La desocupación es el resultado inevitable de una sequía provocada, una recesión en la que hay cada vez sueldos y jubilaciones más chicas, incapaces de activar el consumo. Por lo tanto, el cierre por falta de mercado de pymes y talleres. El motor del mercado interno está parado y un estado que paraliza obras, compra cada vez menos. La inversión se retrae, las capas medias venden sus dólares para pagar cuentas… Un escenario de catástrofe social que aún algunos califican de “compleja”.

Por otro, seguir en la calle, cuando el frente político está confuso, entre gritones aspirantes a duces criollos, el aislamiento mediático y desfinanciamiento del gobierno de la provincia de Bs As, el ninguneo de las experiencias de La Rioja y Formosa, la fábrica de niebla sobre el caso Loan, el linchamiento mediático de Alberto, el despegue de propios y ajenos sobre los resultados (cada vez más claros) en Venezuela… Nos tapan de basura para no hablar sobre el sufrimiento creciente de una población en proceso de desnutrición y resentimiento acumulado.

Los fracasos del gobierno, previsibles y anunciados desde octubre de 2023, caen en una población bombardeada y shockeada por el saqueo súbito de sus posibilidades materiales de existencia.

Unir la bronca y darle sentido

Identificar a los responsables de la ofensiva contra el pueblo trabajador es una de las tareas necesarias más actuales. Cuando la efervescencia sube, las castas propietarias y sus medios de enajenación mental crean figuras para el sacrificio, marcan enemigos falsos para el blanco de la ira, identifican algún sector que se lleve la marca.

En la Europa occidental o la Norteamérica empobrecida por sus propios dueños, son los inmigrantes. Acá hay algunos imitadores de Micky Vainilla dispuestos a echarle la culpa a un boliviano, antes que reconocer la responsabilidad de sus patrocinantes en la sociedad rural, la bolsa de comercio o la unión industrial del coloniaje.

Ya no hay «planeros», y el propio gobierno desfinanció las ollas populares. Hasta el viejo capomafia calabrés era más pillo, y otrora engordó las filas de los movimientos sociales, algo rechazado por los laburantes hipnotizados por publicistas a la carta. Pero hay kirchneristas, y es fácil machacar sobre lo que vienen «ensuciando» desde 2008. El año en que quisimos cobrarles un poquito de lo que se fugaban, para que la comida se mantenga barata… eso no se perdona, y seguimos facturando el odio de clase que nos ganamos.

No les importa ganar menos, pero nunca soportarán que vivan un poco mejor los pobres.

Unir por abajo. Clarificar lo confuso por arriba. Discutir el programa y la agenda para cambiar lo que dejarán hecho pedazos los de siempre. Seleccionar nuestros equipos para llevarlo adelante, con la historia de coherencia y libre de carpetazos. Medir y evaluar cómo hicieron otros gobiernos compañeros, qué políticas sirvieron y en qué contextos. Hacer el balance de qué de lo que quedó abierto en 2015 y cuánto daño hicieron los que se hicieron cargo desde entonces.

Hay mucho trabajo por hacer. La resistencia es la escuela donde se prueban lxs nuevxs compañerxs para la acción y la construcción.

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