Hoy día, tal como me señalara en off un importante dirigente del ámbito local, las organizaciones políticas en general se encuentran sumamente devaluadas y socialmente desacreditadas. Incluso padecen el rechazo y escepticismo de parte de numerosos otrora incansables militantes, a quienes se les agotó el entusiasmo con el paso del tiempo, las numerosas circunstancias y los desencuentros entre los sueños prometidos, y el páramo de la realidad sectorial cosechada.

En tal contexto, resulta una picardía que la máxima organización erigida como representante política de los trabajadores, se vea empujada a dirimir sólo muy parcialmente una lucha interna de sectores que, si bien confluyen con el PJ en el mismo frente electoral provincial, pertenecen orgánicamente a distintos estamentos partidarios y, según se aprecia y testimonian no pocos de sus actores, parecieran estar logrando trasladar sus pulseadas cuasi personales hasta el borde mismo del abismo político.

Días atrás conversé en un tradicional bodegón de Castelar con un pequeño grupo de afiliados partidarios, quienes se encuentran alejados de la actividad militante a causa de no sentirse representados, o contenidos, por ninguno de los bloques actualmente en pugna de cara a la elección interna venidera en el mencionado municipio.

Enfatizaron a Huellas lo que consideran una contradicción “inadmisible”, la cual consiste en que unos esgriman críticas a la abierta actitud del sabbatellismo de mostrarse, si no al frente, codo a codo con los integrantes de una lista, mientras por el otro lado ceden la oratoria principal en su mitin de presentación de lista al intendente Ghi. Con el factor en común que ni uno ni el otro, al menos que se sepa, poseen afiliación al partido político que se apresta a dirimir sus diferencias por la vía del voto.

Por supuesto, mientras todo ello acontece frente a los ojos de propios y extraños, la oposición local descansa sobre la erosión permanente, ya de público conocimiento,  que genera esta interna en la actual composición de Fuerza Patria desde hace más tiempo del que oficialmente se reconoce. Y así como se acabaron las reglas del juego a escala internacional, pareciera que por estas latitudes la cosa, en su adecuada proporción, transita por similares rumbos.

Sería sano y socialmente deseable que cada estructura orgánica pueda reorganizarse, ya sea a través de elecciones o de fórmulas consensuadas, pero sin que los “paisanos” enrolados en otras banderías metan sus narices dentro de plato ajeno.

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