Época anómala, en que los medios y sus fake news o falsas noticias han penetrado tanto nuestras mentes, induciéndonos a creer que no existe lo que nos perjudica. Nos convencieron de la baja de la inflación, pero la paradoja es que se sigue ampliando la pérdida de nuestro poder adquisitivo, ¡algo que debería de ser imposible!

¿Cómo puede suceder esto?  Se puede desarrollar un simple ejercicio que lo demuestra. En la segunda semana de 2023, el dólar blue cotizaba $ 1.120, y 1 litro de nafta premium valía $ 316, por lo que podías comprar 3,5 litros.

El 11 de febrero pasado, con el dólar blue cotizando $ 1.425, el precio de un litro de nafta premium era de $ 1.960 por lo que alcanzaba para menos de un litro (727 cm3, menos de 3/4 de litro). Pero este ejercicio no solo con la nafta se puede hacer. Se puede desarrollar también con la leche, la carne o con cualquier producto de consumo de la canasta de gastos personales.

Las herramientas mediáticas de control social nos convencen. El palabrerío que utilizan nos convence de una cosa, pero los propios números nos van a mostrar la realidad. No es difícil de comprobar, aunque también nos permite verificar el grado de dominio al que nos someten. La sensación que se produce es que estos “no planes” son algo novedoso, cuando en realidad es la cuarta ocasión en que intentan imponerlo em Argentina. Y es lo que habrá que frenar y desarmar para renacer como pueblo nación.  Si alguna vez pudimos, ¿por qué no intentarlo de nuevo?

Gracias a las redes, confundiendo su utilidad, hemos ido dañando seriamente nuestra conexión emocional. ¿No está siendo tiempo, aunque sin dejarlas de lado, de volver a conocernos y a comunicarnos cara a cara?  ¿No es el momento de desacelerar la velocidad de nuestra red neuronal y comenzar a repensarnos como sociedad? ¿O también nos vamos a convencer de que “esto” tendrá un buen final? ¿Nunca vimos el final de esta película? Tampoco creamos que en estas líneas va a aparecer la solución a nuestros problemas. Quizá surja un intento de comenzar algo.

Sabemos, y es de público conocimiento, que no solo acá, sino por todo el mundo, la democracia liberal occidental está en crisis.  En todas partes engendró una dirigencia temerosa y servil al capital financiero.

Nos desgastan y apuntan al decir que la política no sirve, que es una porquería… que la corrupción… y que bla, bla.  Es cierto que la política contiene falencias, pero cuando algo falla, ¿se tiene que tirar a la basura, o se reparan las fallas?  Se habla siempre de los corruptos, y hay ocasiones en que hasta se inventan los mismos.  Pero, ¿cuántas veces se pone el foco en quién corrompe? ¿Por qué sucede de este modo?

¿Y si nos planteamos con fundamentos el pensar un sistema superador a la democracia liberal? Una democracia social para que se gobierne defendiendo los intereses del Pueblo, mientras se va construyendo una comunidad organizada. Además, que sostenga que la economía en general y la propiedad en particular tengan una función social.

Alguien podrá argumentar que esto sería complicado de desarrollar.  La mejor respuesta sería una pregunta: ¿alguien cree, que al terminar el mandato de quien se ha autodefinido como el “presidente más sionista del mundo”, la reparación será sencilla?

El planeta entero atraviesa cambios geopolíticos profundos y acelerados, transita turbiezas de todo tipo. Los países responden como pueden, fortaleciendo sus capacidades y defendiendo sus recursos. Este mundo no pide menos Estado: pide protección, planificación, capacidad productiva, industria, generación de trabajo, naciones más fuertes.

En Argentina, en el mundo del revés, existe un plan económico que está destruyendo el país, pero no solo es dañino, además es absolutamente anacrónico, inoportuno y a contramano del contexto internacional.

Sabemos que nada va a ser sencillo, pero no habrá otra chance para intentar mejorar. No existen otras posibilidades, más que unirnos, porque tenemos un gobierno que desprecia y funde lo nuestro para favorecer lo de afuera.

Se debe avanzar en lograr un “ámbito de coincidencia nacional”, y este deberá ser el elemento central de una construcción política. Siempre, teniendo en cuenta de que hoy estamos con bastantes dificultades, ya que los sectores antipopulares son muy amplios. Quizá como nunca antes.

Convencieron a muchos con que la raíz de todos los males es el Estado. Los convencieron, pero lo que quedó en evidencia es que la mano invisible del mercado no va a defender nuestra producción nacional en el medio de estas guerras comerciales internacionales. Tampoco va a construir los miles de kilómetros de autopistas y vías de tren que requiere nuestro país para desarrollarse, ni va a generar puestos de trabajo mientras las transformaciones tecnológicas los amenazan. Sin Estado no hay más libertad; lo que si hay es la ley de la selva, y hay abuso. 

Será necesaria una amplia convocatoria para construir un frente que defienda lo nacional, lo argentino. No vamos a encontrar en estas líneas, un plan, ni un boceto, simplemente las resultantes de un sueño nacional.  Solo un par de opiniones sueltas que quizá sirvan para que alguien las tome o las deseche, pero que con estas o con otras, vaya germinando la idea de un frente nacional antes de que sea demasiado tarde.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *