Lo que desde un principio era un secreto a voces, con apenas un año de gestión recién cumplido, ya es una realidad burdamente comprobada. Del diputrucho en los 90, a la Banelco de inicios de siglo XXI, Pontaquarto, el Chacho y ahora, el impresentable Kueider como una punta de iceberg que desencadena una novelita de enredos y zancadillas a granel. Tal al borde del grotesco como verlos pelearse por la moral republicana que jamás poseyeron, ni les importó un rábano desarrollar.
Ello sirve para ocultar mediáticamente las desventuras del señor Ritondo y su esposa, Romina Diago, con denuncias por enriquecimiento ilícito surgidas del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística. También este sainete es muy conveniente para que no se hable de Juan Paso, socio del “Toto” Caputo en una empresa de chips para trazabilidad para el ganado, y desde ahí sin escalas intermedias, a llegar a estar al frente del organismo que reemplazó a la AFIP.
Pero dejemos todo eso para otra oportunidad, que ciertamente no faltarán. O eso espero.
Esta semana asistimos al discurso presidencial para autocelebrarse su primer año de mandato. Las formas muchas veces constituyen al contenido, y toda la parafernalia del sentir libertario estuvo allí presente.
Merece ser repasado, y para eso me apoyaré una vez más, en diversos analistas que son del mayor de mis respetos, encabezados por Eduardo Aliverti y seguidos por numerosos comunicadores que no gustan del chupamedismo acrítico y multi-pauta ni del alcahuetismo consuetudinario.
A la derecha del Presidente, como siempre y en todo aspecto, su hermana. A la izquierda, también de rostro pétreo el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y por detrás todos los ministros. No se les movió un músculo a lo largo del tiempo durante el cual Milei exhibió su fallida lucha en pos de una lectura que pueda reflejar un atisbo de emoción que semeje rasgos humanos, capaz de generarle levantar la vista del papel para mirar a la cámara, y apenas mostrar un poco de sensibilidad. Ni siquiera pudo hacerlo cuando la oración que leía imponía agradecer el esfuerzo de los argentinos. Es curioso que un producto de época como lo es Milei, no se entregue a un mínimo curso o coucheo en el arte de contar conceptos en lugar de imponerlos a gritos, insultos y destemplanzas varias. ¿O será que lo disruptivo es carecer de todo temor al ridículo, precisamente porque esto pasó a convertirse en un valor positivo en nuestra sociedad?
Se trata de una planilla robótica: Lee y ejecuta como tal. Apuntar estas cuestiones, consideramos que sirve para tomar nota de que tal vez no haya otra manera de contar el gozo por la crueldad que asoma por demás evidente en esas huestes. Lo que hay, es lo que muestra. Y parecería que con eso le alcanza para irle mejor que lo que todo el mundillo analista le vaticinaba hace un año.
Milei se olvidó de la dolarización y de la “bomba” que habría de ponerle al Banco Central. También borró su chip que indicaba que los chinos eran unos comunistas criminales con quienes ni siquiera estaba dispuesto a sentarse por razones de protocolo. Por lo demás, anclado en la baja inflacionaria oficial, en el superávit fiscal inventado mientras rige el show de bonos, sigue el look imperturbable de proclamas al aire. Insiste en la fábula de grupos mundiales top, preparados para poner plata en el milagro del anarco-capitalismo argento.
Uno de sus esbirros predilectos, Federico Sturzenegger, tuvo que salir un día después a bajar decibeles al discurso presidencial, y aclarar que no debía tomársela tan en serio a la promesa gubernamental de la eliminación masiva de impuestos.
Se atreve a insistir en su lucha contra la “casta”, justo en la semana en que el tránsfuga Kueider fue echado del Senado, mientras la bancada oficialista apenas quería suspenderlo.
Pero seamos claros: Para animarse a todos esos dislates es porque debe haber un piso muy robusto de aceptación social, sea porque aún algunos abrigan esperanzas, o porque se mantiene sólida la teoría de que toda la “culpa” corresponde al gobierno anterior. Entonces una vez más, lo que debemos profundizar es en el diagnóstico acerca de qué tipo de sociedad somos. Cuál es el espíritu de época prevaleciente. Cuáles son las cosas que la gente no banca más. Por ejemplo, que toda propuesta que se dice alternativa pase nada más que por apelar a la memoria. Eso la mayoría de la sociedad no lo digiere más. Y si no gusta el concepto, simplemente se están dando cada vez más fuerte la cabeza contra un muro, encerrados en sus sacrosantas verdades y supuestas místicas ganadoras.
El oficialismo inventa, saquea y desafía propositivamente hacia adelante. No importa que Milei en verdad proponga retornar a fines del siglo XIX o comienzos del XX. Es mucho más atrás que una Argentina pre-peronista. Es previa a los derechos civiles del yrigoyenismo. Es la oligarquía agropecuaria puesta ahora en términos de una economía exclusivamente de servicios sin mínimos rasgos productivistas, bajo el delirio de “jamoncito” (así lo dijo) de liderar a los unicornios universales. El tremendo problema es que lo que emerge de quien exhibe y ya no puede ocultar sus alucinaciones, por más asqueante que resulte a propósito de las amplias mayorías que quedan afuera del “modelo”, tiene el beneficio de ofrecer una oferta de futuro, sea una zanahoria, una patología o como podamos clasificarla.
Lo que ofrece el gobierno es un No Retroceder. Y lo han sabido vender con una gran eficacia, cosa que nadie previó. A no hacerse los otarios ahora con el diario del lunes.
¿Cómo es posible que rebajen la edad para portar armas legalmente y en simultáneo pretendan llevar imputabilidad delictiva casi a la preadolescencia? ¿Cómo puede ser que algo así haya salido de las entrañas de nosotros en tanto sociedad?
Digamos todo una vez más, en este constante grito en el desierto: Si lo que pretende enfrentar a este cuadro de época es una dirigencia atascada en las reminiscencias por un pasado mejor, siendo que hay inocultables mayorías que ya no quieren interiorizarse, reflexionar ni recordar nada del pasado, se agrava el presente de quienes quieren confrontar a estos expertos en decir cualquier cosa.
Esa oposición que se retroalimenta casi exclusivamente de nostalgias y panteones que a pocos interesa hoy día, si aún existe la lógica en política, deberían dejarse de pavear con personalismos. En todos los órdenes, nacional, provincial y municipal, debiera haber faros, no internas que desangran lo no mucho que queda firme enfrente al oficialismo.
Cada quien sabrá si en verdad está a la altura de lo que la hora actual les demanda. O si están jugando a otra cosa, amparados en las viejas pilchas que ya no lucen como otrora.


Otro zurdo que sigue sangrando por la herida… vaya, vaya nomás Chavez, vaya derechito a la tierra de su pariente venezolano… o a Cuba si es que puede… o mejor aún… vaya a vivir a Corea del Norte. Disfrute de su panteón rojo… pero lejitos de acá jejejeje