para la exdiputada, la economía no puede medirse únicamente a partir de indicadores macroeconómicos. “La economía para la política tiene que estar relacionada con la vida cotidiana, con la economía del bolsillo de la persona”.

En ese sentido, cuestiona que la celebración de determinados índices económicos no contemple el deterioro del consumo, los salarios y las jubilaciones. “La gente no puede consumir porque no le alcanza el salario o la jubilación”. En este sentido, afirma que ello puede observarse directamente en el territorio. “Cuando caminamos, sobre todo en el conurbano, vemos las calles comerciales con cantidades de comercios cerrados. También están los emprendimientos que comienzan y no pueden continuar y la cantidad de pymes que cierran directamente o despiden”.

Por eso, Stolbizer no cuestiona la necesidad del equilibrio fiscal en sí mismo, sino el modo en que se alcanza. “Está muy bien sostener el equilibrio fiscal, pero ojo: ¿a costa de quién? En la Argentina, para sostenerlo se ajusta con los jubilados, con las universidades, con las personas con discapacidad, con los hospitales, con la educación y con la ciencia, mientras los sectores de altos ingresos siguen teniendo beneficios importantes”.

En esa discusión ubica una reforma impositiva como una deuda histórica. Considera que el sistema argentino es “tremendamente regresivo, injusto, y castiga con más impuestos a los más pobres”. El IVA, señala, constituye un claro ejemplo: “Es el impuesto que pagan todos por igual y eso no es justo”.

Educación, ciencia e instituciones 

Otro eje fundamental es la inversión en educación, ciencia, tecnología e innovación. Se trata, reconoce, de políticas cuyos resultados no siempre son inmediatos y que, por eso, suelen ser menos atractivas para quienes gobiernan.

“Poner el foco ahí es apostar al futuro. No voy a tener resultados en el corto plazo, durante mi gobierno, pero invierto en aquellas cosas que quizás no pueden verse inmediatamente. Siempre es más fácil el corte de cintas”.

En ese punto vincula educación, inseguridad y otros problemas estructurales que no fueron abordados oportunamente. El segundo gran eje que propone es el institucional.

“No por casualidad el Premio Nobel de Economía se lo dieron a quienes escribieron ¿Por qué fracasan los países?, donde claramente una de las preguntas es si las instituciones importan. Sí, las instituciones importan”.

Para la dirigente progresista, Argentina necesita inversiones y crecimiento, pero ninguna política de incentivos económicos puede reemplazar la necesidad de construir un país institucionalmente previsible.

“Una empresa en la Argentina no compite solamente con una empresa de otro país; compite dentro de un sistema económico e institucional. El inversor que tiene que firmar un cheque en el exterior mira cómo funciona la Justicia, cómo funciona la previsibilidad, la seguridad jurídica y todas las cuestiones que hacen a las instituciones”.

La preocupación se profundiza cuando analiza el vínculo entre el Poder Ejecutivo y el Congreso. “Acá no se respeta. El Presidente no cumple las leyes que sanciona el Congreso. El Congreso dice que hay que poner determinada cantidad de recursos en las universidades y no se cumple. Eso me parece una de las cuestiones más grandes”.

A la crisis institucional agrega una dimensión ética. “Tenemos un problema ético y moral muy fuerte, acompañado también por una degradación moral importante en la sociedad. La sociedad condena la corrupción en el discurso, pero cuando llega el momento de votar, con el tema de la polarización, termina votando a un corrupto”.

En ese sentido, sostiene que el actual Gobierno terminó reproduciendo algunas de las prácticas que había prometido combatir. “Hoy tenemos un gobierno que, lejos de estar combatiendo aquello que dijo que venía a combatir —los privilegios de la casta y la corrupción—, ha entrado y los hizo propios”.

Y sintetiza su crítica: “Solo cambiaron de beneficiarios. Siguen haciendo las mismas cosas y cambiaron de beneficiarios”.

Las consecuencias de los años 90 

La conversación retrocede hacia la década de 1990 y las transformaciones económicas y sociales producidas durante el menemismo. Stolbizer identifica allí uno de los puntos de partida de problemas que todavía condicionan al país.

“No nos olvidemos del inicio de la debacle en términos económicos y sociales. Fueron las privatizaciones de los 90. Descapitalizaron el Estado, pero además dejaron miles de personas en la calle”.

A su entender, muchas de aquellas consecuencias siguen presentes. “Eso todavía lo estamos pagando. El inicio de la corrupción, de los privilegios, de la frivolidad y del aprovechamiento del Estado como un botín tiene un origen”.

Su diagnóstico no se limita al escenario nacional. Stolbizer considera indispensable comprender que Argentina forma parte de un mundo interdependiente y que el crecimiento requiere producción, empleo e inversiones.

En ese contexto menciona el interés argentino por ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). “Es muy importante, por supuesto, pero no es gratis. Para ingresar hay que tener estándares de transparencia que Argentina no tiene”.

Para la dirigente, antes de cualquier estrategia internacional debe reconstruirse la confianza. “Hasta que no reconstruyamos un vínculo de confianza, ni adentro ni afuera, esto no sirve”.

Política exterior y autonomía 

La necesidad de sostener vínculos internacionales aparece también en su mirada sobre la relación con Brasil y las tensiones entre Estados Unidos y China. Stolbizer reivindica una política exterior que preserve la autonomía argentina.

En ese punto observa la experiencia brasileña. “Brasil tiene una capacidad y una fortaleza propia que lo convierte casi en una potencia en condiciones de mantener su independencia, por lo menos, y la autonomía respecto de los dos ejes”.

La política exterior debe contemplar además las oportunidades comerciales. “Tenemos que saber que las relaciones internacionales tienen que ver con las oportunidades de comercio que los países no pueden dejar de visualizar, reivindicando por sobre todas las cosas nuestra soberanía y nuestra independencia”.

Su posición es crítica tanto de Estados Unidos como de China y de sus “estrategias hegemónicas sobre el resto del planeta”.

Consultada sobre la reivindicación de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas realizada por Javier Milei, Stolbizer considera que existe una utilización política de un sentimiento profundamente arraigado en la sociedad argentina.

“Me parece que tiene mucho de parodia y de oportunismo. Creo que el episodio emocional que fue la bandera desplegada por los jugadores de la Selección en el Mundial terminó siendo aprovechado, y después apareció un discurso de Trump que también hay que ubicar en el marco de esta disputa internacional”.

Para Stolbizer, Milei se montó sobre esa situación. “Hay un oportunismo en estirar y tomar este tema como parte de una estrategia electoral. La reivindicación de Malvinas está en nuestra Constitución, por lo tanto no hay ninguna duda sobre eso. Pero me parece que hay una utilización oportunista del tema”.

La interna política de Morón 

Finalmente arribamos al territorio local. Allí la dirigente, nacida y residente en Morón desde hace sus orígenes, analiza con preocupación la disputa interna que enfrenta al intendente Lucas Ghi con el exintendente Martín Sabbatella.

“Es una interna muy fuerte, muy feroz, que tiene obviamente que ver con una disputa de poder clarísima y casi personal entre el intendente y el exintendente”.

A su criterio, el conflicto local constituye además un reflejo de una disputa política de mayor alcance. “Creo que hay una réplica de una interna que viene de más arriba y que, por lo tanto, todavía nos queda mucho por ver en esta pelea”.

Lo que más le preocupa es el impacto sobre la gestión municipal. “Acá afecta muchísimo la gestión. Hace mucho tiempo que la gestión de Morón es muy mala y, entre otras cosas, es muy mala porque tiene puesta toda su dedicación en la cuestión interna”.

La reciente decisión de avanzar con la interpelación al intendente constituye, para Stolbizer, una nueva expresión de esa disputa.

Al mismo tiempo, advierte que la profundización de la interna puede terminar favoreciendo a La Libertad Avanza. “La otra preocupación que tengo es que la pelea de estos dos muchachitos termine dando pie a la posibilidad de que gane La Libertad Avanza, a la que en todos los casos veo como un riesgo para Morón”.

Sin embargo, vuelve a aparecer la misma pregunta: ¿qué oposición?

“La oposición es bastante diversa y dispersa. Entonces, ¿cuál es la que va a sacar ventaja? Necesariamente, tanto la interna del partido como esa cuestión vienen de mucho más arriba. Va a depender también de cómo sea la elección y cómo se desarrolle arriba, de si se separa la elección provincial de la nacional. Todavía tenemos mucho para ver”.

Stolbizer considera que aún es temprano para anticipar el escenario electoral definitivo. Pero deja una advertencia que excede la disputa partidaria: “Sería saludable y deseable que algún día se aprenda que las internas no pueden arrojar por la ventana la vida de la sociedad”.

Y profundiza: “No se puede jugar con la vida de las personas, con la gestión pública ni con el manejo de los recursos públicos, que son de la gente, en función de las internas y las peleas de poder”.

De acuerdo a Margarita, mientras degustamos un café en un ámbito apacible de Castelar, allí reside uno de los mayores problemas de la política argentina. “No hay nunca la discusión de un modelo político. Todos son discusiones de poder, de privilegios. Creo que eso es lo más reprochable”.

“Nunca bajar los brazos” 

La entrevista concluye en el Día del Maestro, con una reflexión dirigida especialmente a los jóvenes. Frente a una generación que observa el presente con frustración y siente que no existe una salida posible, Stolbizer insiste: nada es definitivo.

“Lo primero es nunca bajar los brazos. Primero porque aun las realidades más crudas nunca son definitivas. Siempre hay tiempo para el cambio. Lo más importante es sentirnos protagonistas de esos cambios. No dejar en manos de otros esos cambios también. Siempre es posible. Es una responsabilidad”.

Y agrega una reflexión sobre la necesidad de conservar las convicciones a lo largo de la vida: “Los jóvenes no deberían abdicar de sus convicciones cuando llegan a adultos. En gran medida, creo que los males que tenemos y que nos pasan son porque aquellas personas que defienden, como todos los jóvenes, los ideales de las causas más justas durante la juventud terminan traicionando sus propios ideales cuando llegan a adultos”.

Por eso reivindica la persistencia de las causas colectivas y de un proyecto de país inclusivo. “No hay que abandonar esa idea de lucha en favor de causas justas. Cuando hablamos de causas justas siempre estamos hablando de un proyecto colectivo, de un proyecto de país, de un proyecto inclusivo”.

La última mirada vuelve a depositarse en la educación y el conocimiento como herramientas para construir futuro. “La educación es clave. Transmitirles a los jóvenes esa perspectiva de futuro, no solo individual sino como sociedad, depende hoy de nuestro acceso al conocimiento”.

Frente a un mundo atravesado por transformaciones tecnológicas aceleradas, Stolbizer propone no desperdiciar esas herramientas: “Hoy tenemos muchas herramientas. La tecnología brinda muchas herramientas. Entonces no desperdiciemos esas oportunidades y sintamos que podemos ser protagonistas en construir un mundo, una sociedad y un tiempo mejor”.

Escuchá la entrevista completa a la Dra. Margarita Stolbizer ingresando a nuestro canal de Youtube:

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