Arturo Umberto Illia se destacó por su coherencia, su claridad de ideas, su humildad, su honestidad y honradez, siendo ejemplo de esto el hecho de que vivió casi toda su vida en su humilde casa de Cruz del Eje, donde se dedicaba a la medicina, y que nunca utilizó su influencia a su favor, a punto tal de tener que vender su auto estando en el ejercicio del mando, y de negarse a utilizar fondos públicos para financiar sus tratamientos médicos. Luego de su gobierno, mantuvo una activa militancia política, rechazó la jubilación que le correspondía como expresidente y volvió a su pueblo para seguir dedicándose a la medicina.

El día 7 de julio de 1963 Illia resultó el candidato más votado para la elección presidencial, alcanzando un 25% del total.

Asumió el 12 de octubre de 1963, siendo vicepresidente el Dr. Carlos Humberto Perette.

Arturo Illia fue mucho más que un político honesto, pues los números y los logros de su gobierno son contundentes, siendo recordado como uno de los mejores gobiernos de nuestra historia.

Durante su gestión como presidente se anularon los contratos petroleros firmados con compañías extranjeras, se impulsó la explotación del petróleo y los recursos estratégicos por parte del Estado, se fomentó la industria nacional, se destinó el 23% del presupuesto nacional a la educación (la mayor cifra en la historia del país), el PBI y el Producto Externo Industrial crecieron (el último a un vertiginoso 19% en 1964), bajó la desocupación, se disminuyó la deuda externa, se llevó adelante un plan de alfabetización y se sancionaron las leyes de Salario Mínimo, Vital y Móvil y la llamada Ley de Medicamentos. Se trataba de un gobierno con un proyecto y horizonte de país muy distinto al actual.

Illia renunció a su jubilación de Presidente y se retiró completamente de la función política, aunque continuó realizando escasas apariciones públicas. Regresó a Cruz del Eje, donde retomó el ejercicio de la medicina, y en sus últimos años de vida atendió una panadería.

Falleció en aquella localidad el 18 de enero de 1983, poco antes del retorno de la democracia.

Sus restos descansan en el Panteón a los caídos en la Revolución de 1890 (conocido popularmente como Panteón Radical), del Cementerio de la Recoleta.

En el mausoleo, además de Illia, descansan Leandro N. Alem, Hipólito Yrigoyen y Elpidio González. Se lo recuerda por su honestidad, pero ante todo era un estadista que podía anticiparse a su época. El devenir del tiempo sólo hace engrandecer aún más su figura.

Hoy más que nunca, recordamos su ejemplo y su legado.

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