Tal como lo informara el pasado domingo por la noche el importante medio zonal Primer Plano On Line, la tragedia se hizo presente, una vez más, en el terruño local. Más específicamente en el corazón del barrio Aduana de Morón sur, cuando la emblemática panadería «Freire» se tiñó de luto como consecuencia del asesinato de uno de los comerciantes del citado local, durante un episodio delictivo consistente en una entradera a su hogar.

Laburantes, un rubro como todos sabemos, de fuerte sacrificio a distintas horas de la madrugada y resto del día. Un emprendimiento familiar que garantiza además, puestos de trabajo dignos. Y todo concluye del peor modo: Un asesinato a manos de delincuentes que jamás tendrán el menor argumento para justificar su accionar criminal. Y a los cuales la justicia deberá tratar en consecuencia, reforzando al máximo todo el rigor posible dentro del peso de la ley.

Y mientras tanto… los vecinos profundizan su lógico temor, la sensación de que ni siquiera están seguros encerrados en sus hogares. Y por más esfuerzos o anuncios que las gestiones gubernamentales de ocasión realicen en tal linea de acción, la praxis parece volver a demostrar que la realidad más concreta y cotidiana pasa de costado y el sentimiento de orfandad de la comunidad sigue su lento, invisible pero sostenido avance… en una realidad bien concreta y tangible de la cual los genios de las roscas y las internas y las zancadillas políticas están absolutamente alejados.

Soy cliente de esta familia harto laburante, de estos panaderos que ofrecen sus productos de calidad, por cierto, a excelentes precios. Siempre con una sonrisa y un intercambio amable de palabras. Siempre con la nítida vocación de trabajar y ver conformes a los clientes del barrio. Ahora, de luto, seamos claros de una vez… por culpa de algún hijo de puta dispuesto a terminar con la vida ajena por un miserable puñado de pesos.

Así van las cosas. Ayer, complemento este cuadro de situación, habiendo sido testigo presencial de un episodio de entradera -con boquete incluido- a la propiedad de un pariente muy cercano, y en simultáneo desvalijaron la casa de una vecina suya en un distrito lindante a Morón… y la lista de casos por el estilo es poco menos que interminable.

¿Saben adónde se pueden meter los egos y las chicanitas y los codazos para los armados de lista, verdad? Un pensador español dijo alguna vez, que «en ciertas circunstancias, callar es mentir». Y acá no estamos dispuestos a mentir o licuar el más genuino dolor de nuestra gente.

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