Una reflexión sobre las disputas de liderazgo y sus consecuencias en el movimiento nacional argentino.
El concepto de «trampa de Tucidides» sobre las transiciones hegemónicas se puso de moda en el momento más adecuado para servirnos a entender un rasgo particular del actual momento del movimiento nacional: desorientado desde 2015, enfrenta por primera vez una necesaria transición hegemónica en su seno en la que una «potencia en ascenso» (superadora) reemplace a una «potencia en descenso (nostálgica).
La «particularidad argentina» en la lucha de liberación nacional es dramática: cuando el movimiento nacional enfrenta la necesidad imperiosa de un cambio en su liderazgo se da una «Trampa de Tucidides» entre el liderazgo viejo que se niega a perder su lugar y el nuevo que mejor lo sucedería y hasta superaría.
Veamos la línea de tiempo desde 1853:
a) Justo José de Urquiza traicionó a la Confederación Argentina en Pavón y le dejó el país servido al genocida Bartolomé Mitre,
b) En el tramo final de su ciclo político Julio Argentino Roca, que aplastó al mitrismo a tiro limpio en 1880, cedió mansamente el poder a Manuel Quintana, el más neto de los mitristas de su tiempo
c) Hipólito Yrigoyen ordenó «rodear a Marcelo» Torcuato de Alvear tras su derrocamiento y dos años después Alvear traicionó a los radicales consecuentes
d) Perón no dejó otro heredero que «el pueblo’ (es decir, nadie)
e) Desde 2015 Cristina pretende destruir todo liderazgo alternativo al suyo (aún cuando ese liderazgo nuevo pueda superar la crisis actual del país y del movimiento) en un peronismo cada vez más fragmentado y olvidado de que en su origen está la soberanía nacional más que una justicia social, que sin la primera de reduce a beneficencia -y exige agradecimiento y sumisión- pero no es garantía de ninguna independencia económica.
Ese es el problema hoy, y la causa política de todos nuestros males.
En las fotos: cinco momentos de ascenso del movimiento nacional: 19 y 20 de diciembre de 2001 (abrió el camino presidencial de Néstor Kirchner), 17 de octubre de 1945 (abrió el camino presidencial de Juan Perón), asunción presidencial de Hipólito Yrigoyen, revolución de 1880 (caída del mitrismo, cierre de la «cuestión capital» e inicio de la construcción del Estado argentino), Caseros (interna entre federales del interior y federales bonaerenses que abrió el camino hacia la organización constitucional federal del país).
Como vimos antes, todos estos momentos, salvo aún el kirchnerista, terminaron cediendo ante la contrarrevolución. Estamos hoy ante el momento clave de la vida política de Cristina Fernández de Kirchner: o rompe la «Trampa de Tucidides», o condena al país a convertirse en un protectorado yanqui.

