Retomamos esta sección donde prima el vuelo literario y aquellas memorias íntimas que resisten al olvido.
Creo en los robots que al final nunca existieron. Creo en la bandera diciendo «Lulal libre» colgando de un edificio en Río de Janeiro. Creo en la valentía de mi hermano Esteban.
Creo en una lagartija que vi en la puerta de tu casa en Morón sur en el 1996. Creo en el 1996 pese a todo. Creo en un velador que sigue encendido y en la cuenta que nadie va a pagar. Creo en la curva de la autopista en la cancha de Vélez a toda velocidad.
Creo que el tiempo que todo lo cura no cura nada.
Creo en un rosarino genial que pintaba cuadros geniales en Barcelona.
Creo en mi tío Bily desaparecido en 1978, creo en mi prima Natalia nacida en 1978. Creo en el año 1978 pese a todo.
Creo en un Peugeot azul. En un Renault 6 blanco. Creo en Joey Ramone. Creo en Boris Doval. Creo en la sonrisa de Boris Doval. Creo en la desesperación de Boris Doval.
Creo en el loco que me pedía cigarrillos por los pasillos del Borda hace muchos años. Creo en los amarres que me hiciste y en tu tanguita en mi refrigerador.
Creo en el pasillo donde vivían los correntinos en la calle Lhoner. Creo en un transa manco que vendía la peor cocaína del año 2000. Creo en las tetas de la rubia Carolina. Creo en el taxista que me llevó de noche a la favela de Tánger.
Creo en el pánico.
Creo en el arito que le compré a un berebere cerca del desierto marroquí.
No creo en el pánico.
Creo en el miedo pero al miedo no le creo nada.
Creo en la foto que voy a sacar ahora.

