La primera, Nacionalizar, alude al hecho de lo esencial, lo importante, lo más útil a las necesidades de las mayorías, que estén en manos nacionales. Sean empresarios, colectivos (por ejemplo, cooperativas o mutuales), el mismo Estado sea dueño y administre los bienes que proveen a la población. Una empresa nacional de alimentos sirve para regular por precio de referencia ese mercado, por dar un caso. Si hay un país hostil a nuestros intereses, o pone por encima de nuestro bienestar su ganancia: ¿por qué sus ciudadanos habrían de gestionar recursos en nuestro territorio?

La segunda, Estatizar, es superior en beneficio social, ya que implica que el Estado mismo es el patrón de servicios claves para el bienestar común.

Que los puertos sean privados es un regalo para todo tipo de negociados, evasiones, descontrol, trata de personas, contrabando y narcotráfico, algo que cualquier adolescente puede comprender.

Que las energéticas sean de pocos o extranjeras, invita a la desinversión, el desinterés, la fuga de ganancias, la explotación salvaje de la necesidad colectiva, privilegios y abandono de quienes no pueden pagar. Algo que quienes vivimos en los 90 ya sabemos, aunque algunos (recibiendo las comisiones adecuadas) defiendan.

Hace falta coraje político para hacerse cargo de recuperar lo que se regaló a pocos. Habrá que enfrentarse a batallones de abogados y no pocos jueces aplicando el derecho de los que lo tienen todo (incluso diputados y senadores a sueldo). Eso sin contar a los francotiradores de empresas dizque periodísticas, muy ejercitados en generar niebla y confusión.

Para la tercera, Expropiar, es más fácil explicarla, ya que quienes viven cerca de una autopista o una obra muy grande de beneficio común la conocen de primera mano. Consiste en hacer público lo que antes era privado. Por ejemplo, un gobierno toma deuda y la convierte en algo de todos. No, bueno no es lo mismo, pero a sus efectos prácticos…

En realidad es que una necesidad social requiere que algunos resignen su titularidad particular para realizar con ese bien un beneficio social mayor y más perdurable. ¿Qué pasaría si campos malhabidos (apropiados al Estado desde que somos colonia, robados a los pueblos originarios en el sur, ocupados ilegalmente y regularizados por manos amigas de municipios, etc.) se pusieran en manos del Inta para producir alimentos con mano de obra entrenada de las organizaciones sociales, grupos scouts, estudiantes de agronomía, trabajadores de viveros, cada uno llevándose una parte de lo producido?

Digo, a la hora de pensar, pensemos en qué es mejor: ¿la especulación inmobiliaria de esperar que suba el precio del m² por el de los campos más rentables de la zona núcleo, o ponerlos al servicio de la necesidad popular?

La ultima, Confiscar, es la más delicada, sin embargo en la historia sirvió de arma política usual contra perdedores de guerras y otros conflictos. Qué pasó con las propiedades de Rosas o Perón, por buscar dos casos. Pues se los quitan por malos y rebeldes a criterio de los ganadores sin derecho a apelación ni recupero.

¿Es muy loco pensar que parte de la deuda externa irresponsablemente asumida sea pagada por quienes la contrajeron? Si se sabe que el patrimonio de notorios ministros están en el extranjero, ¿por qué no tomar a cuenta de lo que evaden, sus posesiones en el territorio patrio? ¿Qué dice de una sociedad que un privado se quede con un negocio público, lo destruya, o no pague lo que corresponde por su uso… y no pase nada?

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