El diputado nacional Máximo Kirchner volvió a marcar diferencias dentro del peronismo al cuestionar la idea de construir un “frente anti-Milei” como eje electoral. En declaraciones al diario La Capital desde Santa Fe, sostuvo que reducir la estrategia política a derrotar al actual presidente implica “un reduccionismo enorme” y planteó que la prioridad debe ser generar propuestas y capacidad de gestión. “No me interesa destruirlo; me interesa que en la elección juntemos más votos y, cuando seamos gobierno, estemos a la altura de las circunstancias”, afirmó.

En ese marco, el dirigente ubicó en el centro del debate la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner. Consideró que su detención y proscripción deben ordenar la discusión política de cara a 2027, y cuestionó los planteos sobre su liderazgo. “Pareciera que, como no puede ir a elecciones, no puede ser la conducción. Cristina es la primera candidata porque no hay quién le gane en una interna”, señaló. A su vez, advirtió que, de no revertirse esa situación, será necesario encontrar una figura que exprese esos intereses y genere confianza en el electorado.

Mientras tanto, el tablero peronista suma movimientos que reflejan fragmentación y búsqueda de alternativas. El gobernador cordobés Martín Llaryora mantuvo un encuentro con el pastor y comunicador Dante Gebel, quien impulsa su propio espacio con aspiraciones presidenciales hacia 2027. Con la mira en la reelección, Llaryora explora alianzas por fuera del alineamiento tradicional con el PJ nacional o con el gobierno libertario, en una estrategia que evidencia la dispersión interna.

Sobre este escenario, reflexiona Néstor Miguel Gorojovsky, mordaz y punzante como siempre:

“A Máximo no le interesa destruir a Milei (…) En un sentido similar se pronunció la diputada provincial bonaerense e intendenta quilmeña en uso de licencia, Mayra Mendoza, quien consideró que ‘a Cristina hay que indultarla porque todavía sigue secuestrada’. Señaló que corresponde la ‘revisión de la causa’, pero advirtió que ‘no hay justicia en este país’. Sin embargo, el kirchnerismo no pudo ‘armar el quilombo’ que prometía si ‘tocan a Cristina’, ni resolver la caída sostenida del PBI per cápita desde 2011, ni superar con Massa la capacidad de gestión económica de Martín Guzmán. Tampoco se ve con claridad cómo propone romper la proscripción de CFK sin desplazar al establishment del poder, o al menos a su actual ejecutor. Estas situaciones no son nuevas en nuestra historia: en Pavón, a Urquiza no le interesó destruir a Mitre; en 1922, a Yrigoyen no le interesó destruir a Alvear; en 1932, a Alvear no le interesó destruir a Justo; en 1952 y 1973, al mismísimo general Perón no le interesó destruir a la fracción gorila de las Fuerzas Armadas; en 1983, a Alfonsín no le interesó destruir a Alsogaray; en 1989, a Menem no le interesó desmantelar las leyes estructurales del Proceso; y en la Década Ganada tampoco les interesó a Néstor ni a Cristina Fernández de Kirchner. Todos esos ‘desintereses’ nos trajeron hasta Milei, responsable confeso de la inicua prisión de Cristina. Para hacer una tortilla hay que romper los huevos, Máximo y Mayra: probemos apoyar a Axel, sacar a Milei del camino y, entonces sí, ‘estar a la altura de las circunstancias’ y lograr que gobierne ‘según las atribuciones inherentes al cargo’, como dijo Lincoln antes de la Guerra Civil”.

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