Venimos reeditando aquella odiosa película en la cual el relato choca contra la banquina de la realidad
Hay una línea finísima y tragicómica entre la épica del mercado y el vía crucis de la billetera. Mientras en los despachos oficiales se celebran brotes verdes que solo existen en la imaginación afiebrada de los trolls y los spreadsheets del ajuste, la economía real se comporta como un Titanic que eligió un iceberg a medida.
El termómetro financiero no miente, por más que intenten romperlo a martillazos: el riesgo país trepó a 628 puntos, tras rozar los 642, su peor marca desde diciembre de 2025 acumulando doce ruedas consecutivas en rojo furioso, hermanado con un Merval que se desploma y acciones argentinas en Wall Street que caen hasta un 8,3%. Pero claro, tranquilos: el equilibrio fiscal está a salvo, aunque no quede un solo argentino en pie para aplaudirlo.
La carnicería cotidiana
Porque el verdadero derrumbe no cotiza en la Bolsa de Nueva York, sino en la fiambrería del barrio y en la cola de la salita de primeros auxilios. El consumo de los hogares volvió a derrumbarse un 1,1% interanual en agosto, dejando en claro que comer, pasear o subirse a un colectivo se han transformado en lujos de la alta burguesía. ¿Recreación y cultura? Una caída del 8,2%. ¿Transporte? Un 11,4% menos. La motosierra pasó tan cerca de los huesos que ya no corta grasa, amputa extremidades.
En paralelo, casi 735 mil personas se bajaron (o las bajaron) de las prepagas y obras sociales entre 2023 y este cuatrimestre. Con el empleo en negro floreciendo como yuyo en baldío, los hospitales públicos, como bien advierte IDESA, están colapsados, sobrecargados y recibiendo una marea humana que ya no puede pagar ni una aspirina. La salud dejó de ser un derecho para convertirse en una lotería de supervivencia.
El bono de la crueldad y el divorcio social
¿Y los jubilados? Bien, gracias. El Gobierno decidió congelar por enésima vez en 70 mil pesos el bono para la mínima. Con una jubilación que apenas roza los 435 mil pesos (y que con el limosnero bono llega a unos insuficientes 505 mil), ese refuerzo permanece estancado desde marzo de 2024, desafiando las leyes de la física, de la matemática y de la decencia humana. Comer o comprar remedios: el dilema diario que imponen los apóstoles del equilibrio a los sectores que ya dieron todo.
No extraña entonces que la confianza en el Gobierno se haya derrumbado un 5,9% en septiembre, tocando el piso histórico de la gestión de Milei según la Universidad Torcuato Di Tella (1,94 puntos sobre 5). El dato más revelador, y lapidario, es que lo que más se desploma es la percepción de que esta administración actúa pensando en el interés de la mayoría.
Ajustan los bolsillos, destruyen el tejido social y vacían la salud pública con la frialdad de un contador sociópata, mientras repiten slogans vacíos esperando que la fe reemplace al plato de comida. Pero la realidad, tarde o temprano, se cobra los intereses. Y los intereses de este modelo se pagan con hambre, dolor y un naufragio anunciado.
